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Miguel Lacalle: enfermero, dirigente de UPCN y radical

Miguel Lacalle es un enfermero jubilado que sigue siendo dirigente de UPCN. Con un alto sentido del deber y muy franco, no elude las definiciones polémicas.

De muy joven, el cipoleño Miguel Lacalle entendió la vida como deber y responsabilidad. Huérfano de padre, a los 13 años empezó a trabajar y hasta los 24 le entregó el sueldo que ganaba a su madre. Jubilado como enfermero, sigue siendo dirigente de UPCN y afiliado radical. Mantiene firme sus convicciones y su franqueza no elude la polémica.

Por algo más de diez años, también participó en la conducción del Club Cipolletti, pero se fue por diferencias con algunos dirigentes que le parecieron insalvables. La postura que asumió, la sostiene hasta hoy y no ha vuelto a pisar las instalaciones de la entidad. Así de categórico.

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En la actualidad, a sus 71 años de vida, se mantiene activo como lo ha estado siempre. Es integrante de la Mesa Asesora de UPCN local y su figura siempre delgada sigue recorriendo los pasillos y las oficinas de la sede gremial de Alem 950.

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Miguel Lacalle, enfermero jubilado, continúa activo en la conducción local de UPCN.

Miguel Lacalle, enfermero jubilado, continúa activo en la conducción local de UPCN.

Se trata de un inmueble muy amplio, con comodidades adecuadas para la atención de los afiliados, distintas oficinas, despachos para los dirigentes, cocina y una sala de reuniones con espacio suficiente para que deliberen unas cuantas personas, en un entorno confortable justo, sin lujos y bien iluminado, o bien sombreado, a decisión, para las horas del sol.

El edificio, en realidad, una casona que perteneció a una destacada y conocida familia cipoleña, posee un pequeño patio y un espacioso garaje. A Miguel se le nota, no tanto el orgullo, más bien el gusto y el placer de contar con una sede de características tan satisfactorias para su organización. Además, el lugar es propiedad de UPCN, que en Cipolletti tiene así casa propia.

Vista desde el exterior, la casona, que en su interior resulta casi laberíntica por su replicante sucesión de puertas y habitaciones, parece una instalación más convencional y chica. Un engañoso espejismo urbano.

Afiliado a UPCN desde 1975

Miguel se desplaza por el interior, que tan bien conoce, como un gremialista experimentado en una paritaria abierta, sin techo y sin imposiciones condicionantes. Afiliado a UPCN desde 1975, se desempeñó en sus primeros tiempos como delegado de base y como colaborador de la organización. En 2002, pasó a integrar la Mesa Directiva.

Pero la historia del cipoleño Miguel Lacalle arrancó en Neuquén, donde nació el 13 de marzo de 1954. Sin embargo, cuatro años después, en 1959, su familia se trasladó a Cipolletti, de donde no se fue más. Venido a tan corta edad -no había cumplido aún los cinco años- el hoy septuagenario considera que a la vecina capital no lo une "nada" y afirma sentirse cien por ciento cipoleño.

La familia se radicó en el viejo barrio Barreneche, a la altura de 25 de Mayo al 900, en un sector urbano que con el tiempo pasaría a formar parte del barrio Almirante Brown. Su padre, Ángel, tenía un taller de gomería en calle Fernández Oro, al lado del bar propiedad de la familia Marinozzi y de la armería de la familia Fromer, locales ya desaparecidos pero enclavados en la historia local.

A trabajar siendo aún adolescente

Tristemente, don Ángel murió teniendo apenas 47 años de vida y la madre de Miguel, doña Justina Pérez, tuvo que hacer frente al difícil desafío que le planteaba el destino. Miguel tenía solo 12 años en el momento de la tragedia y poco después, ya cumplidos los 13, tuvo que salir a trabajar. Consiguió empleo en un aserradero de la firma McDonald y luego en la empresa Toschi. A los 19, todavía muy joven, empezó su actividad en el sector salud, en el que se desempeñó durante 47 años.

"Yo vine a disponer de mi sueldo recién a los 24 años. Desde que comencé a trabajar a los 13 años, mis ingresos se los daba a mi mamá", rememora ahora. La vida le exigía responsabilidad, le marcaba el camino y él cumplía con sus deberes de hijo con la convicción profunda de que así tenía que ser.

