"Déjenlo preso o internado": el desgarrador reclamo de la madre de un adicto a las drogas
El drama de una madre en Cipolletti expone la falta de respuestas estatales y judiciales frente a los consumos problemáticos.
La desesperada frase “déjenlo preso o internado” resume el calvario de Soledad Renda. Durante 12 años, la mujer ha recorrido oficinas públicas para intentar rescatar a su hijo de 28 años, quien padece adicción a las drogas y vive en situación de calle en Cipolletti.
El hecho más reciente ocurrió tras un conflicto en la vivienda de su padre, donde el joven terminó envuelto en una persecución policial por Cipolletti. Luego de ser arrestado, habría sido víctima de una golpiza y recuperó la libertad al día siguiente.
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Ante el reclamo en la comisaría, los agentes argumentaron tener “las manos atadas” y dejaron la responsabilidad en la Justicia. Ante esto, Renda decidió denunciar a su propio hijo por robo con la esperanza de abrir un camino institucional que lo ayude a superar su adicción, pero no obtuvo contención.
En la Fiscalía, la madre exigió medidas drásticas: “O dejémoslo preso o dejémoslo internado”. Sin embargo, al advertir a los funcionarios que la situación terminaría de forma trágica porque “o mata o muere”, la respuesta oficial fue un contundente “Y sí”, replicando una postura que ya le había manifestado tiempo atrás un juez en Bariloche: “Señora, usted tiene que hacerse a la idea de que, su hijo, o mata o muere”.
Doce años de peregrinaje y fallas en el sistema de internación
El conflicto expone la falta de integración entre Salud, Justicia, Policía y las áreas sociales. Tal como afirmó Soledad Renda en Literal Radio, “No hay respuesta de ningún sector del Estado” frente a un sistema que exige la voluntad del paciente para tratar las adicciones.
La mujer cuestiona ese requisito recordando una frase psiquiátrica: “Lo primero que se comen las drogas es la voluntad”. Bajo ese concepto, remarca la contradicción del sistema actual al preguntarse: “Si pierden la voluntad, ¿cómo se van a internar?”.
Las experiencias previas de internación evidencian este vacío. Tras conseguir una beca mediante el titular de la Sedronar, Roberto Moro, su hijo fue ingresado en Mercedes, provincia de Buenos Aires. Sin embargo, el proceso duró solo dos meses porque “él dijo que estaba bien y se quería ir”, y la institución carecía de facultades legales para retenerlo.
Una situación similar aconteció en el hospital de Roca, donde ingresó a terapia intensiva tras un intento de suicidio con altos niveles de cocaína en sangre. Una vez superada la emergencia médica crítica, el abordaje de fondo se diluyó sin ofrecer una continuidad sostenida.
Por su parte, el circuito de la Agencia para la Prevención y Asistencia ante el Abuso de Sustancias y de las Adicciones (APASA) demanda trámites y citas sucesivas que resultan inviables para quien atraviesa un consumo severo. Según explicó la madre, la persona abandona el proceso en las primeras etapas y el tratamiento se debe reiniciar desde cero.
El impacto familiar y la búsqueda de una red de contención
Las consecuencias de las adicciones alcanzan de lleno al núcleo familiar. Renda está al cuidado de sus tres nietos, cuyos padres padecen problemas de consumo y de los cuales se desconoce el paradero de la madre. A pesar de la intervención de la Senaf y el Juzgado de Familia, sintetizó que “los niños quedan en el medio”.
Lejos de rendirse, la mujer cursa la carrera de Derecho para comprender los resortes legales y busca impulsar en Roca un espacio de autoayuda para orientar a otras familias. "Estamos en lucha. A veces duele, a veces pesa, pero vamos a seguir peleando mientras haya vida”.
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