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Más de 100 tiburones sorprendieron en la costa rionegrina y quedaron filmados: ¿Por qué los ocultan?

El material fue entregado al Grupo de Estudio de Peces Cartilaginosos (CONDROS) y al Centro de Investigación en Recursos Marinos para ser estudiado. ¿Son peligrosos?

Las aguas del Golfo San Matías, en la provincia de Río Negro, acaban de ser escenario de un evento que la comunidad científica califica como un hito para la biodiversidad patagónica. En un despliegue de naturaleza pura, más de 100 tiburones bacota (Carcharhinus brachyurus) fueron registrados congregados en una danza coordinada bajo la superficie, un fenómeno que pone el foco sobre la riqueza ecológica de la región.

La increíble documentación visual no fue fruto del azar, sino de la pericia de Maximiliano Carles Salas (@maximilianofcartes), un piloto de drone que logró captar la magnitud del cardumen desde el aire. "Como piloto de drone vi cosas increíbles, pero esto supera cualquier expectativa", confesó Carles tras procesar las imágenes. Eso sí, lo que no se ventiló fue el lugar exacto del hallazgo para preservar la especie ante el acoso de las embarcaciones y la pesca ilegal.

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A pesar de que las condiciones de visibilidad no eran óptimas, el lente reveló lo que el realizador describe como una "densa constelación de siluetas". Cada sombra recortada contra el fondo marino representaba un ejemplar de entre 2,5 y 3 metros de largo, con pesos que oscilan entre los 80 y 100 kilos.

El material ya fue entregado al Grupo de Estudio de Peces Cartilaginosos (CONDROS) y al Centro de Investigación Aplicada y Transferencia Tecnológica en Recursos Marinos (CIMAS) para su análisis técnico.

Para los investigadores, este registro es una oportunidad invaluable para estudiar el comportamiento de una especie de la cual aún queda mucho por aprender. La doctora Magdalena Arias, especialista en manejo y conservación de fauna marina, junto a Agustín Baraschi, fueron piezas clave en la interpretación de este hallazgo.

Los especialistas advierten que, si bien la presencia de tantos ejemplares es un indicador de la salud del ecosistema, también es una llamada de alerta sobre su vulnerabilidad.

El tiburón bacota tiene un ciclo de vida extremadamente lento: una hembra tarda casi 20 años en alcanzar la madurez sexual y tener su primera cría. "Su crecimiento es tan pausado que cualquier pérdida hoy tiene un impacto que la naturaleza tardará un cuarto de siglo en recuperar", explicaron.

Los ocultan, por protección y seguridad

Con el fin de evitar el acoso de embarcaciones o la pesca ilegal, los científicos y autoridades tomaron la decisión estratégica de no revelar la ubicación exacta del avistamiento.

Se busca preservar este "santuario" de la interferencia humana para que la especie pueda continuar con sus ciclos naturales sin perturbaciones.

Finalmente, los expertos llevaron tranquilidad a la población local y turistas: el tiburón bacota no es una especie agresiva. De hecho, en toda la historia del territorio argentino, jamás se registró una mordedura de esta especie a una persona, reafirmando que el peligro real, en este vínculo, recae sobre la supervivencia del animal y no sobre el ser humano.

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