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La Muerte López, el ídolo de Oro y recolector de basura con mil historias

En tiempos en que se organizó una rifa para ayudarlo en su segunda operación de cadera, repasa su vida uno de los personajes más populares y queridos de Fernández Oro. Cuando vio una extraña aparición y tantas anécdotas...

Camino al laburo, el carnicero de la otra cuadra pasa a comprarle un numerito de la rifa (“me pidió que le guarde el 04”). Pese a la indisimulable renguera, Horario “La Muerte” López lo acompaña hasta la vereda con gratitud y a pura broma. Justo llega LM Cipolletti y tras recorrer el típico pasillo largo de las casas de antes, la cocina resulta el mejor refugio para una fresca mañana y una charla tan rica como esas facturas con las que nos recibe este gran anfitrión.

El calorcito de la estufa y el mate caliente generan un clima ideal y una vez que se enciende el grabador, el protagonista de la nota agradece a “todo el pueblo de Oro” por la solidaridad de cara a una nueva operación de cadera y repasa anécdotas imperdibles y asombrosas de sus 31 años como recolector de basura de la Municipalidad de Fernández Oro y de sus gloriosos tiempos de futbolista con la camiseta del Trueno Verde, donde el otrora áspero número 5 también es muy querido.

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“Es que había grandes jugadores, con mucha presencia. Si no metías, no jugabas en esa época. Y algún rival se habrá pensado que me apodaban La Muerte por lo que pegaba -risas”, se luce de entrada y la deja picando para develar el misterio sobre el origen de su llamativo sobrenombre.

“De pibe, a los 10 ó 12 años parecía un esqueleto de tan flaco y por eso me lo pusieron”, aclara e invita a disfrutar de otra medialuna.

Barba blanca candado, alguna arruga propia de la edad (58) pero los rulos intactos. En noviembre se operó una cadera y para mediados de julio espera la segunda intervención. Estuvo seis meses sin caminar y muy dolorido: “Me apoyaba en los muebles para moverme”. Personaje popular y estimado, en el pueblo se organizaron colectas y ahora rifas para ayudarlo a costear ambas operaciones, más allá de que “la Municipalidad siempre se portó 10 puntos”.

De hecho, ya hace un año que tuvo que discontinuar su tarea diaria allí donde es toda una “institución” y supieron comprenderlo.

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Anécdotas escalofriantes y divertidas

Tres décadas arriba del camión, recorriendo cada rincón de la vecina ciudad, dejando impecables sus calles, ganándose un respeto y cosechando amigos. “Un laburo muy sacrificado porque con frío o calor a los 5 de la mañana se arranca, pero para mí hermoso, te conocés y saludás con todo el mundo, lo disfrutaba y lo extraño”, se sincera. Y por supuesto que atesora recuerdos y anécdotas de todo tipo.

Así, rememora un asombroso episodio que eriza la piel: “Resulta que una madrugada íbamos en el camión por la Isla 10 y vimos que se nos cruzó una figura pequeña, con el formato de un niño. Imaginate que el conductor clavó los frenos y nos bajamos, todos vimos lo mismo. Un nene solo a esa hora cruzando la calle era realmente extraño… El tema es que no lo vimos más, como que desapareció, estamos convencidos de que era un duende. Lo contás y no te creen, se te ríen. Nos pegamos un susto bárbaro. Los perros no ladraban, nada. Fue sin dudas llamativo”.

No menos impactante resulta la continuidad del relato. “No pude dormir ese día. Cuando me levanto estaba mi vieja, que aún vivía y le comenté lo que había pasado. Y ella, con las creencias de antes, me dijo ‘hijo eso significa que se vienen 6 años buenos o malos’. Y lamentablemente fueron los peores años de mi vida los que siguieron, porque se me fue mucha gente querida”, lamenta con cabeza gacha y una mirada que se pierde en el piso como buscando alguna explicación.