De su padre recuerda que, cuando murió, un médico le dijo que el deceso había sido por una cirrosis hepática. Pero a Miguel, ese diagnóstico le quedó rondando por la cabeza y nunca pudo convencerlo del todo. "A mi papá nunca lo vi en estado de ebriedad", asegura y refiere que su progenitor no pasaba de "irse a tomar un vermú después del trabajo al bar Americano", el de Marinozzi. "Puede ser que haya sido una cirrosis hepática, pero, después, leyendo y buscando, pienso que fue un cáncer de vía digestiva", enfatiza.

Controles periódicos para la salud

Además, supo de un hecho clave, que pudo comprobar: en la familia de su padre la mayoría de sus parientes habían fallecido de cáncer. Conocedor de tales antecedentes familiares, hoy trata de cuidarse lo mejor que puede y, por eso, se controla en forma periódica, al menos, una vez al año. Al presente, se mantiene en condiciones. La única operación que le han tenido que practicar se la hicieron en 2020 y fue de próstata.

Trata de mantenerse lo mejor posible, sin ayuda de fármacos. "No tomo ni aspirinas", destaca y revela, por otro lado, que "soy abstemio total. Ni vino, ni sidra, ni cerveza, ni Cinzano, ni Gancia, ni nada. No tomo nada que tenga alcohol". No obstante, fuma. Hasta el presente, no puede abandonar el cigarrillo, ni avizora hacerlo. "Algún vicio hay que tener", matiza.

En un repaso final de los ya lejanos tiempos de su niñez y adolescencia, Miguel evoca que en el ex barrio Barreneche había un amplio terreno, una cancha, donde después se construyeron la Escuela 258 y el Colegio Norma N°5. En aquellos años, "todo era canales de riego sobre las calles. La propia avenida Alem tenía un desagüe en el medio".

Infancia en una ciudad totalmente diferente

"Cipolletti era totalmente diferente" a como es hoy y en la cuadra donde vivía con su familia su infancia transcurrió bien "compartida" con sus amigos. "Compartíamos mucho fútbol, la pelota, la bolita y las figuritas. No había tiempo para otra cosa. A algunos amigos los sigo viendo hoy todavía, muchos otros ya no están".

Forjado tempranamente en las exigencias del deber y la responsabilidad, el cipoleño, que había ingresado en diciembre de 1973, en el sector de la salud, muy pronto, en 1975, se afilió al gremio UPCN. Eran tiempos complejos, políticamente agitados. Su carnet de afiliados lleva el número 3737. Para el gremialismo, para la política, para la sociedad, se estaba por venir lo peor, con el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976.

Su inicio en el sector, coincidió con la época de impulso e implementación del plan de salud del gobernador peronista Mario Franco, que ejerció su cargo entre 1973 y 1976. El plan resaltó por su innovación, sus grandes y variadas mejoras, el protagonismo y la participación del personal de salud y de la comunidad, y el acento puesto en la prevención y la atención primaria, entre otros aspectos que siguen siendo celebrados en el presente.

En forma despiadada, la dictadura militar, de cuya toma del poder se cumplen este 2026 el 50° aniversario, persiguió y encarceló a Franco y desarticuló sus diversas iniciativas democráticas.

Sincero, franco, sin miedo a polémicas

Miguel, hombre de deber y responsabilidad, procura mostrar esta forma de ser en los recuerdos de su vida y en las acciones ciudadanas, laborales, gremiales y políticas que han conformado su vida. Se aprecia que siempre trata de ser fiel a lo que piensa y siente, aunque lo que diga pueda generar polémica o le generen críticas. Es su verdad.

Con casi 67 años viviendo en Cipolletti y 38 de tales años residiendo en Ferri, su visión del crecimiento urbano cuestiona la falta de cumplimiento de planificaciones y del papel de la política.

"Nos hablaban del desarrollo urbano de Cipolletti y nos decían que para el otro lado de la Ruta 22 era inundable y hoy está lleno de casas. Decían que la única posibilidad era crecer para el norte y ¿qué paso?", reflexiona y lanza su propia respuesta. No pasó nada de lo que se hablaba.

"Yo vivo en Ferri y hoy en la calle San Luis prácticamente no hay más espacio para más casas. Está lleno de viviendas, de emprendimientos urbanísticos" y también hay asentamientos ya convertidos en barrios populares. Pero también, en este caso, se habló alguna vez de cuidar para la producción las tierras de los alrededores y, sobre todo, las más próximas al río Neuquén. Pero todo ha quedado en palabras.

