En el Obrero cosechan sus propios alimentos

Verduras para el comedor. Tres vecinas cuidan las plantas del invernadero y la huerta.

La huerta comunitaria del Barrio Obrero se convirtió en un gran emprendimiento solidario que no solo ayuda a quienes trabajan allí. También ofrece alimentos frescos y libres de plaguicidas tóxicos al comedor del asentamiento. La producción está a cargo de tres mujeres que reciben la asistencia técnica de estudiantes de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCo. El predio cuenta con un invernadero, un sector de producción al aire libre y otro para compostaje.

Valeria Flores, de 40 años, vive con su familia en el barrio Anai Mapu y es la encargada de mantener las plantas. Todas las mañanas camina con su hija Sabrina hasta el comunitario del Obrero, donde está ubicada la huerta, para regar y resguardar los cultivos. “Entré a trabajar a través de un proyecto de la organización social La Dignidad, donde se proponía trabajar en distintos proyectos populares. Somos tres mujeres que nos encargamos de la producción de hortalizas, y se agrandó tanto que el espacio nos empezó a quedar chico”, expresó Valeria sobre el desarrollo de la huerta vecinal.

Te puede interesar...

Adentro, en el invernadero, plantaron las hortalizas más sensibles a los cambios de temperaturas que caracterizan a la región. Lograron cosechar acelgas, cebollitas de verdeo, tomates, lechugas, cilantro, ajíes y morrones. En el invernadero de 28 metros cuadrados consiguieron adelantar cosechas y también lo utilizan para cultivar plantines y trasplantar a campo.

Afuera, además de algunos cultivos, también hacen trabajos de compostaje con los desechos domiciliarios generados en el mismo comedor. A cielo abierto, las huerteras se animan a las verduras más grandes y fuertes, como el zapallo calabaza.

Huerteras B Obrero

“Todo lo que podemos cosechar es entregado a diferentes comedores comunitarios, principalmente a los que funcionan en Barrio Obrero y Anai Mapu. A veces también podemos llevar algo para comer en nuestras casas”, contó la encargada del lugar.

Cuando arrancaron la producción eran pocos los conocimientos que tenían para desarrollar huertas, pero aprendieron técnicas junto con los estudiantes de la UNCo que asistían a capacitar al barrio. Junto con su compañera, Claudia Zúñiga, incorporaron todos los conocimientos y lograron progresar y mantener el lugar de forma independiente.

“Todos los días aprendemos cosas nuevas. Hay que saber cuándo sembrar y cuándo cosechar, porque cada planta tiene tiempos diferentes. Asistimos todos los días: en invierno vamos de 14 a 17, y en verano hacemos el horario de 9 a 12. El proyecto está enmarcado en un plan para percibir un salario complementario, y para cobrar hay que cumplir el horario previsto”, relató.

Gran parte del trabajo en el lugar se hace a pulmón, y el grupo actualmente necesita una carretilla para transportar tierra y algunas palas para poder trabajar en simultáneo. Además, la idea es poder ampliar el espacio e incorporar en algún momento la producción de frutas.

Huerteras B Obrero

La mano de los estudiantes

Carla Basso estudia Ciencias Agrarias y junto con 15 compañeros participa de un proyecto de voluntariado con prácticas laborales. El objetivo era la capacitación a organizaciones populares en la fabricación de invernaderos y su mantenimiento. “Se trata de una forma de establecer lazos sociales entre la universidad y la comunidad. Llegamos al Barrio Obrero y generamos una relación que excedió el proyecto y continúa al día de hoy. Con los vecinos planificamos el invernadero y la huerta, y ahora ayudamos con la plaza, el único espacio verde del barrio”, comentó la joven.

Afirmó que trabajar con el asentamiento no fue casual, ya que el grupo celebra la posibilidad de poder transformar el territorio en un lugar para vivir con dignidad.

“El proyecto contaba con un presupuesto con el que compramos herramientas y materiales. Una vez finalizada la capacitación, los elementos quedaron allí para que los usen. Lo primero que hicimos fue dialogar con las referentes y proponer que se cumpla un horario de trabajo. Además, los alimentos generados debían ser suministrados al comedor barrial”, contó.

LEÉ MÁS

Victoria, amante de la madera y la decoración

BySara, el arte plasmado en mates

Un equipo de belleza a la medida del cliente

Exportan talento tecnológico al mundo

Una idea solidaria que abriga cuerpo y alma

El rey de los cactus

Único Vermouth, la bebida premium que es furor en todo el país

Los creadores de los chips de manzana le devuelven la vida al sabor del Valle

Nadia, la emprendedora cipoleña que revoluciona el mundo de la lencería

Fuente:

¿Qué te pareció esta noticia?

Noticias Relacionadas

Deja tu comentario