Adoptaron a una perrita y la devolvieron porque hacía pozos

Amarilis es una perra que hace apenas unas semanas regresó a Funpabia Cipolletti porque la mujer que la había adoptada no la quiso más. Las proteccionistas lamentaron el caso y recordaron que los animales no son cosas que se puedan devolver, porque sienten y sufren.

Amarilis es una perra hermosa, muy buena y mimosa, pero la mujer que la adoptó para que viviese con ella y un caniche no la quiso tener más. Como hacía pozos en el patio de su casa, la devolvió a Funpabia Cipolletti.

Las proteccionistas comunicaron el caso con mucho pesar, ya que estaban seguras de que Amarilis había encontrado una familia que la cuide y un hogar. Incluso festejaron que la mujer adoptante se haya interesado por ella, porque hacía tiempo que estaba con ellas. A la fundación había llegado hace un año y medio atrás, porque se encontraba en situación de calle, muy flaca y en celo. Las proteccionistas la catastraron, quedó con ellas y hace dos meses, aproximadamente, habían facilitado su adopción en un hogar que conocieron y aparentemente reunía las condiciones para que fuese feliz.

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“Nos re alegramos que después de tanto tiempo preguntaran por ella. Pensamos que era la adopción perfecta”, expresó Valeria Martini, de la fundación.

Sin embargo, su familia no se adoptó a ella ni le tuvo paciencia, y al poco tiempo la quiso devolver. “Nos encantaría que las adopciones sean para siempre. Por eso, cuando pedimos adoptantes, ponemos ´responsables´. No son objetos que se puedan devolver, son seres que sienten y sufren”, recordaron las proteccionistas en su cuenta de Facebook.

Martini advirtió que es muy común que los perros hagan pozos. Incluso, dijo que lo hacen en los caniles; o rompen plantas o muerden zapatillas. “El perro a veces se aburre o por los cambios se estresa y rompe cosas. Pero hay que tenerle paciencia, porque se va adoptando; hay que darle la oportunidad de que aprenda; en lugar de devolverlo a un canil”, pidió.

Lamentablemente, comentó que no es la primera vez que les ocurre con un perro; y mientras más tiempo pasa con la familia que lo adoptó y luego decide devolverlo, más se estresa, con consecuencias negativas para su salud.

En efecto, por los cambios que pasó Amarilis en poco tiempo, perdió peso, se la veía muy triste y comenzó con una dermatitis que las proteccionistas pudieron tratar. “El lugar de un perro no es un canil, sino una casa con una familia”, indicó Valeria.

Amarilis es una perra adulta, tamaño labrador, cruza shar pei, que debe tener entre tres y cuatro años. Es muy buena, se lleva bien con perros machos y hembras, es súper mimosa, muy tranquila y le gusta acostarse al sol. Si hay niños no muerde, defiende su lugar y esta alerta ante la presencia de extraños, pero después es muy tranquila. “Es un amor”, sintetizó Valeria.

Si bien está muy cuidada en la chacra que tiene la fundación, con comida y agua a diario, y en contacto con otros canes, lo ideal sería que pudiese encontrar un hogar donde la amen. Cualquiera que se interese por ella, se puede contactar con Funpabia Cipolletti en la red social Facebook.

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