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El dirigente Miguel Lacalle no oculta la satisfacción que siente por las instalaciones propias de la delegación local de UPCN.

El dirigente Miguel Lacalle no oculta la satisfacción que siente por las instalaciones propias de la delegación local de UPCN.

Al menos parte de la causa de lo que está ocurriendo, se debe a "los movimientos políticos, que presionan mucho y que juegan con la necesidad de la gente", sostiene.

Por eso, y "aunque no me gusta hablar de las tomas", puntualiza que "hubo algunas en las que se le ofreció a la gente ser trasladada al Distrito Vecinal Noreste y no lo quisieron porque estaba muy lejos".

No es una salida laboral

Sobre su oficio de enfermero, Miguel Lacalle no pierde el tiempo en referir su óptica personal en varios pasajes de su conversación con el cronista. En una definición cortita, es categórico: "Si no querés la profesión, y la buscás como salida laboral, es un trabajo más, nada más. Pero eso no sirve. No sirve. Para las personas, para la gente, no sirve. Solo sirve, para el que lo hace, para tener unos pesos. Una salida laboral".

En su opinión, para el que fue su trabajo y para el funcionamiento en general de la salud pública, el mejor momento histórico fueron los años de aplicación del plan de salud provincial del gobernador Franco, fallecido en 2013. Desde la primera mitad de la década del '70 hasta ahora "no ha habido nada igual".

Pero en todo ese tiempo han cambiado las formas de pensar y practicar el oficio.

La empatía del enfermero

Miguel sostiene permanentemente, como una condición indispensable, en que debe haber "empatía en la profesión". Porque "cuando vos ves a una persona internada que puede ser tu papá, tu hermano, tu hijo o un familiar tuyo, te cambia la vida".

Además, no sentirse unido intensamente a todo lo que implica la salud como servicio y voluntad de servir, puede muy contraproducente. "Cuando se pierde el sentido de pertenencia" al sistema de salud y sus instituciones de atención y asistencia a la comunidad, "se pierde todo. Hoy lo veo en el hospital, no existe el sentido de pertenencia, porque, si hay algo, da lo mismo que se lo roben, que se rompa, que se pierda. No...vamos y pedimos más".

"A mí, en mi época, si se me perdía una sábana hasta que no apareciera o rota o sucia o la sábana en sí, no iba a pedir otra para que me la repongan. A ver, eso era de esa época. Si el enfermero pierde un espacio, no lo recupera nunca más".

Lidiar con la vida y la muerte

La enfermería "es una profesión donde vos lidiás con la vida y la muerte. Vos viste, la enfermera es la que tiene que cambiar si el paciente se hizo deposiciones en la cama, darle de comer, darle el desayuno, darle el almuerzo, si no tiene familiares".

Y tiene que hacerlo todo con una actitud de comprensión y siempre con empatía. Aun cuando ni siquiera se lo tenga presente al enfermero o enfermera. Como si no existiera.

"A veces aparece un paciente que salió de la terapia y tiene que recibir el cuidado de enfermería. Paciente normal, viene de una cirugía, ¿a quién le agradece el paciente después cuando se va, o los familiares? Le agradece al doctor que lo operó, que lo atendió. A la enfermera, ni buenas tardes".

Esto podría cambiar un poco, en algunas situaciones específicas, si el personal de enfermería estuviera siempre bien identificado. Sin embargo, no suele ocurrir. "Uno cosecha sus frutos cuando llega a un servicio y dice 'buenas tardes' y lo miran y ni la hora le dan. Pero, ¿por qué el personal no se identifica dentro de la institución, si a nosotros nos pagan la indumentaria?", se pregunta.

Usar la indumentaria correcta debería ser lo habitual y constante. "Porque el personal que anda con su indumentaria es para que la persona que viene de afuera y que va a hacer una pregunta sepa si es alguien de mantenimiento, es de administración" o es un enfermero, resalta, con énfasis e intensidad.

No debería ser obstáculo

En la actualidad y desde hace un tiempo, el Hospital local y los demás nosocomios de la Río Negro vienen enfrentando distintas carencias de insumos y medicamentos. En la evaluación de Miguel, esta circunstancia no debería ser nunca un obstáculo para una buena atención.

