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Reparten ropa y calzado para que los pobres no pasen frío

Vecinas gestionan un ropero comunitario para que chicos y grandes tengan ropa y calzado para el invierno. También reciclan las prendas demasiado viejas.

La abnegada y constante labor de tres vecinas del Barrio Obrero A permite que mucha gente necesitada pueda acceder a ropa de abrigo, frazadas, acolchados y también calzado, entre otras artículos, en este invierno que se está presentando muy frío y húmedo, aparte de desventurado en materia económica y social.

El "roperito", como se lo conoce popularmente, lleva por nombre Dignidad Rebelde, que es la denominación también de la organización social que tantas luchas y conquistas ha protagonizado en busca de mejorar la calidad de vida del sector poblacional y también de otras barriadas populares.

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El emprendimiento, que entrega su ayuda sin cobrar, por pura solidaridad, funciona en la Manzana 19, lote 5, y su responsable es Sonia Villarroel, a cuyo teléfono celular, número 299-6244015, se pueden dirigir todos quienes quieran colaborar y donar ropa usada y zapatos y zapatillas viejos.

La atención se brinda los días lunes, miércoles y viernes, en horario general de 14 a 16, aunque Sonia suele arrancar sola más temprano, a las 10, y luego se le unen sus dos compañeras. Las personas que lo necesitan pueden elegir lo que les hace falta entre las prendas que, clasificadas para chicos y grandes y según el tipo de que se trate, se exhiben en mesones al aire libre. Allí se puede buscar con tranquilidad.

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Se necesita que la ropa y el calzado que ya no se usen puedan llegar a las familias de menores recursos.

Se necesita que la ropa y el calzado que ya no se usen puedan llegar a las familias de menores recursos.

Lo que en este tiempo hace falta son camperas de abrigo, mantas, frazadas, acolchados, pulóveres, suéteres, buzos, gorros, guantes, bufandas y calzados para adultos y niños. Todo viene bien para dar una mano al prójimo.

La responsable del ropero explicó que se da la paradoja de que lo que más se reparte en invierno es la que se consigue en verano, cuando la mayor parte de la gente que dona se deshace de su indumentaria invernal. A la inversa, ahora, en la temporada fría, lo que más se recibe como donación en la entidad es vestimenta para la época estival.

Así que, por este fenómeno de contraestación solidaria, lo que más se consigue en su momento se guarda para repartirlo en el futuro, cuando realmente sirve. Sin embargo, siempre es mayor la demanda que lo que hay disponible, por lo que una y otra vez se acude a la generosidad de la población para lo que resulta más útil, según la ocasión. Como en la actualidad, con todo aquello que sirva para abrigar y dar calor.

En años pasados, en el roperito se contaba con una lavadora y con recursos para comprar jabón de máquina. Se podía de esta forma lavar y dejar lo más presentable posible la ropa usada, especialmente, la más sucia. Sin embargo, la lavadora se echó a perder hace ya un buen tiempo y tampoco hay fondos con que comprar el jabón.

El pedido del ropero comunitario

Por este motivo, las vecinas piden que, de ser posible, la gente que dona entregue las prendas lavadas y, si no es posible, que no se preocupen, que ayuden igual. De lo que se trata es de que nunca falte para asistir a los más pobres, a los sin techo y desocupados, a los desamparados.

En cuanto al calzado, siempre se lo revisa detenidamente y se seleccionan para la solidaridad solo aquellos zapatos y zapatillas que estén en condiciones, aunque sean mínimas, de ser usados o reparados. Los que están demasiado viejos y gastados no pueden ser entregados a nadie y se los desecha.

A todo esto, en el emprendimiento también se reciclan las piezas de indumentaria y de ropa de cama que están en muy mal estado y no es posible ni siquiera repararlas. De hecho, las que aún se pueden arreglar, se las arregla. Sin embargo, las irrecuperables se cortan y el material se reutiliza para fabricar frazaditas, acolchados, cortinas, almohadas y otros enseres de uso hogareño. Para las labores, se cuenta con una máquina de coser, que funciona adecuadamente.

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Solo la solidaridad y el compromiso permiten que mucha gente de escasos ingresos o directamente sin ingresos tengan algo de ropa para ponerse. Por eso hay que colaborar, donando prendas usadas.

Solo la solidaridad y el compromiso permiten que mucha gente de escasos ingresos o directamente sin ingresos tengan algo de ropa para ponerse. Por eso hay que colaborar, donando prendas usadas.

Sonia indicó que, para la actividad del ropero, no se cuenta con ningún tipo de ayuda por parte del Estado y todo lo que se logra realizar es gracias al aporte de la comunidad y el respaldo de la organización Dignidad Rebelde, cuyo nombre también detenta el emprendimiento.

"Siempre tratamos que las personas que vienen por ropa o calzado se vayan contentas, y es lo que pasa la mayoría de las veces. Pero hay casos en que no tenemos lo que se busca y la gente se va mal, aunque entienden la situación, se dan cuenta del trabajo que se hace", enfatizó la referente, quien afirmó que con sus compañeras "no sentimos orgullosas" de poder colaborar con la población más carenciada.

Y más en estos tiempos, en que se observa un creciente aumento de la demanda de ayuda a raíz de la desocupación y de los bajos salarios de muchas personas que trabajan. "En ocasiones no damos abasto, pero no aflojamos y nos seguimos esforzando para cumplir con la comunidad", manifestó.

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