Otro fallo en Cipolletti autoriza el cambio de apellido por abandono paterno
Un niño de Cipolletti logró cambiar su apellido y dejar atrás el del padre, con quien nunca tuvo vínculo. La Justicia avaló su derecho a elegir.
Desde hace años, un niño cipoleño de tan solo ocho años cargaba con un apellido que no sentía como propio. A lo largo de su infancia, su madre fue la única figura presente. Lo acompañó y lo crio sola, trabajó limpiando casas y fue sostén absoluto en una crianza marcada por el esfuerzo y la ausencia.
En el otro extremo de la historia está su padre biológico. Nunca estuvo durante el embarazo, ni en el parto, y estuvo ausente durante los momentos clave del crecimiento. Solo aportó dinero por un tiempo limitado y jamás construyó un vínculo emocional con su hijo. La distancia se volvió rutina, y el silencio, parte del día a día.
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Con el comienzo de la escolaridad, el niño empezó a notar esas ausencias. En actos escolares, en salidas, en los apellidos de sus compañeros. Preguntaba con curiosidad por lo que no tenía. Su madre, con paciencia, respondía con la verdad. Pero la inquietud fue creciendo.
A los ocho años, expresó por primera vez su deseo de cambiar de apellido. Quería dejar de llevar el del padre y usar el de su madre, el único que sentía suyo. Desde entonces, comenzó a presentarse así en la escuela, en sus grupos deportivos y con amigos. Incluso pidió que su certificado de egreso de primaria reflejara esa elección.
El camino para que la Justicia accionara
La madre, entonces, inició una acción judicial. Relató el abandono por parte del progenitor, tanto económico como afectivo. Explicó cómo su hijo había formado su identidad lejos de ese apellido. El hombre fue debidamente notificado, pero nunca se presentó ante el Poder Judicial ni respondió al reclamo.
En el fuero de Familia de Cipolletti, el niño participó de una audiencia junto a la Defensora de Menores. Habló con convicción, madurez y claridad. Dijo que no “se identificaba con el apellido paterno, que nunca sintió que le perteneciera, y que deseaba usar el de su madre, con quien había compartido toda su vida”, según relataron desde la Justicia.
El equipo técnico interdisciplinario que intervino en el caso validó su postura. Resaltó que el niño comprendía perfectamente el alcance de su pedido, y que el cambio representaba para él una forma simbólica de cerrar una etapa marcada por la ausencia.
Con estos fundamentos, el juez dictó sentencia. Consideró probada la situación de abandono por parte del progenitor y lo privó de la responsabilidad parental. Además, autorizó la supresión del apellido paterno, ordenó inscribir al niño únicamente con el apellido materno y dispuso que su nuevo documento no incluya datos del padre biológico.
Una tendencia que se consolida en la Justicia rionegrina
Este no es un caso aislado en Cipolletti. Semanas atrás, otro niño de la ciudad, también de 8 años, logró cambiar su apellido por razones similares. En ese caso, ni el padre biológico ni quien actuó brevemente como padre de crianza mantuvieron vínculo alguno con él. Tras expresar su incomodidad en casa y en terapia, y manifestar con claridad que quería llevar el apellido de su madre, la Justicia acompañó su decisión y autorizó la modificación de su identidad registral.
Los tribunales rionegrinos vienen reconociendo cada vez con más fuerza el derecho a una identidad construida desde el afecto, el cuidado y la presencia real. En todos estos casos, los jueces consideraron la voluntad del niño como eje central y valoraron la importancia de ajustar los registros civiles a las historias reales que viven miles de familias.
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