"Para que vos seas una buena persona, ¿necesitas andar con la billetera llena de plata? Para que vos brindes una buena atención, ¿es necesario tener insumos en el hospital? El insumo lo necesita para atender el paciente que viene a la guardia o el que está internado. La buena respuesta se da en lo humano. O sea, en el trato humano con la persona. Y eso es lo que nos falta", prosigue con su exposición.

"Porque el que viene al hospital a buscar una respuesta es porque está enfermo. No es porque está sano, está aburrido o viene al hospital a pasear", remata su argumentación.

Nunca bien pagos, salvo con Olavego

La enfermería ha sido una profesión "gratificante" para Miguel. "Cuando vos hacés algo que querés lo hacés porque te gusta. Y así se tiene una forma de llevar adelante la profesión, pues nosotros nunca estuvimos bien pago en el sistema, jamás". La única gran mejora salarial que recuerda fue en la segunda mitad de los '70, por gestión del doctor Ariel Olavegogeascoechea, a quien simplemente llamaban Olavego. Fue en los primeros años de la dictadura militar.

"Había mucha migración de personal que se iba a las clínicas privadas" por la gran diferencia que había en el pago de las guardias. El doctor Olavego "entendió" la situación y consiguió el incremento, además de que se pagara al personal hospitalario el último día del mes trabajado. Pese a la oscuridad y lo siniestro de la época, el aumento fue más que considerable: "pasamos de cobrar 4.000 pesos a 11.000 en 1978".

De la presente situación de la salud, el enfermero jubilado y dirigente activo de UPCN afirma que uno de los problemas de las autoridades provinciales se relaciona con que se adquieren aparatos sofisticados, pero no se cuenta con el personal para manejarlos. "Si no tenés quién lo maneje, ¿para qué lo querés? Es como que te compres un auto 0 kilómetros y no tengas plata para echarle nafta".

"No se tiene personal para manejarlo y, entonces, no hay una política clara de salud. Ninguna. En otro tiempo, la hubo", pone de relieve, sin ambages.

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A los 71 años, Miguel Lacalle sigue siendo dirigente sindical. Es una de sus pasiones. Además, es afiliado radical e hincha de Boca Juniors.

A los 71 años, Miguel Lacalle sigue siendo dirigente sindical. Es una de sus pasiones. Además, es afiliado radical e hincha de Boca Juniors.

De las características y labor de UPCN, el cipoleño es tajante en su defensa y en la valoración de su accionar y sus principios de trabajo. Acude a su memoria y se remonta a la década de los '90. "A partir de abril de 1995, la provincia se prendió fuego hasta diciembre. ¿Quién fue el único que se sentó a trabajar con el gobierno para paliar esta situación? UPCN".

"Entonces, toda la manga de políticos que van apareciendo después tienen que agradecerle que esta provincia no estuvo intervenida. Y fue por el sacrificio de UPCN, que llegó a que no se tocara un solo trabajador contratado. Hoy, hay dirigentes de ATE y los podemos llamar y les pregunto quién los defendió, y si no los defendió Miguel Lacalle para que no los dejaran sin trabajo porque eran contratados y la orden que había dado el gobierno era dejarlos sin trabajo a todos. Y UPCN no permitió que se tocara un solo trabajador".

Esa vez "se llegó a negociar que nos bajaran el sueldo al personal de planta para no dejar sin trabajo a nadie. Entonces, muchos de esos políticos que hoy están en la actualidad, que siguen prendidos, aunque estén afuera, se ríen de esa época. Porque la gente no tiene memoria". Pero, "se luchó mucho para tener lo que hoy se tiene".

¿Y cómo debe ser entendido el sindicalismo? La respuesta de Miguel es la siguiente: "Como una herramienta que tiene el trabajador para defender sus derechos laborales".

Explicación del gremialismo

Al mismo tiempo, en su concepción, también "interesa solucionar problemas institucionales". Y esto porque es conciente de que "a mí la institución me da de comer. El gremio me defiende mi salario, pero el que me da trabajo es la institución. Entonces, ¿a quién tengo que cuidar yo? A la institución, para que siga produciendo. Ahí está la diferencia en el sentido del gremialismo".

