Tienen entre 60 y 83 años y decidieron volver a estudiar: la historia que inspira a Cipolletti
El anexo 13 de Cipolletti cerró el año con pura emoción. Mujeres de hasta 83 años volvieron a la escuela primaria y demostraron que nunca es tarde para estudiar.
El cierre del ciclo lectivo de las Escuelas de Educación Básica para Adultos (EEBA) volvió a dejar en claro una realidad que se repite año tras año en Cipolletti: nunca es tarde para estudiar. Con emoción, carpetas repletas de desafíos cumplidos y miradas cargadas de orgullo, mujeres de entre 60 y 83 años celebraron el fin de su recorrido educativo en el anexo 13 de la ciudad, uno de los espacios que integra el sistema provincial destinado a garantizar el derecho a la educación de personas adultas.
En Río Negro funcionan actualmente 33 EEBA, de las cuales dependen 218 anexos distribuidos en contextos urbanos, rurales y de encierro. El objetivo es permitir la finalización de la escuela primaria y promover la capacitación laboral a través de talleres orientados a las necesidades reales de la población adulta. En Cipolletti, este año serán alrededor de 60 las personas que egresarán del nivel primario.
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Un aula pequeña, un impacto enorme
El anexo 13 funciona de lunes a viernes de 14 a 16, en un aula cedida por la Iglesia Pueblo de Dios. Allí, grupos reducidos, en su mayoría mujeres, asisten motivados por una meta personal de culminar sus estudios postergados. Esa baja matrícula, que llegó a fluctuar entre 7 y 11 estudiantes en 2025, condiciona la continuidad del espacio, razón por la cual las docentes insisten en convocar a nuevas inscripciones para 2026.
Silvana Luongo, docente del anexo desde hace cuatro años, destaca el valor humano del proceso educativo: “Fue un año hermoso, de mucha producción y mucho aprendizaje. Lo magnífico es que el aprendizaje es mutuo. Ellas vienen a terminar la primaria, pero lo que comparten en experiencia de vida es enorme. Crecemos todos".
La inscripción ya está habilitada. Las personas interesadas pueden acercarse a la sede de la EEBA 3 en la Escuela 53, de 19 a 21, o asistir directamente al anexo 13 dentro del horario de cursado. El único requisito es presentarse con DNI y tener la decisión de empezar.
“Nunca tuve escuela”: historias que se abren camino
Entre las estudiantes se encuentra Ana Rebollero, de 81 años, quien se prepara para cerrar el ciclo con la emoción de quien cumple una asignatura pendiente: “Nunca tuve escuela y ahora estoy aprendiendo lo que siempre deseé aprender. La pasamos bien, gracias a Dios. Y la maestra tuvo tanta paciencia con nosotras. Yo estoy feliz”. Su motivación es sencilla y poderosa, aprender para sentirse realizada.
“La edad no importa: lo importante es seguir”
Para Nilda Mardones, de 68 años, este 2025 fue su primer año en la EEBA y marcó un antes y un después: “Nunca es tarde. Yo quiero terminar la primaria, seguir la secundaria y, si puedo, seguir más. Aprendí a dividir, a multiplicar y a escribir mejor. Esto me hace bien.” Su mensaje apunta a quienes todavía miran la educación adulta con vergüenza o temor: “Que se animen. La edad no importa. Lo que importa es aprender.”
Estudiar para recuperar autonomía
Lusmila Vegas, de 81 años tiene una historia atravesada por obstáculos personales, cuidados familiares y problemas de salud que dificultaron su paso por la escuela. Sin embargo, continúa: “Cuesta un montón, pero vengo igual. A veces falto por cuidar a los nietos. Pero no quiero dejar. Quiero aprender para valerme por mí misma".
Su motivación está directamente vinculada a la independencia cotidiana: "Cuando una va al banco ahora todo es computadora y no sé manejarla. Dependo de mi hija. Quiero aprender para poder hacerlo sola".
Quiero "que no tengan vergüenza. Que vengan. Algo van a aprender y la van a pasar bien", expresó con deseo para quienes dudan en sumarse a partir del ciclo 2026.
Una oportunidad que transforma vidas
El sistema de educación para adultos no solo proporciona certificación escolar. También construye autoestima, vínculos, autonomía e identidad. En aulas pequeñas y horarios flexibles, mujeres que durante décadas priorizaron el trabajo, la maternidad, la sobrevivencia o los mandatos sociales vuelven a sentarse frente a un cuaderno para demostrar que nunca es tarde.
La conclusión se repite entre estudiantes y docentes: estudiar cambia vidas. Y en Cipolletti, esa transformación queda en evidencia cada vez que se entrega un diploma a alguien que, a los 60, 70 u 80 años, se animó a empezar de nuevo.
El desafío para 2026 será sostener y ampliar estos espacios. El pedido de quienes ya pasaron por allí es que la comunidad conozca las EEBA, que más vecinos se acerquen y que la educación de adultos siga siendo una puerta abierta, porque aprender no tiene edad y en Cipolletti, hay mujeres que lo demuestran todos los días.
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