El rol fundamental de las abejas para la producción de peras y manzanas

Durante el proceso de polinización las abejas tienen un rol fundamental para obtener frutas de calidad, fuertes y nutritivas. Las del valle no dan abasto y cada primavera se deben importar más de 60 mil ejemplares.

Cada primavera llegan al Alto Valle alrededor de 60 mil abejas para brindar su aporte a la fruticultura. A través de la polinización, estos insectos son esenciales para obtener una fruta de calidad, sana y con buen tamaño. Los insectos autóctonos no dan abasto y se deben importar ejemplares de otras zonas.

A fines del invierno llegan a la región los camiones provenientes de la Pampa Húmeda, que trasladan cámaras de cría de abejas para brindar el servicio de polinización en los montes frutales de peras, manzanas y fruta de carozo. Desde el INTA Alto Valle indicaron que con la sola llegada no alcanza, y hay que prestar atención al manejo de estas colonias.

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En cada colmena conviven abejas obreras, una reina y zánganos. La cantidad de individuos depende de la época del año: en temporada estival hay aproximadamente 60 mil abejas, mientras que en invierno la población baja la mitad.

Las abejas buscan semillas de un fruto que son las encargadas de proveer las hormonas de regulación (auxinas y giberelinas). Gracias a la presencia suficiente de estas hormonas se logra obtener mejor tamaño y forma del fruto, evita la caída y genera una fruta más sana, con nutrientes.

Para realizar una buena polinización se necesita una reina vigorosa, con muy buena capacidad de postura. Debe presentar buenas condiciones sanitarias, sin parásitos ni enfermedades, contar con 5 cuadros cubiertos de cría (al menos 2 de cría abierta) y 7 u 8 cuadros con abejas, lo que asegura unas 30.000 a 35.000 abejas.

Si el cajón está completo, provee cerca de 40.000 abejas, de las cuales aproximadamente la mitad se dedica a recolectar néctar y polen. Dicho trabajo de recolectar y transportar su alimento está directamente relacionado a la cantidad de cría abierta, o sea, a las larvas de abejas que requieren alimentarse y nutrirse para su desarrollo y transformación en adultas que reemplazarán a las obreras que hayan cumplido su ciclo. Cuanto más numerosa sea la cría, mayor será la necesidad de polen y la eficacia en la polinización. Una abeja “pecoreadora”, es decir, la obrera que sale de la colmena para buscar alimento (néctar y polen) suele realizar 10 viajes diarios, visitando en cada uno de ellos un promedio de 1000 flores.

La obrera se desarrolla en 21 días, desde huevo adulto, eclosiona y demora entre 19 y 20 días en alcanzar la madurez necesaria para salir a pecorear.

Para tener abejas disponibles durante toda la floración y contar con abejas vigorosas, nacimientos y renovaciones permanentes, es necesario que la reina comience la postura 40 días antes del ingreso a las chacras.

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