Tienen 74 y 66, andan solas en sus Motorhome y no se privan de nada frente al mar de Las Conchillas
Amigas viajeras. Alicia, de Cipolletti y Clara, de Bariloche, pusieron ese punto de encuentro en un paraíso. La anécdota de cuándo se perdieron y un innegociable estilo de vida: “Mitad del año trabajamos, la otra viajamos”.
Alicia (74 años) recorrió poco más de 400 kilómetros en una Ducato adaptada a Motohome desde Cipolletti para llegar al soñado punto de encuentro. A Clara (66) le toco un trayecto un poco más largo ya que partió con su Kangoo de Bariloche y transitó 645 kilómetros. “Que se la banque sin chistar que es la más joven”, bromea su compañera de aventura en este verano 2026.
Decir que andan solas en sus respectivos vehículos sería subestimar la incondicional compañía de sus leales mascotas Tilo y Alaska. Pero sí es cierto que a estas rodanteras les sobra audacia para encarar la ruta sin ninguna otra persona con la que charlar para hacer más amena la experiencia o, fundamentalmente, que las ayude o asista ante cualquier emergencia.
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Se establecieron por estos días en Las Conchillas, el paraíso rionegrino, a pocos metros del parador Los Caracoles y cuentan que la pasan “bomba”: “Ahora justo vamos por una cervecita”, anticipan sonrientes mientas contemplan ese hermoso atardecer en medio del encantador paisaje natural.
Tienen una filosofía de vida clara: trabajar para vivir pero no vivir trabajando. Una, la cipoleña posee un comercio y la barilochense es psicóloga. “Hago doble terapia y gratis; el mar que te renueva y es energía y a la vez con mi amiga que es una profesional, especialista”, vuelve a lucirse “Ali” con ese espíritu juvenil que la distingue.
“Mitad del año trabajamos y la otra mitad viajamos”, coindicen ambas sobre el equilibrio que tratan de encontrar entre obligaciones y placer. “Ya hemos hecho viajes juntas y por suerte se dio esta vuelta”, celebran y agradecen a ese “muchacho de Quilmes” que pasaba caminando por la playa y les tomó las imágenes, algunas de las cuáles ilustran esta nota.
Al partir de nuestra ciudad, Alicia tomó por la ruta 22, luego siguió por la 250 y por último agarró la 2 para desembocar en el “caribe patagónico”. Su amiga lo hizo por la ruta 23 y “paré en Los Menucos con un calor de locos. Pero como todo es desierto a las 3 de la mañana me morí de frío -risas- y al otro día amanecí con calor. Es un dato a tener en cuenta por los rodanteros y turistas en general, en la Patagonia a la noche refresca mucho en la zona desértica”, advierten a modo de consejo.
La anécdota del desencuentro inicial
Se conocieron como rodanteras y se complementan de la mejor manera. Cada una sabe lo que le agrada a la otra y lo que no. Así la convivencia resulta más agradable y llevadera.
“Vamos a estar una semana las dos acá. Nos están tocando días hermosos. El atardecer es impagable, ayer anduvimos en la costa en las dos camionetas, luego nos pusimos con las reposeras mirando al mar, esto es único”, aseguran estas amantes de la naturaleza y la aventura.
Allí no importa la poca señal ni el viento. Tampoco se enrollan con las cosas que deberán hacer al regresar. Es ahora que hay que disfrutar y son expertas en sacarle el jugo a los pequeños momentos.
Eso sí, como en todo viaje, siempre hay una anécdota o contratiempo. “Cuando llegué a Las Conchillas no habíamos puesto un lugar específico para vernos, no había señal y estuvimos dos horas dando vueltas hasta encontrarnos. Luego nos reíamos de la situación. Disfrutamos la vida trabajando y cuando podemos hacemos estas escapaditas”, resumen. No descartaban "comernos unas rabas en Las Grutas esta noche".
Alicia, en el país de las maravillas. Su amiga también la tiene Clara... Celebran la vida a puro sol, mate y birra a orillas del mar. ¡Genias!
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