La historia detrás del fallo que reconoció una maternidad después de 26 años
La crió desde su nacimiento y dos décadas después la Justicia reconoció el vínculo al avalar la adopción plena y su identidad real. El caso que conmueve, ocurrió en Río Negro.
Un fallo de la Justicia de Familia de Viedma puso en el centro de la escena una historia atravesada por los vínculos, el cuidado y la construcción cotidiana de la maternidad. La resolución reconoció legalmente a una mujer como madre de la hija de su esposo, a quien crió desde su nacimiento y con quien sostuvo una relación materno-filial durante más de dos décadas.
El caso se remonta a una pareja que, tras varios años de matrimonio, atravesó un período de distanciamiento. Durante ese tiempo, el hombre inició una relación con otra mujer, de la que nació una niña. Sin embargo, con el correr de los meses, la pareja original decidió recomponer la convivencia. Fue entonces cuando ambos asumieron el rol parental desde el inicio de la vida de la beba.
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Desde ese momento, la mujer que hoy fue reconocida como madre se hizo cargo de la crianza, el cuidado y el acompañamiento integral de la niña. La madre biológica, en paralelo, manifestó su decisión de no ejercer funciones maternas, lo que consolidó en los hechos una dinámica familiar en la que la niña creció bajo el cuidado de quien consideró siempre su madre.
Una historia de vida que buscó reconocimiento legal
Hoy, con 26 años, la joven impulsó junto a su madre de crianza una acción judicial de adopción integrativa con carácter pleno. El objetivo fue adecuar su identidad registral a la realidad afectiva y familiar que la acompañó desde su nacimiento.
Según se expuso en el expediente, la joven no solo fue criada por esta mujer, sino que también se integró plenamente a su familia extensa. En ese entorno fue reconocida como hija, nieta y sobrina, consolidando un entramado de vínculos que excedieron lo biológico.
Incluso tras el divorcio de la pareja, ocurrido en 2015, la adolescente, por entonces menor de edad, continuó residiendo con quien había ejercido el rol materno. Esa continuidad en la convivencia fue uno de los elementos valorados al momento de analizar el caso.
Durante el proceso judicial, ambas coincidieron en que la relación no se limitó a un lazo afectivo, sino que implicó el ejercicio pleno y constante de la maternidad. Las decisiones vinculadas a la educación, la salud y la vida cotidiana fueron tomadas de manera conjunta, en un esquema familiar consolidado.
Además, señalaron que la falta de reconocimiento legal generaba dificultades prácticas en la vida diaria de la joven, ya que su documentación no reflejaba el vínculo real con su madre.
El análisis judicial y la figura de la adopción integrativa
Al momento de resolver, la jueza de Familia analizó la figura de la adopción integrativa, contemplada en el Código Civil y Comercial de la Nación. Esta herramienta jurídica está pensada para reconocer vínculos filiales preexistentes dentro de familias ensambladas, donde uno de los integrantes asume funciones parentales sin ser progenitor biológico.
En este caso, además, se evaluó la posibilidad de otorgar una adopción a una persona mayor de edad. Si bien se trata de un escenario excepcional, la normativa lo permite cuando se acredita la llamada “posesión de estado de hija” durante la minoridad, es decir, cuando existió una relación sostenida en el tiempo con características propias de un vínculo filial.
La magistrada consideró que en el expediente quedó debidamente acreditada esa condición. Valoró los testimonios, la historia familiar y el ejercicio continuo de responsabilidades maternas por parte de la mujer.
Un fallo que reconoce la maternidad más allá de lo biológico
Finalmente, la sentencia hizo lugar a la adopción integrativa con carácter pleno. Esto implicó el reconocimiento legal definitivo del vínculo materno-filial y el desplazamiento de la filiación materna de origen.
Como parte de la resolución, se ordenó la inscripción correspondiente en el Registro Civil y de Capacidad de las Personas, de modo que la documentación de la joven refleje su verdadera historia de vida.
En este caso, la Justicia validó una maternidad ejercida durante 26 años, donde el afecto y el compromiso fueron determinantes para consolidar una identidad.
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