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Panchita, la histórica kiosquera deja el lugar de siempre: "Siento nostalgia, se complicaba el alquiler"

La querida vecina ya no está en el emblemático local, que marcó la vida del pueblo de Oro y se emocionó hasta las lágrimas en el adiós. Su nuevo desafío.

El kiosco de la Pancha es un símbolo histórico de Fernández Oro. Referencia inequívoca, parte del ADN de la vecina ciudad. Por ese emblemático comercio de la calle San Martín han pasado desde las figuras más importantes e influyentes hasta personajes simpáticos y pintorescos del pago. Hombres de saco y corbata y pibes en cuero. Mujeres profesionales y amas de casa. Gente de zonas lujosas y de los barrios más humildes. ¡Todo el pueblo!

Buscando un pucho, una golosina para la escuela, algún elemento de pesca, formulario para el examen de conducir o calcomanía del Trueno Verde, el club que solía poner como punto de partida y llegada para los viajes de todas sus categorías la puerta del negocio más popular de la zona.

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Muchos dicen que María Esther Rebaliatti, su dueña, de tan buena es una “santa”. Y justo tras 33 años, la “edad de Cristo”, el legendario local ya no funcionará allí donde se tejieron tantas historias y surgieron anécdotas para el recuerdo eterno.

Panchita nuevo local

Pero a no asustarse, que no se trata de un adiós definitivo sino que Panchita se muda a la cuadra de enfrente. “Siento mucha nostalgia”, admite con emoción a LM Cipolletti al cerrar la puerta del recinto donde transcurrió la mejor parte de su vida.

Su nueva casa será su viejo y dulce hogar familiar. “Acá vivía con mis padres (Cato y Sara), que naturalmente ya no están y con mis hermanos (Roberto que falleció, Carlos que vive en Neuquén, Graciela que reside en Oro y Delia que está en Roca)”, revela y no puede evitar quebrarse. Llorisquea la Pancha. Lloramos todos.

“Lástima que no están mis hijos para las fotos”, lamenta al mostrarle su nuevo búnker a este medio. Sobre las razones de la mudanza, reconoce con su habitual sinceridad: “Más que nada porque se hace difícil juntar para el alquiler. Y gracias a mi hijo Daniel, el más grande, que es el dueño del local nuevo y me dijo, ‘ma, yo lo arreglo y te vas para allá. Y también con el respaldo de Ariel, el más chico, al que todos conocen como el Rulo, fanático del fútbol y de Oro, que atiende conmigo, hacemos un turno cada uno”.

Histórica kiosquera de Oro, Panchita final

La invade la melancolía al asomarse por la ventana del nuevo kiosco y observar al viejo, ese que la marcó para siempre. “Mirá, allí empezamos con mi marido cuando él se quedó sin trabajo en Hidronor. Después él falleció y a seguir luchando… Pero muchas cosas lindas. Más que nada siempre las salidas y llegadas del chico del club, que alegría, cuántos momentos que pasamos. Cómo olvidarlo”, cuenta antes de atender a una trabajadora del Hospital.

“¡No sabía que te mudaste, Panchita! ¡Felicitaciones!”, la saluda la clienta. A propósito del nosocomio local, la Pancha es una de las caras visibles de la Cooperadora y aún celebra el éxito total del Bingo que se organizó semanas atrás para recaudar fondos (“se compró la motoguadaña, cortadora de césped, aparato para desinfectar, fotocopiadora y mucho más”, informa).

Jubilada de 75 años, avisa que “no me sentiría cómoda sin trabajar así que pienso seguir”. Y vuelve a “agradecerle a la gente que viene, me felicita, se ponen contentos. Me emociona”.

Anécdotas, recuerdos y toda la emoción de Panchita

Pasó mucha agua debajo del puente en todo este tiempo en su comercio. Vivencias agradables llenas de felicidad y otras no tanto. “Una vez me asaltaron, me apuntaron con un revolver, me tiraron al piso. Fue el susto del momento, quedé un tiempito consternada y me fui reponiendo”, repasa uno de los tragos amargos.

De bajo perfil, no se considera una referente de la ciudad, aunque lo sea: “Amo a Oro, cuando a veces salgo me saludan y capaz que no sé quién es. Muy lindo el reconocimiento”.

Histórica vendedora de diarios, cuenta que a pesar de que las tendencias cambiaron y hoy se impone la versión digital “hay clientes fieles, lectores de LM de siempre”.

Panchita con LM
Panchita vende el diario como toda la vida en su local.

Panchita vende el diario como toda la vida en su local.

Vaya si tiene en claro en el rol de anfitriona. Aún así al evocar las participaciones de su hijo en el Mundialito de Roca, del que Oro era una de las sedes oficiales, no logra olvidar ni con el tiempo a “un chico de Argentinos Junios que alojamos que era terrible. ¿Será porque el mío también era inquieto y me lo enchufaron?”, pregunta entre risas.

“Ariel tiene 41 y jugaba, tendría 8 en ese entonces y recibíamos chicos de afuera. El primero fue de Chaco, luego otro de La Pampa, ambos divinos, hasta que llegó terremoto, el de Argentinos Juniors… Era tremendo jaja (ese equipo del Bicho estaba integrado por cracks de la talla del mundialista Coloccini y Marinelli). Y los últimos fueron de Brasil. Esas cosas son hermosas, inolvidables”, culmina la Pancha.

Hermosos e inolvidable para todo el pueblo también resultaron sus 33 años en el viejo kiosco. Y la leyenda continúa enfrente, en el nuevo local donde ella aguarda con su clásica amabilidad “a toda mi gente”.

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Está de estreno Panchita y los espera a todos en su nuevo local.

Está de estreno Panchita y los espera a todos en su nuevo local.

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