Muñeco Alarcón, un vecino con calle, barrio y mundo: los secretos de un bohemio querido de los dos lados del puente
“Todo me costó mucho y ahora disfruto”, dice Mario a punto de cumplir 60. El empresario gastronómico de Cipolletti y Neuquén repasa su vida. Fútbol, póker y...
Haciendo "la gran Cherquis Bialo", emulando a la leyenda periodística que falleció semanas atrás, podríamos preguntarnos: ¿Quién es Mario “Muñeco” Alarcón?, el popular vecino que este miércoles cumple 60 años y es querido de los dos lados del puente.
¿Es el exitoso empresario gastronómico -dueño de La Tartaruga y Nuevo Bar Americano- o es el tipo sencillo que no pierde la humildad ni su esencia de barrio?
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¿Es el apasionado (y campeón) del póker que viaja por el mundo a los torneos de elite o el que alienta en persona a los veteranos de las bochas en los encuentros nocturnos de clubes de la región?
¿Es el nochero o el familiero?; ¿Es el fana empedernido de River y Cipo o el vecino diplomático y correcto?
-¿Quién es Mario “Muñeco” Alarcón? (ahora se lo preguntamos a él mismo)
-(Risas) Bueno, creo que es un conjunto de todo eso. Soy por sobre todas las cosas un tipo normal, sencillo, devenido en comerciante gastronómico por circunstancias de la vida, porque me tocó invertir en eso, pero soy familiero, amiguero, futbolero. Un ciudadano común y corriente. Fanático de lo que hago, lo que hago lo hago con pasión y hoy en día el póker es mi gran pasión. Conservo a varios amigos de la infancia.
-Vivís en Neuquén pero sos cipoleño de pura cepa. ¿O no?
-Nací en Neuquén porque el médico de mi mamá la atendía allí pero viví en Cipolletti casi toda mi vida: en Irigoyen casi Kennedy desde los 6 años. Estudié en la escuela 33, hice el secundario en el Industrial de Cipolletti. Luego sí me fui a vivir a Neuquén con mi actual pareja, Mariela mamá de nuestro hijo Juanito. Cuando en aquel entonces venía a Cipo, de 10 personas conocía a 9. Con el tiempo me pasó que ha crecido tanto la ciudad que hoy ya hay a muchos que no reconozco. Antes era un pueblo chico, cambió para mejor.
-¿Familia trabajadora, de clase media la tuya?
-Totalmente. Mi viejo era taxista, yo a los 8 años tuve que salir a trabajar, vendía billetes de lotería hasta los 16. Mi vida estuvo muy marcada por el tema del juego. Vendía en los bares, en el Bar Americano, el Bar Cipolletti. Sorteaba los sábados y era el día que más se vendía ahí en el centro.
"Me iba caminando, a dos cuadras de casa había una canchita de fútbol y me quedaba con ganas de jugar pero tenía que laburar, quemé etapas y por eso hoy en día trato de disfrutar".
-¿Y respetaban en la calle a ese vendedor de billetes de apenas 8 años?
-Me respetaban y no había inseguridad, imagínate hoy un nene de 8 años con 100 mil pesos en el bolsillo, seguramente lo asaltan. Andaba con una carterita, un maletín chiquito, lleno de plata y nunca me pasó nada.
-¿Cuánto te sirvió esa experiencia? ¿Y qué le aconsejas a tu hijo que dispone de otras posibilidades?
-La escuela de la calle me sirvió, te da herramientas, tuve la suerte de canalizarla por el camino del bien. Lo hablo mucho con mi hijo. Le puedo dar lo que yo no tuve. El se dedicó a estudiar, se va a recibir en Economía en la Universidad Nacional del Comahue, la Universidad Pública es lo más grande que existe. La madre no lo deja hacer otra cosa hasta que no traiga el título a casa… No tiene la escuela de la calle pero sí otras herramientas y será profesional en breve si Dios quiere.
-¿Cómo surgió el apodo de Muñeco?
-Me lo puso un amigo de hace muchos años -Salvador Pascual Cayetano Sabatino, le decían Chasman-, muy conocido por todos, cuando yo era adolescente e increíblemente surgió en el Bar Americano, que hoy es Nuevo Bar Americano y soy uno de sus propietarios. Pasaron más de 40 años y me quedó. Muchos no saben ni como me llamo, desconocen mi verdadero nombre.
-¿Por qué te vinculaste al mundo de la gastronomía?
-De casualidad. De chiquito hice de todo. Trabajé en varios rubros, comercios, como empleado. A los 21 tuve mi propio negocio. Era empleado de Massalin Particulares, ellos tenían la distribuidora de Marlboro y acá estaba la casa central ya que era distribución directa. Con el tiempo cambiaron la modalidad y pasó a ser sub-distribución. Tras una especie de indemnización, nos dieron la posibilidad de tener nuestra propia zona. Pero tuvimos que formar una SRL, no fue fácil, me hipotecaron una propiedad, recuerdo que arranqué con un vehículo debiéndolo, una Ford Ranchero. Le entregué a mi papá un Taunus que tenía y le quedé debiendo. Con el tiempo fui creciendo.
