La increíble historia de un cipoleño y una francesa unidos por el hilo rojo
Se conocieron de casualidad en Perú, ambos ciclistas-mochileros, y no se separaron más. Anécdotas y la apasionante vida que llevan a puro amor en la ruta.
Pedaleando con el último aliento y lidiando con el caótico tránsito de Juliaca, Perú, llegó Clémence a “la casa del ciclista” de Giovani, un acogedor lugar que recibe y brinda hospedaje a los viajeros que andan de pasada en bicicleta como ella por esa ciudad sudamericana.
Ese día de 2019 llevaba justo un año con la nueva vida aventurera, tras renunciar al confort y las comodidades de su trabajo y emprender desde su Francia natal un camino totalmente distinto y mucho más apasionante, bohemio y relajado.
Te puede interesar...
Cruzó en avión y barco varios “charcos” hasta llegar a Colombia y allí se compró la bici con la que arribó al cálido alojamiento incaico. Que circunstancialmente, por compromisos de su propietario, estaba a cargo de Facundo, un joven cipoleño que creer o reventar protagonizaba un caso similar y le abrió las puertas de par en par.
Como si se hubieran alineados los planetas, el recinto que suele estar repleto en esa jornada no albergaba a nadie. Y eso de alguna manera facilitó el conocimiento más allá del idioma. Nacía una hermosa historia de amor y de vida que ambos comparten con LM Cipolletti. No se separaron más. Nada ni nadie los detuvo. Unidos por el famoso hilo rojo…
“Por ahora anduvimos más de 17.000 kilómetros en bici por Sudamérica en 2019-2020 y por Europa entre abril y diciembre 2024. Pensar que nos encontramos viajando cada uno solo en bici”, aseguran quienes a pura simpatía se definen como una “pareja franco-argentina, de unos treinta y tantos años y con pantorrillas ya bien formadas. Ahora última hemos estado en movimiento desde inicios de 2024 después de dejar nuestros respectivos trabajos, la casa confortable provista por el empleador de Clémence en la cuál vivíamos y el cómodo estilo de vida sedentario que esto conlleva”.
“Yo soy de la zona de Nantes, nací en Bretaña. Al iniciar esta travesía crucé en avión desde mi país a Islas Caribes porque hubo una tormenta y el catamarán perdió el control. A la vuelta sí lo hice en bote y tardé cinco meses jaja. Al llegar a Colombia me compré otra bicicleta, con la que fui a Ecuador y luego a Perú. Totalmente sola”, cuenta la europea, ya casi en el final de la visita a la casa cipoleña de sus suegros (“les agradezco de corazón como me tratan”).
“No hablaba español, solo alemán e inglés aprendí en Francia, pero con Facu hubo química de entrada, nos llevamos bien. Era por unos días que yo me quedaba y pasamos como una semana y ya iniciamos viaje juntos. Y no nos separamos nunca más”, agrega al remontarse al inicio de la relación.
Ella había resignado empleos bien rentados y Facu había dejado el suyo en Neuquén. Además de utilizar los ahorros, porque aclaran que todo es a pulmón, van realizando tareas esporádicas “como limpiar, cuidar mascotas, casas y cosechar frutas” para solventarse los viajes.
“No olvides que nosotros trabajamos cuatro años para ahorrar plata. No es que tenemos dinero, herencias… Es un sueño que cumplimos cada día porque lo soñamos, está bueno decirlo para que la gente sepa que es posible para todos. Elegimos esta vida atípica, diferente, que tanto nos apasiona. Facu tiene visa en Francia lo que le permite trabajar en Europa, a veces paramos dos ó 3 semanas para cosechar frutas, verduras, limpiar y luego seguimos viaje”, deja en claro quien nació en la tierra de la Torre Eiffel y de Mbappé.
Imperdibles anécdotas viajeras
“Tenemos miles de historias y anécdotas. Pero una que nos pasó en España un 29 de octubre fue mortal. En Valencia rumbo a Cuenca, nos agarró una tormenta infernal. El clima no estaba malo, ni siquiera lloviendo, nada hacía prever un temporal como el que nos sorprendió en una sierra, en la montaña. Durante 80 kilómetros fue un sufrimiento, un susto, un miedo que ni hablabámos entre nosotros. Ibámos con todas las cargas, 30 kilos cada uno con la carpa, la cocina, la mesa. Lluvia, granizo, caída de ramas, fue tremendo. Por suerte zafamos”, rememoran la odisea.
A propósito de las dificultades, el muchacho que se crió en el barrio San Pablo repasa otro sobresalto con una sonrisa: “Lo más complicado que puede generar un poco de estrés es pensar dónde vamos a dormir, depende la hora que nos agarre. Una que nos pasó en Croacia fue que se estaba haciendo de noche, en la costa y no se podía armar “camping salvaje” o encontrar un camping porque eran caros o estaban llenos. El problema de la lengua, que ninguno de los dos hablaba croata, nos complicó aún más. Finalmente, en un campo de olivos con señas nos hicimos entender por un campesino que nos dejó armar la carpa y dormir allí. Siempre encontramos algo”.
