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Luchador incansable: por qué el histórico peluquero de Cipolletti a los 73 años se dedica a la venta callejera

Trabajó 38 años en la Municipalidad y hasta escribió un libro. Hace pocas semanas decidió volver al ruedo como vendedor ambulante. El pedido de ayuda para su hijo con discapacidad.

La mañana lluviosa y gris del viernes se presta más que nunca para unas tortas fritas. Y Simón Cabrera (muchos lo conocen por Hugo, su segundo nombre), lo sabe. Por ello bien temprano ya está allí, en la vereda de Mengelle y O' Higgins para satisfacer la demanda de su amplia clientela.

A los 73 años este histórico trabajador de la Municipalidad de Cipolletti y a la vez ex peluquero sumamente conocido se levanta a las 4 de la mañana y también elabora budines por dos razones fundamentales: “la plata no me alcanza, tengo un hijo con capacidades especiales del que ocuparme, y aparte si me quedo en mi casa me muero”.

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El personal de Leben Salud, dada la cercanía con el Sanatorio, forma fila para comprarle. “Doc y usted con qué autoridad luego me pide que me cuide del colesterol”, bromea un paciente a ese médico al que justo “enganchó” saboreando unas deliciosas tortitas.

Y este popular vecino devenido en vendedor ambulante esboza una tímida sonrisa, no vaya a ser cosa que se enoje el reconocido profesional que se dejó tentar por el manjar.

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Hugo, como lo conoce la mayoría, con una fiel clienta. Las ventas le sonríen.

Hugo, como lo conoce la mayoría, con una fiel clienta. Las ventas le sonríen.

Pulcro, prolijo y atento, utiliza guantes, delantal y entrega servilletas junto a la mercadería que traslada en el baúl de un Fiat Cronos negro que “aún estoy pagando” y exhibe en una mesita en la que despliega un colorido mantel.

Es reciente su emprendimiento. No le quedó otra porque como a tantas personas, “me cuesta llegar a fin de mes”.

“Empecé hace pocas semanas, aunque no es un rubro nuevo para mí pues fui panadero desde los 9 años. Me jubilé de la Municipalidad con 38 años de servicio y no me alcanza, vamos a ser sinceros. Si quiero pensar en salir de viaje un día no puedo. Aparte tengo un hijo discapacitado. Lo que ganó con la jubilación se me va en la cuota del auto”, argumenta tras despachar a una madre que llevaba a su pequeño al IPA.

Así es la venta callejera del histórico peluquero

Vendo tortas fritas y budines, marmolados y de vainilla. Los tengo los 2 por 9 mil o 5 mil cada budín y las tortas fritas igual: cada bolsita de 6 cuesta 5 mil y si no las 2 (una docena) por 9 mil”, repasa sus productos e informa los precios.

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Cabrera lleva la mercadería en el baúl del Fiat Cronos:

Cabrera lleva la mercadería en el baúl del Fiat Cronos: "Lo que ganó en la jubilación se me va en la cuota del auto".

“Arranco a las 4 ó 4.30 de la madrugada porque hay que cocinar y luego tengo que dejar que se enfríe todo para poder envasarlo. Esto lo hago con amor”, señala horas antes de cumplir con el ritual sagrado de la reparadora siesta.

Memorioso, recuerda con lujo de detalle su amplia y variada trayectoria laboral. “Entré a la Muni el 1/7/1980 y me jubilé en 2017. Primero fui inspector de Comercio, luego pasé a Bromatología también de inspector y en los últimos 12 años estuve en el Juzgado de Faltas de calle Brentana atendiendo al público. Peleando un poco con la gente, jaja”, dice.

De su paso por algunas de esas áreas comprendió que la higiene es clave en su tarea actual. “Soy prolijo porque me quedó todo en la cabeza del laburo en Bromatología. Soy prolijo en mi casa y acá también”, explica y todo luce impecable en su pequeño espacio en la vereda.

Los mil y un oficio de este personaje popular de Cipolletti

“Le sumé hace poco una mesita porque si no tengo que tener el baúl del coche abierto”, le aclara a LM Cipolletti y un colectivero que lo conoce de algún lado le toca bocina.

