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Se van a vivir a las tomas porque están en situación de calle

Crece el número de personas, incluidas familias enteras, que se van a las tomas de las vías de Ferri para subsistir, puesto que están en situación de calle.

En los últimos tiempos, las tomas de las vías de Ferri se han convertido en la única alternativa para sobrevivir al invierno con que cuentan muchas personas que están en situación de calle. Llegan y se instalan en el pedazo de tierra que encuentran disponibles, incluida una acequia. Viven como pueden, en una precariedad total, algunos casi a la intemperie.

Desde hace meses, el fenómeno de los sin techo ha pasado a ser una realidad cotidiana. Sobre todo, en la zona centro, son muchas las personas, en su mayoría varones, pero también algunas mujeres, que buscan pernoctar donde mejor puedan. Tampoco es que haya tanto para elegir y, por ello, se los puede ver dormir en las salas de los cajeros automáticos.

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Una noche, los noctámbulos cuentan que en la entidad bancaria que está junto al Círculo Italiano había nada más y nada menos que cuatro personas acostadas en el suelo, durmiendo apartadas unas de otras, abrigándose como podían. Otros bancos también son elegidos como refugio, gracias al ambiente templado de sus espacios de entrada.

Pero también hay quienes acuden a las instalaciones del Hospital y otros que procuran la ayuda de organizaciones sociales, como la del Barrio Obrero, donde hay construcciones comunitarias que albergan a quienes no tienen dónde ir a parar en este invierno tan inclemente, casi de frío glacial.

No obstante, los habitantes de las tomas de las vías, en Ferri, vienen observando cómo son cada vez más las personas en situación de calle que se van a vivir a su sector. La desesperación es grande porque el lugar enfrenta problemas recurrentes en los suministros de agua y electricidad, que están disponibles en forma irregular. Con el frío intenso, todo se agrava y, por ejemplo, con las temperaturas bajo cero se congelan bombas y mangueras y se torna muy complicado abastecerse del líquido elemento.

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Nada como un poco de calor de una hoguera, en este caso, aprovechando un tacho metálico, para escapar del frío en un sector de las tomas de Ferri. La gente en situación de calle busca un lugar donde vivir y pasar el invierno.

Nada como un poco de calor de una hoguera, en este caso, aprovechando un tacho metálico, para escapar del frío en un sector de las tomas de Ferri. La gente en situación de calle busca un lugar donde vivir y pasar el invierno.

Los nuevos pobladores son de Cipolletti o provienen de otras provincias y su situación económica es alarmante. Hay quienes no han podido pagar más un alquiler, pese a que trabajan, y quienes se han quedado sin empleo y se encuentran en mucha peor condición para disponer de un techo donde pasar los días.

Acuciados por la necesidad, colocan sus enseres directamente en el suelo, se arman con maderas y chapas un espacio cerrado donde albergarse y se calientan quemando leña en tambores metálicos. Todo esto cuando es posible hacerlo, pues puede transcurrir un tiempo antes de asentarse más o menos en forma aceptable.

Para comer, se van al comedor Ubuntu Ferri a ver si pueden conseguir una porción de alimento. El drama es que el comedor, que es uno de los muy pocos en actividad en Cipolletti, cuando puede hacerlo atiende los lunes, martes, jueves y viernes, pero hay veces en que no cuenta con lo necesario para cocinar y en esas ocasiones no funciona.

Las donaciones están escaseando, sobre todo, de alimentos frescos, como la carne y el pollo. La leche por ahí no suele faltar, por la colaboración puntual de un generoso comerciante cipoleño. Pero solamente con productos lácteos no alcanza, aunque resulten indispensables para los niños.

Se dan situaciones dramáticas, como la de una mujer anciana recién llegada que quiso refugiarse en una acequia cercana, aprovechando que ahora está seca porque no hay riego. Le tuvieron que pedir que salga de ese lugar, inhabitable e inhóspito como pocos.

Otra familia que terminó en una de las tomas cipoleñas

Después está el caso de una familia integrada por un hombre, una mujer y la hija de ésta, que se instalaron prácticamente sin más en el suelo, con lo poco que poseen. Actualmente, habitan en los metálicos restos de una camioneta, ya que todavía no disponen ni de un ranchito precario siquiera. El frío que soportan es atroz. Se supo que el Municipio los ayudó con dos colchones de una plaza, dos frazadas, una bolsa de leña, un par de nylons y algún elemento más. Después, recibieron también una decena de pallets de madera. Pero nada alcanza.

Otras personas que se asentaron son un joven con su madre. Él trabaja, pero con lo que gana no les alcanza. Ella, su madre, está esperando su jubilación, pero mientras tanto no cuenta con ingresos. Como en su momento llegaron a deber tres meses de alquiler, tuvieron que abandonar la vivienda donde residían. El dueño del inmueble, al no poder cobrar en dinero contante y sonante, se quedó con los muebles de sus ex inquilinos.

En las tomas de las vías hay más historias de gente desamparada y que, como les resulta posible, intentan soportar las dificultades económicas que están atravesando y sobrellevar, a fuerza de sacrificios, el duro invierno, inclemente, en el que está sumida la Argentina.

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