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Cierra La Cocina, un histórico comercio de Cipolletti, tras 40 años: "Era como un hijo para mí"

Esta noche será la última cena, karaoke incluido, y el jueves ya cerrara sus puertas para siempre. La nostalgia y las razones de su conocido propietario.

Día triste -el gris del cielo parece adherir- el de este miércoles para Ricardo Spátola y parte de la comunidad de Cipolletti que supo frecuentar La Cocina. Llegó el siempre doloroso momento del adiós, del cierre definitivo del histórico comercio gastronómico que “es como un hijo para mí”, como admite el hombre.

Es comprensible que lo invadan la nostalgia y la tristeza, si bien también lo asume como un ciclo cumplido consciente de que ya no había otra salida.

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También suena lógico que le otorgue tamaña dimensión en su vida al emblemático recinto que desde este jueves será solo un recuerdo y engrosará la lista de gigantes que se despiden por la crisis...

Fue su gran apuesta cuando vino de Buenos Aires a los 31 años y con su socio Marcelo Marano “íbamos a hacer las compras en bicicleta hasta que nos la robaron y entonces empezamos a pagar en cuotas un jeep de un taller de enfrente, vendíamos un par de docenas de empanadas e íbamos a achicar la deuda”, señala entre risas.

Pasaron cuatro décadas. Hoy a los 71 está agradecido a la “ciudad por cómo me recibió” y a los vecinos que hicieron grande aquel audaz emprendimiento que llegó a ser uno de los más concurridos -"varias noches no cabía un alfiler, se llenaban las 20 mesas"-. Pero también con la convicción de que quiere vivir tranquilo, “sin las preocupaciones o la incertidumbre de no saber si vas a llegar a fin de mes, de hacer las cuentas todo el tiempo…”, explica las razones de la drástica decisión al tiempo que recepciona los últimos pedidos telefónicos.

Ricky no se quedó de brazos cruzados, le buscó la vuelta pero ni aún así pudo salvar el histórico emprendimiento.

Ricky no se quedó de brazos cruzados, le buscó la vuelta pero ni aún así pudo salvar el histórico emprendimiento.

Si bien a muchos tomará por sorpresa, no fue una determinación abrupta sino que la venía meditando “hace un año”. “Entre los planes de pago de AFIP que no podía sostenerlos y el contexto, me fui dando cuenta que de a poco se iba apagando, pero quería mantener fuentes de trabajo. No me alcanzaba para el funcionamiento diario y así no se podía más”, argumenta y se estrecha en un abrazo con uno de los leales cocineros, con los que vivieron las buenas y las malas todo este tiempo.

Si bien el último local está ubicado en Mariano Moreno 193, el pico de fama llegó en la tradicional esquina de Roca y Villegas. Se inició en San Martín, entre Mengelle y 25 de Mayo y luego se mudó a la vuelta por Roca para después abrir en el lugar donde alcanzó el grado más alto de su popularidad, previo a este último intento un par de cuadras más lejos.

Los mejores años de La Cocina fueron en la tradicional esquina de Roca y Villegas.

Los mejores años de La Cocina fueron en la tradicional esquina de Roca y Villegas.

“A San Martín llegamos como pizzería, para llevar. Nos fuimos luego a la vuelta donde hoy es Ramona, era boliche y tuvimos que reacomodarlo. Tras 6 años en ambos lados, pasamos a Roca y Villegas, donde estuvimos 22. Y ahora llevábamos 5 años acá. Hasta 2010 o 2011 me acompañó mi socio y desde ahí seguí solo”, repasa Ricky la historia de La Cocina.

Por si quedaban dudas, aclara que “es cierre definitivo. Las causas son una sumatoria de cosas, tuve mal año en 2025, no me pude recuperar nunca, el alquiler que se fue al doble…”.

El “cariñoso” adiós del personal

Se los nota muy afectados a todos: patrón y empleados. No pueden disimular la amargura los trabajadores y dejan en claro que estaban comprometidos con la causa, que se ponían la camiseta del lugar.

Una emoción, una despedida cariñosa, por más que sea lamentable… Llegó la hora de tomar nuevos caminos para ellos, ojalá encuentren una forma para seguir los dos cocineros y las tres chicas que atienden el salón. Ellas dentro de todo son nuevas, diez puntos todas, y los cocineros de muchos años. Me veían y se daban cuenta de que las cosas no estaban bien, nunca es una buena noticia cerrar. Siempre al tanto los tenía, supieron acompañar con cariño y una energía muy linda”, reconoce a quienes cerca del mediodía preparan el menú final...

Siempre en un tono ameno, también valora los saludos y las devoluciones que los clientes y comensales le hicieron llegar en las últimas horas.

Una caricia al alma lo de la gente en estos días, es como un hijo para mí, lo hiciste, lo cuidaste un montón de tiempo… Pasamos momentos difíciles pero también muy lindos. Elijo recordar lo bien que nos aceptó Cipolletti, cuando llegamos con Marcelo, que hoy es mi amigo del alma. Sentirme integrado, viniendo de Buenos Aires, no tengo más que palabras de agradecimiento”.

Las infaltables anécdotas y la última función

Hace memoria y recuerda un par de situaciones divertidas en torno al negocio. “Tuvimos el primer delivery de la ciudad. Compramos una motito Zanella y un día viene un postulante a nosotros. Andaba ligero, le sugerimos que baje un cambio y luego el mecánico nos contó que el muchacho les había pedido si le podían tocar el cilindro para ir más ligero. Nos enteramos luego que era piloto jeje”.

A propósito del reparto de comida, recuerda los tiempos felices: “Una noche conté 80 deliverys, teníamos 3 motos, tuvimos que cortar teléfono porque no podíamos cumplir con todos”, confiesa. “De eso pasamos a este presente”, lamenta. En los últimos meses, confiesa, se sostuvieron principalmente con los “karaokes de los miércoles y sábado por medio”. Esta noche será la última función.

“Un ambiente lindísimo, el día que más se laburaba. Al principio costó un poco después hay veces que tengo que decir que no hay más lugar. Los miércoles estaba muerto, no venía nadie y hacíamos karaoke con amigos en las casas. Y un día digo ‘si lo meto acá’. La verdad que funcionó”, destaca.

La idea del karaoke la continuará, eso sí, en el club Cipolletti los miércoles y sábado por medio.

Tiene en claro que lastimosamente su caso no es una excepción, sino que son cada vez más los cierres de comercios en la región, “Con los colegas que hablo me dicen ‘estamos todos igual. pensando si seguir o no, nos pasa lo mismo, entra menos plata de la que sale’”, describe la grave situación, que deja un sabor amargo en el ambiente. Por lo que cuentan otros negocios también están al horno.

Por último deja un mensaje a la ciudad: “Gracias Cipolletti, gracias por recibirme, por estos 40 años de acogimiento. En cualquier lado siempre sentí que me trataron bárbaro y confiaron en mí y en La Cocina”.

Las llamas de La Cocina se apagan. La de esta noche será la última cena en una marca registrada de la ciudad.

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