Una idea solidaria que abriga cuerpo y alma

En el Obrero tejen abrigos para el invierno. Un grupo de mujeres del asentamiento creó un ropero comunitario y, a partir de las donaciones, comenzaron a producir.

El Barrio Obrero se gestó como un asentamiento irregular hace más de 10 años ante la necesidad urgente de tierra y vivienda para la población cipoleña. Allí funcionan una gran cantidad de organizaciones con fines sociales, como el comedor comunitario, la huerta y hasta una guardería. Pero también hay un lugar que abriga a quienes más lo necesitan durante el crudo invierno patagónico: el ropero comunitario. Allí reciben todo tipo de prendas y las mujeres encargadas del espacio se ocupan del lavado y reciclado para fabricar mantas y acolchados. Luego, los productos son donados a diferentes asentamientos de la ciudad para poder sobrellevar las bajas temperaturas.

El salón funciona en un terreno del sector A del barrio, pegado a la casa de Sonia del Carmen Villarroel. La mujer, de 55 años, se encarga cada mañana de trabajar en el taller de costura y seleccionar la ropa excedente que luego será reciclada en acolchados, almohadones y mantas. También fabrican cortinas, repasadores y delantales.

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Sonia trabaja de la mano de otras cuatro mujeres, Virginia, Alejandra, Yanina y Micaela. Juntas levantaron la casilla con pallets y chapas y arrancaron con el taller.

“Empezamos el año pasado cuando comenzaron a surgir muchos casos de emergencia por las familias que necesitaban frazadas y acolchados para el invierno. La idea nació desde la organización de mujeres del barrio, y cinco de nosotras nos pusimos a la cabeza del proyecto”, recordó Sonia. Y agregó: “Este ropero es comunitario y recibe mucha cantidad de prendas. Teniendo en cuenta que sobraban muchas de ellas, iniciamos el emprendimiento para poder reciclar todo el excedente junto con la colaboración del Movimiento Popular La Dignidad. A través de la organización presentamos la iniciativa para poder cobrar un salario social complementario por nuestra labor”.

Sonia Ropero Comunitario

Hasta hace pocas semanas el trabajo en el taller era totalmente artesanal, a mano, utilizando únicamente tijeras, hilo y aguja. Pero hace unos días las costureras recibieron con alegría la primera máquina de coser que va a permitir trabajar de forma más rápida y eficaz, acelerando los procesos.

“Todas las chicas sabemos de costura y tomamos cursos para estudiar algunas técnicas. Somos vecinas de Barrio Obrero y dos del barrio Anai Mapu. Hasta el momento logramos hacer diez acolchados reciclados, con sus respectivos almohadones. Una vez terminada la producción realizamos las donaciones a familias necesitadas, sobre todo de los asentamientos. Ahora nos encontramos trabajando para llevar un pedido a un grupo de familias que viven en Santa Elena”, indicó Sonia.

Sonia Ropero Comunitario

Prohibido vender: todo se regala

Las emprendedoras populares además de realizar donaciones también presentan sus productos en ferias locales. La última a la que asistieron se realizó en la Escuela Primaria 366 y fue todo un éxito. Según indicó Sonia, esa tarde llevaron a la muestra mantas y almohadones, y se las regalaban al público. “No quedó nada”, afirmó la encargada del ropero. Además, indicó que nada de lo que se hace tiene por finalidad la venta, sino que se entrega a quien realmente lo necesita. “Ahora estamos probando implementar tejidos. Actualmente estamos tejiendo una manta con la técnica de crochet, y la idea es incorporar también trabajos en lana a futuro”, expresó.

En el taller la mayoría de los materiales se consiguen por donaciones de la comunidad. Las necesidades más comunes son retazos de telas, agujas e hijo, y también agujas de tejer y lanas.

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