Se incendió una casilla precaria en Barrio Nuevo: una hora de combate contra el fuego
Las llamas consumieron por completo la vivienda de madera y chapas. Los habitantes de la vivienda salieron ilesos del lugar.
Un incendio se desató en una precaria casilla durante la madrugada de este sábado en Barrio Nuevo, Cipolletti. Una dotación de Bomberos Voluntarios trabajó durante una hora para combatir el fuego que arrasó con la estructura de madera y chapas.
El siniestro tuvo lugar en una casilla ubicada sobre la calle Carlos Leuman, ubicado en la zona norte de Barrio Obrero. Los Bomberos Voluntarios de Cipolletti fueron alertados por un incendio de grandes dimensiones que se había desatado en la zona.
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Una estructura precaria que expone la vulnerabilidad del sector
Los Bomberos combatieron el fuego durante más de una hora para apagar definitivamente el foco. La casilla estaba compuesta por madera y chapas en una superficie de 25 metros cuadrados.
Los elementos inflamables de su construcción generaron pérdidas totales, ya que las llamas consumieron rápidamente la precaria estructura. Las pérdidas materiales fueron totales, ya que se quemaron los muebles, ropa y elementos del hogar.
Actualmente, los Bomberos efectuaban pericias para determinar la causa que originó el incendio. La principal hipótesis apunta a un cortocircuito producido por una sobre carga de tensión en la instalación de energía eléctrica.
Los habitantes de la vivienda, un hombre y una mujer alcanzaron a salir de la vivienda antes que se desaten las llamas, por lo que no sufrieron heridas.
Sin embargo, deberán buscar otro lugar para vivir y volver a comenzar de cero, en un trágico episodio que expone la vulnerabilidad de ciertos sectores de la sociedad, donde la pobreza, la falta de accesos a servicios básicos y a una vivienda digna, expone la cara más cruda de nuestra realidad.
Incendio en una casilla de El Salitral expone la crudeza de vivir en la marginalidad
La tarde noche del viernes 27 de septiembre se tiñó de humo y desolación en el barrio El Salitral, en Cipolletti. Pasadas las 19.30, dos dotaciones de Bomberos debieron acudir a la calle Puerto Argentino para sofocar un incendio que consumió por completo una casilla de madera y chapa de apenas 3 por 2 metros.
El fuego arrasó con todo lo que había en su interior: una cama, una mesa, sillas, un televisor, ropas varias y una salamandra. En pocos minutos, la humilde vivienda quedó reducida a cenizas. Allí vivía Rubén Vera, un hombre que desde hace dos décadas se dedica al reciclado y a la cría de animales de granja, y que ahora quedó sin nada.
“Perdí todo, lo poco que tenía”, le dijo con la voz quebrada a LM Cipolletti. “Creo que fue intencional. Necesito colaboración de la gente. Los vecinos me dieron una muda de ropa, una campera y unas botas porque se me quemó todo”.
El testimonio
Mientras observaba los restos humeantes de lo que fue su casa, Vera intentaba dimensionar lo sucedido. “Yo reciclo, junto metales y con eso vivo”, explicó, dejando al descubierto la fragilidad de su día a día.
El incendio no sólo lo dejó en situación de vulnerabilidad extrema, sino que volvió a poner sobre la mesa la precariedad en la que sobreviven cientos de familias que habitan El Salitral, un asentamiento ubicado a pocos metros del basural municipal.
Un barrio olvidado
LM Cipolletti recorrió la zona tras el siniestro y constató la crudeza de la realidad: calles de tierra, viviendas precarias levantadas con materiales reciclados, ausencia total de servicios básicos como agua potable, gas o electricidad segura.
Allí, la vida se sostiene a fuerza de solidaridad vecinal y de estrategias de supervivencia que bordean lo impensado. Ni la salud pública, ni la seguridad, ni las políticas sociales parecen alcanzar este rincón de la ciudad.
La toma de El Salitral no figura en los discursos oficiales y, sin embargo, forma parte del mapa urbano de Cipolletti. Es un barrio donde las estadísticas rara vez se asoman, pero donde la marginalidad se vive a diario con crudeza.
El incendio que dejó a Rubén Vera en la calle no es sólo una tragedia personal. Es, además, un reflejo de la deuda social que persiste en la ciudad, la existencia de sectores enteros donde el Estado no llega en ninguna de sus formas.
En Cipolletti, como en muchas ciudades del país, coexisten dos realidades que parecen no mirarse: por un lado, los barrios con servicios, infraestructura y acceso a derechos; por el otro, territorios donde la vida transcurre entre el abandono y la resignación.
Reconocer esa fractura y pensar en políticas que garanticen condiciones mínimas de dignidad para todos los vecinos es una tarea impostergable. Porque aunque muchos no lo quieran ver, El Salitral también pertenece a Cipolletti.
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