-¿Ese era tu primer vehículo?
-No, el primero fue un Fiat 600 que trajo mi papá en el tren cuando cumplí 18 como regalo sorpresa. Que monstruo el viejo.
-¿Y de los "puchos" a los restaurantes como llegaste?
-Cambié de rubro, puse un bowling en Neuquén, una confitería. Había cerrado un par de años ese lugar, lo reabrí y explotó. Estaba en San Martín 159, frente al Parque Central. Fue una etapa linda, hay historias hermosas. Con dos amigos ganamos la Copa de Oro de bowling en Mar del Plata, que era el torneo más trascendental que había por invitación. Jugué varios campeonatos argentinos. Después tuve un pool, transité también por la política en algún momento en el gobierno de Jorge Sapag…
-¿Está complicado hoy en día el rubro gastronómico?
-Una época difícil, ha caído el consumo, los salarios están más bajos a nivel general. Más allá de las banderías políticas, uno desea que haya trabajo, que no pase hambre la gente. Entre ambos comercios daremos trabajo a unas 25 personas. Franco y Silvia (empleados), por citar algunos, son dos personas adorables que me acompañan en Nuevo Bar Americano. Un agradecido de rodearme de esta gente, son de una calidad humana, los quiero mucho. Son clave cuando viajo.
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Mientras repasa su historia, suena Los Caminos de la Vida de Vicéntico, “uno de mis temas preferidos”. Y sigue la charla.
-¿Una alegría y una tristeza en la vida?
-Alegrías muchas; tristeza la muerte de mis padres. Me ha pasado de todo, soy agradecido a Dios, a la vida, al Universo por haber pasado por todo lo que pasé para tener el presente que tengo. Soy muy agradecido a todo, estoy muy feliz con lo que hago, con la familia que tengo, con los seres que me rodean.
-¿Un sueño cumplido?
-Como jugador de póker, jugar en Las Vegas. Había viajado por todos lados con el póker, jugué en Europa, en Brasil, en Viña del Mar, en Punta del Este, en Panamá, pero me faltaba Las Vegas. Un sueño cumplido, si Dios quiere voy a volver. Las Vegas una ciudad maravillosa, tenía expectativas y superó todo.
-¿Cuándo nació esa pasión por el póker?
-Comencé como la mayoría de mi edad, jugando póker cerrado en los clubes, con amigos. Con el tiempo, año 2008 empezaron a hacer torneos de Texas Holdem. El Póker tiene muchas modalidades y esa es la más tradicional tanto presencial como ‘online’. Es un juego que me atrapó, lo comencé a jugar en el Casino de Cipolletti y fui aprendiendo.
-¿Qué tiene que atrapa tanto incluso a figuras de otro deporte?
-La gente lo toma como si fuera una timba. Lo relaciona con eso porque la mayoría de los torneos se juega en los casinos. Muy lejos de ser una timba, en muchos países está declarado deporte mental y con el tiempo se está gestando para declararlo como deporte olímpico.
Tiene un componente de azar pero hay mucho de estrategia, de habilidad. A la larga, salvo excepciones, ganan los mejores. Es como la vida, tenés que estar permanentemente tomando decisiones. Te hace pensar mucho, reflexionar, tomarte tu tiempo. Para estar en sintonía y en competencia real tenés que estudiar, hay muchos factores que inciden como una alimentación adecuada. Hay jugadores profesionales que tienen preparación física, psicólogo, nutricionista. Es tremendo el nivel de exigencia.
-¿Y la familia te banca esta locura por el póker?
-Mi señora me apoya en todo, es la que me prepara el bolso, saca pasajes, organiza estadía, la que me sigue por las redes. Es mi fan número 1. Una genia.
-El Millonario y el Albinegro son tus otras pasiones.
-A Cipo lo iba a ver desde que tenía 6 ó 7 años, vi a Huracán del 73 contra Cipo. Lo tengo tatuado en mi corazón, va más allá que incluso lo de River. Y mirá que al Millo lo seguí hasta el Mundial de Clubes… Me gusta el Chacho Coudet como DT más allá de lo que pasó en el Superclásico.
-Cuándo soples las velitas por tu cumple 60, ¿qué vas a pedir como deseo?
-Mi mayor deseo es que haya paz a nivel mundial, una locura todo lo que está sucediendo, que tengamos guerra en esta época.
Mario Alarcón, un tipo querido de los dos lados del puente. El Muñeco llega a los 60 y lo saluda toda su barra.
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