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Médico baleado: "Vi el arma a 40 centímetros de mi cara y pensé que me mataba"

El médico de Campo Grande, Alejandro Vega, contó lo que vivió cuando Marcelo Fernando Fievet se le apareció en la puerta de la guardia y le tiró a matar. Dos de las balas siguen alojadas en su cuerpo.

El médico Jaime Alejandro Vega (45) ya está en su casa de Villa Manzano, con reposo absoluto y una batería de remedios, entre antibióticos, analgésicos, corticoides y un protector gástrico. Las tres heridas de bala que sufrió cuando fue atacado en la puerta de la guardia están cicatrizando bien. Pero siente dolor en la cara y en el hombro izquierdo, donde dos de los los proyectiles siguen alojados; y quemazón en la espalda. Allí la bala tuvo orificio de entrada y salida, y solo le dejó su marca.

Le cuesta hablar porque el impacto en su rostro tocó el nervio facial. De a poco modula mejor cada palabra, pero la lesión le produce dolor al masticar. Dice que tal vez quede con alguna discapacidad. También lo inquieta el zumbido que le quedó en el oído derecho. Le recuerda el ruido de las detonaciones y el terror de que alguien se aparezca de la nada y lo mate, como estuvo muy cerca de ocurrirle el pasado 15 de octubre por la madrugada cuando regresaba a la guardia, luego de trasladar a un paciente con Covid-19 hasta el hospital Juan XXIII de General Roca.

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Los dos proyectiles que siguen adentro de su cuerpo se encapsularán o el mismo organismo los expulsará. En principio, sería menos perjudicial para su salud que asimile las balas a que se las saquen. "Yo creo que fue un milagro, te lo digo con los ojos cerrados. Y el que no cree en Dios, que vea el video", sostuvo.

Médico Campo Grande

En diálogo con LMCipolletti, ofreció su testimonio con el ánimo de que no vuelva a pasar, y que la gente y los políticos paren la "ola de violencia" que están sufriendo los médicos en tiempos de pandemia.

El día del brutal ataque, llegó en una ambulancia hasta la puerta de la guardia del hospital de Campo Grande. Se bajó y escuchó ruidos. Acostumbrado a las corridas de la gente cuando, desesperada, busca la ayuda de los médicos, pensó que alguien requería atención.

"Eso pensé, que alguien necesitaba ayuda y trataba de hacer contacto visual con la enfermera -que estaba en la ambulancia- para ver quién venía", contó el médico de Campo Grande.

Sin embargo, cuando la persona se le apareció de frente, demostró que sus intenciones eran otras. "Lo primero que veo es el revólver a 40 centímetros de mi cara, que me apunta en la frente. Cierro los ojos y giro la cara. Pensé que me mataba. Escucho el ruido, el impacto y el dolor en la mandíbula. Quedé aturdido. Automáticamente levanto el brazo, como un acto reflejo para evitar la agresión, pero vuelve a disparar. Yo me caigo y quedo en el piso, inmóvil. Ahí siento otro ruido, otro disparo, y un dolor en la espada, cerca de la columna. Ese fue el tercer impacto, en milésimas de segundos", recordó.

Médico Campo Grande

"No sé cómo logré levantarme. Estaba abatido, no podía reaccionar. La mano de Dios y de mis viejos seguro me ayudaron. Yo no quería morir en el piso, menos trabajando. Gracias a la enfermera, no siguió disparando. Gracias también al chofer, que sino me descargaba todas las balas que tenía. Ellos salieron a ayudarme y el asesino terminó huyendo", agregó.

El médico baleado aseguró que "el mensaje fue clarísimo: te voy a matar"; y advirtió también premeditación en el acto.

Enseguida se subió a la ambulancia, porque sabía que el tiempo podía ser una variable de peso. "Yo le calculaba entre siete y ocho minutos, y tenía miedo de que una de las balas haya ingresado al pulmón y colapse rápidamente", confesó.

