Quejas por abandono de animales en la perrera

Un perro que murió hace días se pudre en un contenedor de basura.

La situación en la guardería canina de la Isla Jordán se agrava. En un contenedor de residuos hay un perro muerto hace unos cuantos días, en avanzado estado de descomposición y liberando un olor insoportable. En lo que va del año ya han muerto más de 20 canes albergados en el predio, por diferentes causas, casi siempre relacionadas con el hacinamiento, las enfermedades, las peleas feroces y el descontrol reinante.

El grupo de voluntarios que dirige María Acosta ya no sabe qué más hacer para mejorar las condiciones en que subsisten los más de 500 perros en custodia del Municipio.

A raíz de la última denuncia que presentó el sector por falta de agua para los animales durante varios días, una fiscalía judicial entabló un proceso de mediación entre los voluntarios y el Ejecutivo, pero todavía no se ven los frutos.

Mientras, en el refugio canino se mantiene la incertidumbre. El perro muerto arrojado al contenedor echaba tanto hedor, que Acosta tuvo que taparlo como pudo, pero aun así la pudrición sigue su marcha, acelerada por los calores y la humedad de la primavera.

La referente dijo que recientemente falleció otro perro y ella se encargó de sacarlo del predio para que se pueda disponer del cadáver de una forma adecuada, como residuo patológico. Hasta hace no tanto tiempo, en la guardería se enterraba a los canes directamente en el suelo, donde se han acumulado cientos y cientos de cuerpos cuya descomposición ha contaminado la tierra y las napas con consecuencias de temer para el ambiente.

El problema es que las instalaciones, por la falta de una adecuada atención, ya son un foco infeccioso, no sólo por los perros enterrados sino por los que sobreviven. Cunden pestes como la sarna, reinan las garrapatas y las pulgas, campean las ratas a sus anchas, el riesgo de un brote de la temida rabia no se puede descartar, los perros hacinados se agreden y lastiman, y los voluntarios sufren porque sus esfuerzos chocan contra las paredes de la realidad.

300 gramos de alimento le dan a cada perro por día.

Es lo que cabe en una taza. Para la mayoría de los canes, grandes y activos, es muy poco. No se puede saber si comen todos. Sábados, domingos y feriados no hay personal para alimentarlos.

Supervivencia como en la selva

Sólo unos 150 perros del refugio canino tienen caniles. El resto sobrevive como en el interior del predio de Isla Jordán. Hay un grupo numeroso que permanece encerrado todo el día en unas cuchas que parecen jaulas. Duermen, comen apenas y defecan en sus celdas. Los sin caniles subsisten al aire libre, comen lo que pueden y hacen sus necesidades donde quieren. En el lugar, no hay iluminación adecuada, el suministro de agua no es el mejor, no hay campañas de adopción oficiales y son demasiadas las carencias.

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