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Su hija sufrió anorexia y abrió un comedor para que a ningún niño le falte comida

Griselda limpia casas y abre la suya a pura solidaridad para darle de comer a la gente: “Cada vez vienen más”. La historia de una vecina ejemplar.

Para no perder la costumbre, estaba baldeando el comedor y la vereda cuando la contactó este medio. Justo ella, que tres días a la semana limpia casas ajenas, no podía descuidar la suya. Esa que en un acto de amor y generosidad le abre de par en par a cientos de vecinos orenses para que se lleven un plato de comida a sus casas.

Griselda Pavez (47 años) es la fundadora del comedor Adonai, situando entre los barrios Costa Linda y Costa Esperanza de la vecina ciudad. Lo inauguró en 2018 y admite que cada vez más familias recurren en busca de esa indispensable ayuda solidaria en medio de la feroz crisis.

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Antes eran los de bajos recursos, la clase humilde pero ahora se suman también personas a las que les cuesta llegar a fin de mes por la delicada situación del país. “Actualmente asistimos a más de 50 familias. Creció muchísimo la demanda. Vienen padres con 3 ó 4 chicos, matrimonios solos, abuelos, mamás con 6 ó 7 hijos, de toda clase…”, explica la cara visible de esta enorme acción solidaria.

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Griselda junto a las asistentes del comedor Adonai participan de eventos benéficos.

Griselda junto a las asistentes del comedor Adonai participan de eventos benéficos.

Ofrecen la vianda “lunes, miércoles y viernes, desde las 19 ó 19.30” y la idea es que cada cuál la consuma en su domicilio. “Viene un integrante con el tupper y se lo llevan a la casa para cenar con el resto de la familia”, acota quien fue distinguida como una de las mujeres del año en la vecina ciudad 2021.

La entrega no requiere de protocolos ni inscripciones previas. Es todo de corazón y confiando en que esas personas realmente lo necesitan. “No podemos dejar a nadie sin un plato de comida como está la situación hoy. A veces no llegamos, sacamos lo que tenemos en casa y le damos nuestro propio alimento. Nadie se va con tristeza de acá”, asegura Griselda para que se tenga una dimensión de hasta dónde llega su bondad.

Esos días en cuestión, desde las 16 comienzan a preparar el menú con Natalia, Paula y Camila, sus leales asistentes y Marcelo, un destacado chef que “nos ayuda, nos da idea para cambiar el menú, hacer tallarines de otra forma, etc. Alternamos entre guiso de arroz, de lentejas, fideos, chorizo a la pomarola, polenta…”, repasa la “carta”.

A propósito de ayuda, también reconoce la ayuda de Javier, un vecino cipoleño que “hace colecta con amigos todos los meses y compra de alimentos no perecederos en Vital para traernos. El vio la transparencia con la que trabajamos y le gusto. Ojalá se sume más gente para apoyar”, expresa su deseo.

Su hija tuvo anorexia y la inspiró

Adonai también se sustenta con donaciones de terceros, la Municipalidad que aporta los viernes 10 kilos de carne picada, una garrafa y alguna cosita más y un par de carnicerías del pueblo que también ponen su granito de arena con huesitos y cueritos de cerdo para los guisos”.

A Griselda le hizo un click cuando Bianca, la menor de sus hijas, se enfermó. El caso de la pequeña los movilizó. “Me quedé en casa para cuidarla y le consulté a mi marido qué le parecía de abrir un comedor. El primero se inclinaba por la merienda pero le dije ‘leche dan a todos, en una casa de amigo, lo de la abuela’. Pero a veces los niños no se alimentan bien…”, reflexionó entonces basándose en su propia y fuerte experiencia. Su compañero de vida, Omar, un empleado de seguridad, la comprendió y respaldó desde el vamos en esta noble causa.

“Bianca a los 4 años había aumentado en el año 200 gramos, en pleno desarrollo dejó de crecer, de aumentar de peso, eso derivó en problemas de aprendizaje, tuvo anorexia infantil. Ojo que estaba llena de comida, pero no tenía los hábitos, nosotros trabajábamos todo el día y no podíamos controlar en su alimentación. Eso le derivó en una discapacidad, le cuesta aprender, hablar pero la vamos sacando adelante”, explica.

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El comedor realiza colectas. Esta es la más actual.

El comedor realiza colectas. Esta es la más actual.

La sensibilidad social quizá la incorporó en sus propias y sufridas vivencias en su niñez. “Somos una familia grande, papá, mamá, 12 hermanos (8 mujeres y 4 varones), más 4 que criaron del corazón mis padres. En el tiempo de Alfonsín, 6 tuvimos que ir al comedor. Me acuerdo y me emociono, en casa nos daban de comer a los más chicos y los más grandes comían apenas unos porotos. Entonces, por todo lo que cuento, de grande contacté a Oro Solidario, a vecinas del barrio y así largué”, recuerda la también mamá de Mariela (26).

Su tarea le llena el alma: “Antes sufría dolor de columna, pero se me pasa todo con esto, es un mimo del corazón poder ayudar a la gente, lo hacemos sin pedir nada a cambio, cuando se van felices es lo más hermoso”.

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