Pese a eventuales contratiempos, ambos se consideran “afortunados, los dos nos encontramos viajando en la ruta, sin saber que del otro lado del mundo íbamos a conocer nuestro amor, a alguien con la curiosidad por descubrir otras culturas del mundo, viajar en bicicleta oleando la naturaleza, disfrutando cada movimiento. No tenemos hijos porque la vida nos lleva a la ruta, hay de alguna manera ‘hijos en el camino’ que pueden llenar el corazón de amor”, reflexionan con emoción.
Facu, aquel el pibe que un día con 26 años pateo el tablero, dejó el laburo de responsable en un ecomuseo y se tomó un colectivo hacia Córdoba y allí empezó a hacer dedo con la mochila sobre el lomo, confía que “por día recorremos entre 60 y 80 kilómetros, depende del clima, del desnivel, cómo está la ruta, qué vamos a hacer. Muy temprano nos levantamos, pedaleamos todos los días, paramos solo a comer”.
Avisan que pese a este particular estilo de vida, no se desentienden de la familia: “Cada vez que nos necesitan volvemos”.
Clémence conoció Argentina y Cipolletti en un contexto angustiante. “En marzo del 2020 llegamos a Londres, un pueblito de Catamarca, en bicicleta y nos agarró la pandemia. Igual me encantó el norte, Tilcara, Humahuaca. Hasta que conocí Cipo si bien estuvimos encerrados en los de mis suegros, que me abrieron puertas de su casa y corazón cuando ni me conocían”, destaca la francesa.
Más allá que desde entonces van y vienen por el mundo, la atrapó la idiosincrasia y la naturaleza argentina y patagónica. Y este domingo ya regresan al Viejo Continente con un dejo de nostalgia, especialmente él. “Me encantó la cordillera, también el mar, Las Grutas, San Antonio Oeste, Barreales. Nos bañamos, disfrutamos, en este último viaje nos quedamos dos meses y medio y el domingo vamos a salir para Francia”, adelantan.
Así vivieron la final del mundo en Francia: “No grites los goles que…”
Ni siquiera la final del mundo entre sus dos países los dividió. Es que “ambos hinchamos por Argentina. Mi familia es más del rugby pero en fútbol le voy a Argentina. Y para colmo estuvimos en Francia, en Bordeaux en un bar de argentinos, que estaban por todos lados pero obvio también lleno de francesas. Yo gritaba cuando Argentina convertía, allá hay que decirlo no es la misma pasión que acá. Y Facu me rogaba, ‘tranca que nos van a matar tus compatriotas, jaja-. La pasamos re estresados los dos, fue infartante y una locura lo que se festejó. A los 2 ó 3 días teníamos el vuelo hasta Buenos Aires y luego a Neuquén, una fiesta total, una locura, globos celestes y blancos en el aeropuerto, Messi por todos lados…”, describe Clémence y eriza la piel de los futboleros.
El proyecto Facleta
Promueven el proyecto “Facleta, Facu, Clemence y dos bicicletas”. ¿Hasta cuándo vamos a viajar? No sabemos. Pero lo más largo posible, esperamos. Lo que sí saben es como sería la hoja de ruta, si bien no tienen itinerario y se dejan llevar “por los caminos, el clima, la vida misma”.
“En pocas semanas saldremos de Francia, nos dirigiremos a los Balcanes, Asia Central y el Sudeste Asiático. Duración del viaje: 2 años como mínimo. Si sigue más, ¡mejor todavia! Haremos como mínimo 600 kilómetros que en Francia equivale a cruzar la mitad del país. Trabajaremos dos o tres semanas en la limpieza, queremos disfrutar los paisajes que hay en Serbia, en Croacia, de ahí a Grecia y a Turquía en bici por la sierra y luego hacia Asia Central”, resumen el futuro recorrido.
Claro que por más fascinante que suene a Facu siempre le cuesta arrancar. “Pasamos dos meses acá en Cipo, me cuesta irme, ya empiezo con las costumbres de siempre, cuando uno viene 15 días es un toco y me voy, pero siempre cuesta partir. Está la familia, los amigos de mi infancia, agarra un poco de melancolía pero es un sueño que estoy cumpliendo, soy afortunado de hacer lo que me gusta. Lo bueno que sabemos que cualquier cosa por la familia uno toma el avión y vuelve enseguida”, culmina con los ojos vidriosos.
Facu y Clemence, un poco de amor francés para el cipoleño y mucha aventura para ambos. ¡A seguir disfrutando chicos y felicidades!
Para seguirlos en Instagram: facleta_enrouelibre
Leé más
Se rindió Don Diego: después de más de 30 años cierra histórico comercio del centro de Cipolletti
Recuperan en una toma de Cipolletti el Hondita robado en Neuquén
Polémica en Cipolletti por una tortuga perdida: por qué nadie quiere que se la devuelvan al dueño
Noticias relacionadas
Lo más leído
