"Sí, los gremios son una herramienta que le sirve al trabajador para defender sus derechos contra la patronal. Pero, a veces, la gente se confunde. Y creen que tienen un gremio que lo va a defender contra algo que no tiene razón. Porque la mayoría de los trabajadores se leen todos los derechos, no se leen las obligaciones".

En consecuencia, "los gremios tienen que no solamente velar por los derechos, sino también por los cumplimientos. Y vos, como dirigente, tenés que enseñar al trabajador a cuidar la fuente laboral".

En el radicalismo desde 1983

Lacalle se afilió al radicalismo en 1983, con el advenimiento de la democracia tras las persecuciones y desmanejos de la dictadura que arrancó con el golpe de Estado de 1976.

Un gremialista que sea dirigente y no sea peronista no es tan frecuente de hallar. "Yo me afilié en el año 1983 por Raúl Alfonsín. Sí, los gremios están generalmente identificados con el peronismo. Pero, a ver, yo tenía como líder nacional a Alfonsín y, luego, en la provincia, mi líder fue Pablo Verano. Para mí, ambos fueron caudillos". O, como quiso aclarar enseguida, "Alfonsín fue líder y Verani fue caudillo".

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El ex presidente Raúl Alfonsín, referente histórico del radicalismo. Por el poder de su figura política, el cipoleño Miguel Lacalle se afilió en 1983 a la UCR rionegrina. En la provincia, Lacalle tuvo como gran caudillo al ex gobernador Pablo Verani, ya fallecido, como Alfonsín.

El ex presidente Raúl Alfonsín, referente histórico del radicalismo. Por el poder de su figura política, el cipoleño Miguel Lacalle se afilió en 1983 a la UCR rionegrina. En la provincia, Lacalle tuvo como gran caudillo al ex gobernador Pablo Verani, ya fallecido, como Alfonsín.

Después del último gobierno del radical Miguel Saiz, asumió brevemente el poder rionegrino el peronista Carlos Soria. "Gana la provincia con tres votos" porque, hasta entonces, la provincia era poderosamente radical. Así que decir por ese triunfo que Río Negro "es como decir que Cipolletti es peronista. Pero Cipolletti no es peronista".

Pertenecer no anula discrepar

Siendo "afiliado al Partido Radical, no milito en ninguna línea política. Y mis mayores enfrentamiento lo he tenido con mi propio partido" y fue con legisladores del nucleamiento partidario.

"Me siento radical y voy a seguir siendo radical", sin ser de aquellos, por ejemplo, que están "comiendo de la política ahora y mañana se van a ir".

Realista, reconoce que "las conducciones de los gremios generalmente son peronistas, pero nuestro gremio, UPCN, es muy muy pluralista. No nos identifican por la bandera política que vos militás".

En tiempos recientes, la alianza de la UCR provincial con el oficialista Juntos Somos Río Negro, que se conformó como Juntos Defendemos Río Negro, "no me molesta".

Sin embargo, no deja de cuestionar que en esa amalgama, en la que confluyeron también, y lo subraya, "radicales y peronistas", se desarrollen circunstancias de un modo que no le gusta. "Yo siempre consideré que esos son carroñeros políticos, que están viendo dónde puedes morder algo. Y con el Pro es igual".

Solamente radical

En cambio, "yo soy radical, no soy peronista, no soy del ARI, ni soy del PI, ni del PO, no. No me van a convencer. A ver, en este sentido, nosotros tenemos líderes políticos, pero así estamos a nivel Nación".

"No puede ser que hoy seas libertario, mañana seas del frente de la...El Partido Justicialista no existe más en la República Argentina. No existe más. Salió el Frente para la Victoria, después salió el kirchnerismo, los estos, los otros. El radicalismo se dividió después de la muerte de Alfonsín, no hubo más conducción. Apareció Fernando de la Rúa y los mismos radicales no lo acompañaron", sostiene.

En la provincia, después de la muerte de Verani y de Saiz "no hubo un hombre fuerte dentro del radicalismo que pudiera seguir la conducción. Se perdió por la avaricia de aparecer, cuatro cuatro o cinco personajes dividieron el partido". Que luego se ha vuelto a unir, pero sin la trascendencia buscada.

Club Cipolletti: estuvo y no volvió más

Sobre su labor en el Club Cipolletti, señala que fue en el período comprendido entre 1975 y 1986 y que por "una diferencia con unos dirigentes me fui y no volví nunca más. Ni escuché los partidos por la radio ni fui a la cancha". Una decisión severa, que sigue manteniendo hasta la actualidad.

