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Cierre y liquidación de histórico comercio: sus dueños atienden "entre lágrimas" a una multitud

Lili repasa emocionada la historia del local y agradece al público que los acompaña "hasta agotar stock, se llenó de gente". Todos los detalles.

Son días muy especiales y repletos de emoción para Lili y César, los dueños del histórico comercio cipoleño que cierra sus puertas y previamente liquida todo y vende el fondo de comercio.

Un verdadero fenómeno se vive el local de ropa situado en Irigoyen al 700, que se ve invadido de clientes atraídos por las ofertas, pero también con la necesidad de expresarle su agradecimiento y un humilde homenaje a modo de despedida a sus propietarios por la calidad y el trato.

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"Se llenó gracias a ustedes -por LMC- y también a Miguel Parra que difundieron la noticia", asegura la mujer, que no puede disimular la nostalgia que le genera el inevitable adiós.

Luego explica la razón por la que bajarán las persianas próximamente una vez que "se agote el stock".

“Es para descansar, son 43 años y el desgaste no es menor. Lo que hicimos, hicimos y ya debemos dejar. Esto requiere muchísimo trabajo la verdad, queremos ir al Río, a tomar mates como corresponde, nos cansamos un poco de esta vida aunque por supuesto no renegamos de todo lo que nos dio”, revela a la vez que una señora le consulta por una elegante prenda.

De remate y liquidación

En épocas donde todo sube, en su local el precio baja dada las circunstancias -inminente cierre-. Por eso la pilcha sale como pan caliente.

“Estamos liquidando todo, ahora de verano, los primeros días de marzo toda la ropa de invierno, camperas y artículos imperdibles. Apenas baje un poquito calor, seguiremos con eso”, anticipa la propietaria con su amabilidad habitual.

"Vuelan los jeans, las camisas, remeras, polleras, vestidos. Estamos desde las 9 a 13 y de 17.30 a 21. El jean ancho de marca, que sale 79 mil lo vendemos hoy en 36 y 33 mil", repasa las rebajas y los horarios.

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Muy sensible por el momento histórico que atraviesan y en medio de innumerables recuerdos, admite: "Estoy con los ojos llenos de lágrimas y agradecida a toda esta gente. No sé si me voy a acostumbrar, pero los hijos no quieren que sigan y es entendible. Son otros tiempos, también hay inseguridad", lamenta.

"Acá pasamos los mejores momentos, hay para escribir un libro con las anécdotas; los distintos gobiernos que pasamos y sobrevivimos -risas-. Gente maravillosa, un agradecimiento terrible. Entraban al negocio los clientes y se iban a preparar mates mientras se probaban la ropa, éramos como familia", destaca la camaradería que reinó siempre en cada rincón del recinto céntrico.

Y repasa una situación graciosa. "Mariano, quien hacía vidrieras, el otro día recordó en redes en un homenaje que nos hizo que mi marido primero le decía en broma, 'Mirá Mariano, vos estás haciendo cosas afuera y yo acá calentito' y con los años le reconoció 'tenías razón al final Mariano, vos paseaste, anduviste por todos lados y yo sigo acá calentito, pero acá adentro…”.

"Ya hay interesados en el fondo de comercio, los mismos deben comunicarse personalmente o de manera telefónica", comenta.

Un poco de historia

Lili hoy tiene 67 años y llegó de La Pampa a los 21 años. "Era maestra jardinera y me quedé por amor. Lo conocí a César que hoy tiene 79 y vino a los 6 de España", repasa el origen de la relación.

"El local y la vida nos dieron muchas satisfacciones. Tenemos dos hijos, uno de 40 y otro de 33, uno psicólogo y el otro dedicado a las jubilaciones. Una pena que no siguieron el legado del local, pero son dos amores", los elogia.

Párrafo aparte para su suegra Sofía, ex dueña de la recordada pensión La Fama, quien "estaba acá al lado y nos ayudó mucho".

"Era una mujer maravillosa, le daba de comer a los que andaban por la calle, llenaba la mesa con gente que necesitaba un plato de comida", resalta las cualidades humanas de la madre de César.

“¿Qué fue el negocio para nosotros? La vida, todo fue el local, nuestra lucha, nuestras alegrías, tristezas, todo pasó por acá”, culminó y su compañero de toda la vida le alcanza un pañuelo para secar sus lágrimas.

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