Leyenda del fútbol, José Parra se jubiló como portero de escuela: el gesto en plena despedida que lo enaltece
Llegó la hora de descansar para el hermano del Chala y Miguel. El emocionante pedido de disculpas en pleno discurso. Anécdotas y la nueva etapa.
Entre la felicidad por la nueva etapa y la nostalgia por la que se cerró. Entre los mimos de sus seres queridos al volver a tenerlo en casa “full time” y el pedido de que no se retire de sus ex compañeros y alumnos. Entre anécdotas divertidas y el crudo relato del drama socioeconómico que se vive en las escuelas barriales como en la que trabajaba.
José Parra (65 años), una leyenda del fútbol regional, el que bailó al Quique Hrabina, el que sufrió también el rigor del Tolo Gallego (“me fracturó de un patadón”) cuando Cipo estaba en Primera, acaba de jubilarse tras toda una vida como portero de la ESRN N° 120.
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El hermano del Chala y de Miguel, el querido vecino de las 130 viviendas de nuestra ciudad, accedió a contar sus sensaciones de este momento tan especial a LM Cipolletti mientras andaba de visita por la casa de su mamá Zulema en Fernández Oro.
“Fue muy lindo, muy emocionante. Me cuentan que hace días que los chicos lloran y ahí me cae la ficha: ¿tan fuerte fue el lazo que se generó?”, reflexiona y Vane, la mimada de la familia, le ceba otro mate.
Una semana repleta de sorpresas. “Un día veo el teléfono y decía ‘felicitaciones José, usted se ha jubilado’… No sabés el grito que pegué, lo que lloramos con Angie -así llama a su esposa Angélica- porque lo estaba esperando hace tiempo”, revela este fanático de la pesca que deleitará con sus recuerdos.
“De la escuela me dijeron que tenía que pasar a firmar un papel. Y cuando llegué habían armado todo. Fue el miércoles, estaban los profes de la tarde, de la mañana, en la sala de bibliotecas hay 8 mesas de 12 personas cada una y no cabía un alfiler, fue una emoción muy grande”, repasa y ya empieza a sensibilizarse…
Un gesto en pleno discurso que lo pinta de cuerpo entero
En pleno discurso de despedida en el colegio, admite que se redimió ante una compañera con la que tuvo una excelente relación siempre pero con la cuál se habían enojado tras una furiosa discusión.
“Hablaba y atrás mío estaba Andrea, secretaría histórica, la que lleva los papeles, con la que hace meses discutimos fuerte por cuestiones del día a día y la locura con la que vivimos. En un momento hice un alto y dije que quería pedirle perdón a una compañera con la que pasé más de 20 años divinos. Un día nos peleamos pero hoy sé que fue error mío. La Andre se emocionó, nos abrazamos, lloramos y se vino abajo la escuela”, repasa la emotiva reconciliación.
Cuando pegó el faltazo, se fue a pescar y se cruzó a la Dire en la ruta…
En tantos años su conducta fue intachable aunque siempre hay alguna excepción, una licencia, máxime el día del cumpleaños. Resulta que tras la insistencia de su sobrino Diego y amigos, una mañana faltó a la escuela para irse a pescar.
Con tanta puntería que a mitad de camino, en plena ruta, lo descubrió la directora. “Era febrero, mucho calor. Quién no para en Piedra del Aguila a cargar nafta, etc cuando va para esos lados. Me bajo y suena el teléfono. Era Marta Seguel, la directora de la escuela. Me dice ‘José, lo quiero saludar por su cumpleaños e informarle que está sonando la alarma en la escuela’. Me pegué un susto, no sabía qué decirle, transpiré como loco y fui con la verdad”, rememora la apremiante circunstancia.
Lo que viene, una coincidencia increíble y un gran gesto de la dire. “Mire directora, yo le voy a decir la verdad. ‘Me invitaron a pescar, no estoy en Cipolletti…”, le blanqueé.
La respuesta, un reconocimiento de esos que no abundan, lo dejó helado: “Gire su cabeza hacia el surtidor, acá lo estoy observando. ¿Me ve? Vaya y disfrute de la pesca que usted se lo merece”.
También los recuerdos tristes y un drama en escuelas barriales
Lamenta la difícil situación de carencias que padecen algunos alumnos:
“La cocina es el confesionario. ‘Anoche peleaban mi mamá y mi papá y me quería meter debajo de la cama’, cosas así me contaban los pibes”, dice y los ojos se le humedecen.
La tarde a apagarse pero la rica charla con José aún no se termina: “Un día la otra portera tenía una panza gigante y me tira: ‘Viejito rompí bolsa’… Mamá, casi me mató de un infarto. El grito que pegué y por suerte salió todo bien”.
Hace una mención especial a Leonardo Lizondo, un profe al que aprecia mucho. “Cuando me notaba un poco alterado o estresado, me aconsejaba, me decía que le hacía recordar al padre, son las cosas lindas de la vida”, destaca.
Pesca y fútbol, sus dos pasiones
Hábil jugador en la época dorada del Albinegro, no se achicó ante defensores ásperos como Enrique Quique Hrabina, cuando antes de pasar a Boca estaba en San Lorenzo, Pedro Damián Monzón (Independiente), Ariel Montenegro y el Tolo Gallego (River), entre otros.
“El Tolo me fracturó mal. Nos iban ganando 2 a 0 y cuando voy por la mitad de la cancha me tira ‘ey, cabecita negra, no corras más que ahora vas a sacar del medio de nuevo’. Yo le contesté con una grosería y enseguida me atendió… Anécdotas del fútbol”, evoca entre risas. Y doña Zulema mueve la cabeza como diciendo ‘no podés…”.
Su otra gran pasión, más que un hobby, es la pesca. “Me van a salir escamas en las piernas -risas- voy siempre con mis hermanos, sobrinos, antes con mi viejo, pescadores de toda la vida. Ahora, pescador como mi hermano Claudio -ya no está en este mundo- no había ni habrá ninguno”, asegura con convicción.
Qué hará en su nueva vida
“Ahora a disfrutar, tengo una felicidad que no la puedo describir. Se lo merece también mi señora, pilar de la casa. Y mis hijos: Matías que jugó en Cipo, Martín, Emanuel, Luciano que relata los partidos y Sebastián que es kinesiólogo. También mi hija Patrica que está siempre. La felicidad de llegar a casa el día que me jubilé y que mi señora, mis hijos, mi mamá me saluden fue indescriptible. La viejita y Vane son otros pilares de mi vida, genias totales”, reconoce y parece que le entró otra basurita en el ojo…
“A mis hijos les recalco que ser humilde y respetuoso no cuesta nada y te da muchos dividendos; vi pibes que se drogaban y les hablaba y ahora están bien, otros que no se pudieron rescatar, a las pibas les recomendaba que no se embaracen pronto, que estudien, trabajen, disfruten. La vida pasa rápido, soy un abuelo baboso”, culmina.
Se despide de la escuela y ahora también de la entrevista. Su vida laboral le dejó recuerdos imborrables y amistades para siempre. No fue al Pepe, José. ¡Felicitaciones, crack!
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