Pero su semblante cambia radicalmente al evocar el día que recolectó basura “trajeado” tras un inusual hallazgo. “Pasamos por una casa y habían sacado a la calle para tirar una valija con trajes y corbatas. Con mi compañero no tuvimos mejor idea que seguir levantando basura con esa vestimenta. No sabés lo que fue, la gente se reía en la calle, nos gritaban ‘donde es la joda que vamos”, asegura esbozando una amplia sonrisa.

Trabajar en pandemia y “los vecinos que ya no están”

Su vida está ligada a los esfuerzos, la dignidad y la lucha. Por eso no se escondió en pandemia, cuando hubo que poner el pecho en la más brava. “Resulta que de la Muni me avisaron que teníamos que trabajar, que el pueblo lo necesitaba. Yo justo estaba liderando el equipo y tuve que reunir a los muchachos. Uno me dijo preocupado: ‘mi mamá está enferma, que pasa si me pesco algo y la contagio’. Y le reconocí: “Miedo tenemos todos, yo vivo con mi hija y con mi nieta (Elva y Luna) pero si vos no lo hacés, vendrá otro y te vas a quedar sin el mango que todos necesitamos”.

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“Así fue que la luchamos. Era feo ver las calles vacías. Conocidos que te enterabas que se contagiaban y a los días que ya no estaban más… Perdimos muchos amigos”, confiesa, en uno de los momentos más emotivos.

El fútbol, su gran pasión

Horacio nació en Neuquén pero a los 6 años ya vivía en Oro. Y a los 13, en el 1978, era una promesa del equipo de la ciudad.

“Jugué hasta los 27 ó 28 y luego dirigí la primera y la tercera del club. A los 24 años salí campeón, fue una alegría enorme. Peleamos el Torneo del Interior, teníamos un equipazo, habían venido jugadores que fueron figuras de Cipo como Iachetti y Perilli”, repasa el cuarto de cinco hermanos, de los cuáles “dos fallecieron”.

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Horacio, el cuarto de arriba de izquierda a derecha en el Trueno Verde.

Horacio, el cuarto de arriba de izquierda a derecha en el Trueno Verde.

En el club de sus amores se realizó un partido a beneficio suyo para la anterior intervención y uno de sus impulsores fue el recordado Hernán Salamanca, quien perdió la vida súbitamente justo en otro encuentro para recaudar fondos.

“Fue un golpe durísimo su partida y le agradezco lo que hizo por mí. Se lo extraña, pasaba por casa a tomar mates…”, lamenta.

Fana de San Lorenzo como toda su familia, confiesa que “lloré” con el descenso del 81, “yo tendría 16 ó 17 años” y se emocionó con la Libertadores del 2014.

Pese a todo, sigue relacionado de alguna manera al más popular de los deportes. “Soy primo de Sícolo, el que tiene el Complejo de 7 canchas acá en Oro. Los viernes un grupo de amigos lo ayudamos a prepararlas, a marcarlas, yo es más lo que rengueo que otra cosa pero me gusta estar ahí -risas-. Y los sábados cocinamos”, cuenta y pone a calentar la pava para otra ronda de amargos.

Quién es La Muerte López y un “gracias totales”

Ni a la leyenda futbolera ni al basurero querido. Prefiere que el día de mañana lo recuerden “por lo que soy como persona, sincero, sin falsedad. Mi mamá era enfermera y nos decía que con respeto y humildad se consiguen las cosas. Nunca mezclé amistad con trabajo y mirá que tuve la mejor con las tres gestiones que pasaron por la Muni todo este tiempo”.

En el final, una vez más, agradece a “todo Oro, a mi pueblo, yo conozco desde el viejo que ya no está a los pibes de ahora. Gente que cuando se enteró de mi problema me golpeaba la puerta para dejarme dinero. Por eso pedí a los muchachos, que les agradezco de corazón, que organicen una rifa, para darle algo a la gente, porque son tiempos muy complicados, la plata no alcanza. Y que todos sepan que ya conseguimos todo, no hace falta nada más”.

Horacio López, un personaje de aquellos, un vecino de Oro. ¡Viva “La Muerte”!

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