Escándalo en el circo: perros rescatados y un pasado judicial que lo persigue
El Circo que fue allanado en Fernández Oro por maltrato animal, arrastra un pasado judicial marcado por un grave accidente en 2024.
El Circo vuelve a estar en el centro de la polémica. Esta vez, el espectáculo itinerante que se presentó en Fernández Oro fue allanado por orden judicial tras denuncias de maltrato animal. El procedimiento dejó al descubierto un cuadro alarmante con más de diez perros viviendo hacinados en un tráiler, entre excrementos, con sogas atadas al cuello y en condiciones de extrema insalubridad.
El operativo fue ejecutado por la Policía, junto a la Dirección de Bienestar Animal del municipio, luego de múltiples denuncias de vecinos. Las imágenes y descripciones del lugar dieron cuenta de un olor insoportable, ausencia de higiene y animales en evidente estado de abandono. Los perros fueron rescatados y trasladados para recibir atención veterinaria, en medio de la indignación de organizaciones proteccionistas.
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Pese a la gravedad del hallazgo, el circo no fue clausurado. Desde el municipio explicaron que la habilitación comercial cubre cuestiones de seguridad y estructura, pero no alcanza a regular espacios privados donde conviven empleados o allegados. Así, el espectáculo continúa con funciones programadas, lo que generó críticas hacia la falta de medidas más contundentes.
La versión del dueño y las responsabilidades
Daniel Molina, titular del circo, intentó despegarse del caso señalando que los animales pertenecían a un hombre mayor identificado como CS, quien ocupaba un pequeño tráiler dentro del predio. Aseguró que “no tenían acceso” a ese espacio y que desconocían las condiciones en que se encontraban los perros. Sin embargo, el allanamiento se realizó dentro del terreno del circo, que sigue siendo el responsable de lo que allí ocurre.
Un historial marcado por la justicia
El escándalo en Fernández Oro no es un hecho aislado. El Circo ya tuvo intervenciones judiciales en su pasado, la más grave ocurrida en junio de 2024 durante una presentación en Caleta Olivia, Santa Cruz. Allí, Lautaro Bustos, trapecista rionegrino de 21 años, oriundo de San Antonio Oeste, cayó desde más de seis metros de altura durante un número acrobático sin red de seguridad ni arneses.
El joven sufrió una fractura en la quinta vértebra cervical, aplastamiento de médula y lesiones pulmonares que lo dejaron internado en terapia intensiva con pronóstico reservado. La familia denunció que Bustos no contaba con ART ni contrato formal, y llevó el caso a la justicia para exigir que el circo cubriera los gastos médicos.
Este accidente, sumado al actual proceso judicial por maltrato animal, expone un patrón preocupante: deficiencias en las condiciones laborales, falta de medidas de seguridad y ahora, presunto abandono de animales.
Mientras en la carpa se encienden las luces y el público aplaude, en los tribunales se acumulan las causas que involucran al Circo. Para muchos vecinos y organizaciones, el espectáculo ya dejó de ser sinónimo de diversión para transformarse en un caso testigo sobre la necesidad de controles más estrictos a los espectáculos itinerantes.
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