Simón a la vez sigue cortando el cabello a domicilio: “Tuve 24 años peluquería en mi casa en el barrio San Lorenzo. Venía gente de todos lados. Luego mi hija andaba a los ponchazos, la dejé que ampliara la casa y ahí cerré. Pero voy a cortar afuera cuando me llaman”. El conserva aún voluminosa cabellera y no se tiñe.

“También soy masajista terapéutico, algo que estudié de joven. Pero esa te la debo, masajes no hago porque necesito camilla y aparte si hago masajes, después me tienen que hacer masajes a mí de los calambres que me agarran”, tira con sentido del humor.

La sufrida historia del vendedor ambulante

“Soy de San Rafael, Mendoza. Vine a los 13 años solo, con otros vagos que al día siguiente querían regresar. Llegué con medias y zapatillas rotas y la panza vacía”, recuera las carencias y se emociona.

Es que nunca le sobró nada. Pero más allá de lo económico, le faltó el cariño de un padre. “Somos 5 hermanos, mi papá era policía y cuando yo tenía 7, limpiando el arma se le escapó el tiro y falleció”, revela y hace una pausa para atender a la extensa clientela (“dicen que me voy temprano pero es que vendo todo jaja”).

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La rompe con los budines y las tortas fritas.

La rompe con los budines y las tortas fritas.

“Apenas llegué trabajaba en un aserradero. Vivía en un barrio, jugando a la pelota. Me despegué de mi mamá de chico y encaré para estos lados. Un hermano se vino antes que yo, acá nos juntamos y vivíamos en el Pichi Nahuel, alquilábamos la única casa de adobe que aún está…”, resalta el papá de Hugo César, Bruno Sebastián y Victoria Andrea.

Casado con Patricia, su compañera de la vida, hoy es más cipoleño que mendocino: “Quiero volver a Mendoza porque soy muy familiero y me quedaron parientes allá. Pero de visita, porque amo Cipolletti, no puedo vivir dos semanas afuera de esta hermosa ciudad”.

Su otro rebusque

Hincha de River y de Cipo, se jacta de conocer al actual presidente del club, Luca Mancini porque “también ofrezco imanes, almanaques, remeras para empresas o emprendedores. También en ratos libres vendí rifas del club Cipolletti -jaja-“.

Por tantos rubros que pasó, experiencia acumulada y anécdotas, se decidió y animó a escribir un libro. “Fue hace dos años. ‘No es tu vida, es la mía’, se llama. Sentí ganas de escribirlo, con tanto que la vida me enseñó… Yo podría haber sido un ladrón de guantes blancos y sin embargo soy un laburante, un sobreviviente de la vida y estoy feliz. Todavía puedo sentirme útil, con todo lo que hago”, celebra.

Libro de Hugo Cabrera

“Mi vida refleja que se puede pero hay que tener ganas. Cipolletti una ciudad hermosa, pujante, la conozco desde que todo era chacra. Tantos personajes como la familia Herrera que eran constructores e iban a la peluquería. Cortar el pelo a domicilio, que me busquen hoy en día para comprarme las tortas fritas, me encanta”.

Luchador incansable, ejemplo inspirador, reflexiona: “El que quiere salir adelante tiene que poner el lomo, no queda otra y aún así está difícil. Pero hay que intentarlo”.

El ruego a todo Cipolletti del vendedor ambulante: ayuda para su hijo

“Mi hijo padece anacusia severa, cierto autismo también y ando buscando ayuda. Lo tienen que dormir para hacerle un estudio, un arreglo urgente en la boca porque le duele la muela y es algo costoso”, expone ese motivo de enorme preocupación que tanto lo perturba.

Y avisa que no bajará los brazos hasta resolver la situación. “No me gusta golpear puertas, pero cuando se trata de un hijo no me pongo colorado. Estoy desesperado porque no se le calma el dolor, quiero que me escuchen”, finaliza Simón Hugo Cabrera. Cualquier ayuda le vendrá al pelo, justamente, a este histórico y querido peluquero que hoy la rompe con las tortas fritas y budines.

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