Cierra el histórico kiosko Tutti Kuanti: el local que fue punto de encuentro de generaciones
El local ubicado en Irigoyen y Villegas cerrará sus puertas a partir de febrero. Las anécdotas que incluyen un allanamiento policial, el pago de una compra con una dentadura y las filas de adolescentes tras la salida del boliche.
El kiosco Tutti Kuanti anunció el cierre de sus puertas a partir del 1 de febrero, lo que marca el fin de un comercio que sirvió de punto de encuentro para la comunidad de Cipolletti, que fue pionero de la apertura 24 horas y hacedor de anécdotas que ponen en manifiesto la generosidad y calidez humana de la familia Longstaff.
El kiosco comenzó en un local pequeño ubicado en Irigoyen 717 del centro cipoleño. La familia inició el proyecto en 1990 a partir de la venta de una molería y fue el comienzo de una etapa que se extendió por más de 35 años. Ricardo, conocido como “el tío” comenzó a atender el kiosco junto a su esposa Elsa, seguidamente se unirían sus hijos Walter y Gastón, que crecieron entre golosinas y el contacto con la gente. En simultáneo, Elsa inició el negocio de Todo x 2 pesos, un negocio popular que ofrecía objetos, regalos y adornos todos a un mismo precio.
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La apertura del Todo x $2
Walter Longstaff en declaraciones a LM Cipolletti explicó: “Estuvimos en el local chiquito unos 10 años, prácticamente hasta el 2001. Un año antes habíamos puesto el Tutti Kuanti de venta de todo por 2 pesos. Y el local se sostuvo un tiempo porque fue un boom de un año y medio, dos, después ya no ingresaba tanta mercadería. Luego se complicó el precio y ahí decidimos cerrarlo”.
La llegada de la crisis del 2001 se puso de manifiesto cuando Ricardo sufrió un asalto en su kiosco, la mañana de un domingo. “Estuvo complicado lo del asalto por la época. Nos ha tocado atrincherarnos para cuidar el negocio en el 2001. Poner todas las heladeras para protegernos, nos tiraron piedras, pasó de todo” explicó Walter.
Este hecho de inseguridad terminó de gestar la decisión de trasladar el local a Irigoyen 737, a un inmueble con más espacio, que pueda ofrecer mayor cantidad de golosinas, bebidas y objetos variados. “Apuntábamos a cubrir todas las necesidades de la gente en el kiosco”, indicó Walter.
El kiosco pionero en estar 24 horas abierto
En 1994, el nuevo local comenzó con una modalidad pionera en Cipolletti: abierto las 24 horas. El horario extendido de atención al público generó la llegada de adolescentes comprando después del boliche, taxistas en búsqueda de alguna golosina, el vecino que se antojó de algo dulce y cientos de anécdotas que desarrollaremos en esta nota.
La mudanza del local consolidó el cariño que habían sembrado durante los últimos diez años, con la fidelidad de los clientes que buscaban su nueva ubicación, las personas que volvían una y otra vez al lugar, y las visitas constantes de amigos y proveedores que se extendían por horas.
“Muchas charlas con amigos, gente que nos visitaba, proveedores que pasaban a tomar mate y se quedaban horas. La verdad que no nos podemos quejar, fue muy linda toda esta etapa. Gente que nos sigue desde siempre, la verdad agradecido”, expresó Walter con la nostalgia de quien deja atrás una etapa feliz de su vida.
La trayectoria del Tutti Kuanti se refleja en el crecimiento de quienes alguna vez fueron niños ilusionados a comprar sus golosinas. Walter relata que Rodrigo Buteler, actual intendente de la ciudad, asistía al kiosco cuando era pequeño. Lo mismo se repite con gobernadores, intendentes, concejales y demás personajes de Cipolletti.
El allanamiento por la venta de "azúcar"
La entrega al cliente era de tal magnitud, que cuando los taxistas le pidieron que les armen bolsas pequeñas de azúcar, la familia Longstaff comenzó a confeccionar en serie el pequeño recipiente con azúcar blanca. Los taxistas estaban agradecidos de poder tomar mate dulce de forma práctica y accesible.
“Parece que alguien vio el movimiento y dijo están vendiendo droga. Entonces nos vino un allanamiento con policías, un operativo tremendo, nosotros no entendíamos nada, imaginate con tanto despliegue. Entran al kiosco y lo primero que encuentran son las bolsas de azúcar” explica entre risas Gastón.
La generosidad de la familia Longstaff con las cuentas corrientes
La rutina de la familia se dividía entre brindar atención al público en las mañanas para abastecer a los clientes que realizaban trámites, las personas que pasaban por su desayuno y la apertura durante la noche para los jóvenes tras las salidas nocturnas y también los trabajadores de recolección de basura que solían tener cuenta corriente en el local.
“Los del camión de la basura, todos tenían cuenta. Entonces cuando cobraban y tenían que pagar, los que trabajaban de noche, hacían fila y llegaba hasta la esquina. Porque claro, era en efectivo”, indicó Elsa con el asombro intacto.
Una dentadura como forma de pago
La nocturnidad del servicio llevó a situaciones singulares donde los clientes no tenían dinero para pagar su compra y llevaban CD´s como forma de pago, un bien de cambio que Ricardo aceptaba sin problema. “Le llevaban CD y él le daba la compra o plata, o después volvían con la plata y los recuperaban. Si le habrá salvado la salida de los boliches. O le dejaban el documento, una vez nos dejaron una dentadura, el tío te salvaba. El tío salvaba a todos”, expresó Walter.
Finalmente, la situación económica complicó la recaudación del kiosco Tutti Kuanti por los aumentos en los costos fijos de servicios de luz, gas, agua, el alquiler, impuestos y sostener la accesibilidad de los precios. “Desde que nos mudamos acá, si bien se ha trabajado, pero ya la rentabilidad no es la misma, en realidad esto es un arrastre que viene después de la pandemia”, indicó Walter.
Otra razón apunta a la diversificación de otros rubros que ofrecen golosinas, bebidas y elementos similares a los que se venden en los kioscos. “Se debería acomodar el tema de las licencias, porque hoy vas a una farmacia y podés comprar un chocolate”, agregó Longstaff.
Además, la digitalización de los trámites afectó negativamente las ventas del Tutti Kuanti, ya que en tiempos anteriores las personas se movilizaban al centro para pagar los impuestos, realizar gestiones bancarias y eso garantizaba las ventas minoristas que conformaban el grueso de la recaudación diaria. “El aumento de los costos fijos que son altos, pagar el alquiler, los servicios, entonces la rentabilidad baja y todo sube, llega un momento donde te vas a terminar fundiendo”, explicó con pesar Walter.
El aumento de los costos fijos, la crisis económica y la búsqueda de nuevos rumbos para la familia Longstaff derivó en la decisión de cerrar las puertas del histórico kiosco Tutti Kuanti a partir del 1 de febrero. “Estamos agradecidos a toda la gente, a todos los proveedores, toda la comunidad que nos acompañó porque sin ellos no hubiese sido posible aguantar tantos años. Tantos años, te gratifica por un lado y por otro te da un poco de nostalgia. Estamos felices de haber creado un punto de encuentro”, concluyó Longstaff.
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