Da algunos detalles de la ya lejana disputa, menciona algunos nombres de personas que la motivaron o algo tuvieron que ver y lo que queda claro es que para él, para Lacalle, fue una cuestión de principios y que no aceptaba que le tiraran encima el peso de la jerarquía institucional para acallarlo e imponerle un criterio de verdad que no compartía. Y se fue, total y absolutamente. Como si hubiera sido lastimado en lo más profundo de su ser.

Cipoleño por recordar y conocer

Llega el momento de dar una visión de lo que para Miguel es ser cipoleño. Y para él, ser cipoleño "ciento por ciento", pese a haber nacido en Neuquén, es remitirse a su historia personal. "Yo soy de la época cuando en la calle Mengelle se construyó el Correo y había un desagüe enfrente del Correo. De la época de la feria comunitaria que estaba donde está hoy el Parque Rosauer. Y después, el Municipio hizo el mercado modelo monumental para que todos esos productores que iban a la feria" tuvieran un espacio más apropiado donde vender sus productos.

El mercado modelo funcionó en la esquina de 9 de Julio e Italia, donde se encuentra hoy la firma Blancoamor. El mercado estuvo allí un tiempo, después decayó y, al final, las instalaciones permanecieron después mucho tiempo abandonadas. "Es como todas las cosas. Lo soltaste, lo dejaste solo y que Dios te ayude".

A su modo de ver, para definirse como cipoleño, además de valorar la historia personal de cada uno, hay que buscar fuentes de información y leer. Conocer. A propósito, reseña unas palabras que le expresó a la secretaria de Hacienda de la comuna, Isabel Tipping. Como dirigente de UPCN, Miguel en ocasiones también representa a su gremio en las discusiones por salarios y condiciones de trabajo en el Municipio.

La ciudad no termina en la Alem

"Yo le decía a la señora Tipping en la otra vuelta. Hay muchos de los que están en la conducción, que son concejales, que no tienen ni la más remota idea de lo que es Cipolletti. Conocen hasta la avenida Alem nada más. ¡Pero vos tenés que salir! Tenemos un Municipio usurero. Usurero. Tenemos unos concejales que piensan para quedar bien con el intendente actual y después salen a la gente a buscarla para que los apoye". Lo de usurero lo explica por el hecho de que, en su caso, paga en las tasas por algún servicio que no le brindan.

"A mí, el Municipio me obligó hasta a hacer la rampa para discapacitados de la vereda de mi casa", cuestiona y critica al plantel de funcionarios de la comuna. "Tiene cargos que solamente Dios sabe cómo responden, porque son funcionales al sistema. Yo no digo que no trabajes con tu gente de confianza, ya que es tu gestión, pero cuando son funcionales al sistema no es así. Yo no he escuchado ningún debate del que se diga: 'mira, los concejales se agarraron de los pelos por un aumento de tasas'. No, naturalmente, no."

Sus expresiones políticas y gremiales se fundamentan en que él considera que Cipolletti tiene, entre sus características, la negativa de carecer de "políticos más conocedores de la realidad, más identificados con la realidad".

Seriedad, humor, hormiga negra

Apegado al deber, a la responsabilidad, a sostener opiniones muchas veces categóricas y hasta polémicas, no se puede pasar por alto que Miguel Lacalle evoca con risa que alguna vez le decían "hormiga negra". Su seriedad lo caracteriza, pero humor no le falta. Y risas y sonrisas matizan, pincelan, el peso de su franqueza.

Además, apasionado hincha de Boca Juniors, enfatiza, con ánimo entusiasta, que "como todo hincha", lo que espera en este 2026 "es que podamos tener la séptima Copa Libertadores de América".

Casado dos veces y "sin aumentar un kilo" en ambas nupcias, sigue siendo el flaco morocho que frecuenta la sede de UPCN o recorre los pasillos del Hospital o el Municipio. Tiene cinco hijos, siete nietos y un biznieto. Tuvo una hermana, Mirta Jara, fallecida hace cinco años.

Miguel, un cipoleño apasionado, crítico y hasta frontal en sus dichos, se despide, se va a la calle, camina con su paso firme, eléctrico, enciende un cigarrillo y se pierde en la realidad. En su mundo. El de todos, la urbe.

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