En esas circunstancias, fue vital la contención de la enfermera para tranquilizarse y llegar hasta el hospital de Cinco Saltos, donde los médicos lo asistieron en primera instancia. Luego fue trasladado a Cipolletti, donde quedó internado un par de días hasta que el sábado pasado le dieron el alta. También llamó a su amigo y colega para que se haga cargo de la guardia porque le habían pegado tres tiros.

Médico Campo Grande

No ha pasado una semana, y las imágenes y sensaciones son muy frescas. Alejandro recuerda muy bien cada detalle, la "mirada fija del asesino" casi encima suyo. Ojos negros y decididos. Cejas oscuras y el ceño fruncido. Todo el resto de la cara tapada. "Vi desprecio por la vida, vi bronca, vi maldad. No hay dudas que quería matarme. Todo en milésimas de segundos. Por eso siento terror de que alguien venga de la nada y me tire a matar", confesó Vega.

Lo culparon de una muerte por Covid-19

De acuerdo a la hipótesis que abona la Fiscalía, el médico sufrió un ataque con alevosía y a traición. Lo ejecutó el imputado, pero hubo una organización previa que involucró a varias personas. Además, confirmó que el agresor es familiar de un paciente con Covid-19 que falleció.

Se llama Marcelo Fernando Fievet, y está detenido por el delito de tentativa de homicidio doblemente agravado por el uso de arma de fuego y por alevosía.

El médico avaló esa teoría. Recordó que un domingo le tocó asistir a un paciente en su domicilio que se sentía mareado. En un momento, el hombre se sentó en una silla e hizo un paro cardiorrespiratorio.

En esas circunstancias, su familia le comunicó que tenía Covid-19. No lo dijo antes, como si negaran la enfermedad; y para cuando pidieron auxilio, el paciente ya estaba mal.

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"Le hicimos los primeros auxilios, lo cargamos en la ambulancia, llegamos al hospital, seguimos con los trabajos de reanimación, pero no hubo caso. Declaramos el óbito, notificamos a los familiares y nos echaron la culpa. La verdad que es bastante normal esta reacción, porque es parte del duelo que hacen todos cuando pierden a un ser querido. Pasan de la negación a entrar en razón. Pero, lamentablemente, estos familiares entraron en ira, se retroalimentaron entre ellos y planificaron un asesinato", reflexionó el médico.

Está convencido de que el imputado no lo hizo solo, que hubo cómplices. "Me quisieron matar en venganza, por bronca", consideró. Incluso, no descarta que pudiera haber sido otra persona, la víctima. "No creo que el ataque haya sido solo para mí, creo que el ajuste era para todos. La ligué yo, pero pudo haber sido cualquiera. La cosa está muy mal", acotó.

Empatía y solidaridad

Por fortuna, Vega siente el "gran abrazo de mi pueblo que me ayuda a seguir y no irme"; y se aferra a la esperanza. Si bien está con reposo absoluto y hay muchas cosas que no puede hacer, quiere recuperar su vida y tratar de volver a la normalidad.

Dice que no tiene rencor y que tiene ganas de seguir trabajando, pero le preocupa la situación en la que se encuentra todo el personal de salud. "Hay que parar esta ola de violencia. La gente tiene que entender. Estamos colapsados y cada vez peor", manifestó.

Médico Campo Grande

Sumado a las dificultades que tienen para responder a la demanda que presenta la pandemia de coronavirus, deben soportar el hostigamiento, a riesgo de sufrir un daño. "La gente no entiende que hay poco oxígeno, que hay poco personal, que luchamos por un tubo de oxígeno, que no tenemos camas de internación e improvisamos en la sala de espera. Está fea la situación y estamos muy expuestos. Muchos comprenden, pero a otros no les importa. Deberían darse una vuelta y ver con qué nos pueden ayudar. Los políticos también tienen que preguntar y hacer, porque si nos sueltan la mano, vamos a estar a la deriva", cerró el médico.

Espera que se haga Justicia y haya una condena ejemplar para hacer valer la vida y dar un mensaje a toda la sociedad.

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