Se tiraron "a la pileta" con los yogures naturales y la pegaron: "Queremos llegar a todo el país"
Vanesa y Gabriel se conocieron en natación y apostaron de nuevo al amor y por un emprendimiento que requirió renunciar a sus codiciados empleos. Se imponen en el Alto Valle y van por más.
Se conocieron en natación y, además de rehacer sus vidas juntos, se “tiraron a la pileta” con un emprendimiento propio por el que decidieron renunciar a sus calificados trabajos. Ella dejó su cargo de jefa de cocina en un importante restaurante de Villa Regina y él se desvinculó de una empresa reconocida en la que se desempeñaba como empleado administrativo.
Vanesa Luján -33 años- y Gabriel Giménez -38- arriesgaron y ganaron. Son los propietarios de la ascendente Terra Vitae, la marca de yogures caseros y 100% naturales que logró imponerse en el mercado local, ya desembarcó en 32 comercios -incluidos supermercados-, produce más 300 kilos por semana y aspira a expandirse al resto de la región y el país.
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“Creo que me conquistó con un yogurt -risas-. Es que el primer día que hablamos, en la pile del Círculo Italiano, ya sacó el tema... Me contó que los hacía y ahí, entre chapuzones, de un andén a otro, nació primero el amor y luego esta gran apuesta”, resume el muchacho sobre el inicio de la relación amorosa y del exitoso proyecto comercial.
“En verdad esto viene del 2019, lo empezó mi pareja que después con toda la pandemia decidió largar el trabajo y quedarse en la casa a elaborar los yogures de manera artesanal. Al principio le vendía a conocidos, a empresas o instituciones con mucha concentración de gente como la Ciudad Judicial. Y yo me sumé hace dos años, aunque del otro laburo me fui hace 8 meses”, cuenta mientras realiza la prueba de calidad y saborea sus deliciosos productos.
Tienen dos líneas de yogurt: el firme y el griego, que fue la última incorporación y “tuvo muy buena aceptación. Vienen también con mermeladas de primer nivel y en góndola cuestan alrededor de 4 mil pesos”.
¿La diferencia entre ambos? “La concentración, el griego pasa por proceso de filtrados, se le saca gran parte de la lactosa, del suero, es espeso casi como un queso casancrem, bastante concentrado en calcio, rico en proteínas. Una unidad de 250 gramos contiene 29 gramos de proteínas. Contamos con un gran surtido en nuestras presentaciones y trabajamos con tres mermeladas de primerísima marca, de frutilla, frutos del bosque y maracuyá”, explica el muchacho, que proviene de una familia tradicional de la ciudad (“mis abuelos fueron colonos de Regina”). La pionera de este verdadero boom avala sus dichos.
Una muestra cabal del crecimiento exponencial es que, con el tiempo, debieron mudarse pues la casa del Barrio Progreso se convirtió en una fábrica: “No esperábamos tanto éxito, siempre tenemos la premisa de seguir creciendo y ahora nos mudamos a la chacra porque nuestra casa en el Barrio Progreso, en el conurbano de Regina, la destinamos a producir más volumen. Fue un proceso, empezamos a averiguar, a armarnos de conocimientos. Así encaramos todo lo que es la reventa, conseguimos negocios que nos empezaron a acompañar y donde pueden comprarse los yogures. Vivimos con Lara (18 años), Agustín (14) y Genaro (7), que son fruto de nuestras relaciones anteriores”, señalan y no descartan buscarles otro hermanito si bien el emprendimiento que encabezan codo a codo en soledad les demanda tiempo y esfuerzo.
Pisan muy fuerte en la zona que abarca entre Chichinales y Villa Regina, pasando por Godoy e Ingeniero Huergo, donde los yogures se consiguen en supermercados céntricos, almacenes, dietéticas, gimnasios y kioscos. Pero saben que “estamos para más y vamos por el permiso para vender en Roca y Cipolletti y por la licencia nacional para revender a los supermercados del país”, exponen el próximo gran objetivo.
Los yogures que la rompen en la zona
Claro que para ello necesitan “financiación para rearmarnos de infraestructura y obtener los permisos y en eso estamos. No es fácil producir 300 kilos por semana del yogurt griego, rondando los 2500 litros por mes de leche procesada”, aportan el dato que refleja la magnitud que alcanzó la iniciativa.
El reparto de tarea es claro. Vanesa se dedica a la cocción y Gabriel a la parte administrativa y también al reparto. Los dos, eso sí, “estamos también en la parte productiva y a mí me toca catar, probar los yogures. Una parte del reparto para otras ciudades se hace en un transporte refrigerado, eso está tercerizado”.
Celebran el “presente soñado” aunque reconocen que las ganancias son relativas. “Una cosa es el éxito del producto que a veces no se refleja automáticamente en los ingresos, pero vamos por el buen camino”, destacan.
“Creo que lo más difícil es animarse, durante mucho tiempo me pasó de priorizar la estabilidad económica en relación de dependencia, gracias a la emprendedora de mi mujer que me incentivó, comprobé que se puede. Con pasión y dedicación, no hay posibilidades de errarle. Y en eso estamos, con ganas de crecer y de tener presencia en otras ciudades. Estamos 24/7 y cuando podemos vamos a despejarnos con otras actividades. Estamos 20 horas juntos pero somos compatibles, nos gusta cuidarnos la salud, el deporte y claro también los yogures”, finalizan con una sonrisa. Y un beso.
Vanesa y Gabriel eligieron creer. En el amor y los yogures naturales. Y no los para nadie...
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