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Le amputaron los brazos y parte de su nariz: necesita de la ayuda de todos

"Yo estaba muerta, mi hermano me revivió y acá estoy", dijo la cipoleña Yanina Benítez Guerrero, quien sufrió una tremenda descarga eléctrica cuando estaba trabajando. Conocé su historia y fijate cómo podés ayudarla.

El 16 de junio no fue un día más de trabajo para Yanina Benítez Guerrero, de 33 años. Ese día recibió una descarga eléctrica de 13 mil voltios que fue un antes y un después en su vida.

"Recuerdo haber estado rasqueteando la pared con un extensor de 2,5 metros de largo, al que le agregué una espátula. Rasqueteaba la pared más normal del mundo, y de repente ya no recuerdo más nada", dijo Yanina, en diálogo con LMCipolletti.

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Ese instante se sintió como una explosión. Yanina quedó pegada a unos cables de tensión cercanos al techo de la empresa donde estaba trabajando, en esta ciudad. Era la tarde, y su hermano y un muchacho más estaban con ella.

"Un chico que escuchó la explosión, comenzó a gritar. Mi hermano subió corriendo hasta el techo, tiró la escalera de madera donde estaba apoyada y yo caí al piso. Así me desprendió de la electricidad, cuando ya me estaba prendiendo fuego, y tenía la cara quemada y el pantalón", contó.

Al caer al piso, también sufrió un fuerte golpe en la cabeza.

"Yo estaba muerta, sin signos vitales. Mi hermano me revivió. No sé cuánto tiempo estuvo haciéndome reanimación. Para él fueron horas. Pero insistió hasta que pudo hacerme volver a la vida, y acá estoy", relató.

La Policía, los bomberos, Defensa Civil, todos los agentes convocados iban por una persona muerta. Al llegar, se encontraron con otra situación y Yanina fue derivada de urgencia hacia el hospital de Cipolletti, donde encontró otra familia que la cuidó en sus días más críticos.

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"Ahora estoy como puedo. Desde que salí del hospital trato de ponerle ganas todos los días, pero es difícil. Me amputaron los dos brazos y perdí parte de la nariz. En el muslo derecho tengo un injerto, de punta a punta, porque por ahí salió la electricidad", reveló. El injerto se lo pudieron hacer con piel de la pierna izquierda.

Del hospital, expresó, sólo tiene agradecimientos para hacer. Todos la cuidaron de la mejor manera. Fueron una gran contención para ella. Tanto es así que la hicieron sentir como en familia. Muy acompañada.

Volver a casa

Al recibir el alta médica, el 27 de agosto pasado, comenzó otra historia en su vida. Tuvo que dejar el alquiler donde estaba y se fue a vivir con una hermana -Silvina- que dejó su carrera para ser su enfermera. "Somos cinco hermanos, incluida yo. Muy unidos, todos me cuidan", destacó Yanina.

Además de la hermana que vive con ella, también la cuida su pareja Luján, su hermana del corazón Silvia y su cuñada Ximena. "Ellas fueron las cuatro que estuvieron al pie del cañón curándome todas las heridas", mencionó.

Y si hasta ahora no había podido hablar con nadie de lo que le pasó y de su día a día, es porque no es fácil para ella asimilar que perdió su independencia, poner en palabras todo el dolor.

"Al principio cuando volví a casa no me sentía bien, quería estar en el hospital, lo extrañaba. Todavía sigo durmiendo medio sentada como dormía allá, mientras estaba internada. Fue raro volver, hasta que pude asentarme un poco y entendí que estaba acá por algo, que 'el de arriba' me dio una segunda oportunidad", manifestó.

Las primeras semanas fueron caóticas. La mesa de su casa parecía un quirófano, donde su hermana y la pareja le hacían todas las curaciones. "Aprendieron a ser mis enfermeras", reconoció.

Llegó a su casa sin poder caminar, por el tiempo que había permanecido quieta y tendida en una cama del hospital. Sin embargo, la rehabilitación fue muy efectiva y al cabo de dos semanas pudo volver a desplazarse con ayuda. Ahora ya no precisa de nadie para caminar.

"Obvio que nunca voy a asimilar que perdí los dos brazos, mi independencia. Eso no lo voy a asimilar nunca, pero la familia y los amigos, gente que me conoce y no me conoce, estuvo trabajando con rifas, ventas de pollo, torneos de fútbol, incluso antes de que me recupere, y me están ayudando mucho", agradeció.

Confesó que hasta hace poco ni sus amigos sabían que había perdido los dos brazos y parte de su nariz. Incluso dijo que todavía no puede "salir al mundo que tenía antes".

Pero agregó: "La desesperación de conseguir las prótesis me llevó a tomar la decisión de hablar, de que la gente sepa realmente qué me pasó. No quiero dar pena, ni que me tengan lástima, quiero simplemente conseguir mis brazos para tener una vida parecida a la que tenía antes", expresó.

Todos por Yanina

Su familia inició una campaña en las redes sociales para que mucha más gente pueda colaborar con Yanina. Hay una cuenta de Mercado Pago donde todo suma, por más pequeño que sea el aporte. En estos días, juntaron fondos con los cuales es probable que puedan llegar a comprar la prótesis de la nariz, pero falta mucho todavía para los brazos.

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"Estamos hablando de cifras millonarias, entre 7 y 10 millones sale cada prótesis de brazo. El derecho es más funcional porque tengo codo. Pero el izquierdo, que al principio tenía más chances, terminó siendo el peor amputado. Estamos golpeando todas las puertas y agradezco de corazón a la gente que está ayudando porque de verdad lo necesito", se sinceró.

Psicóloga, terapista ocupacional, kinesióloga y otros profesionales la están acompañando. Incluso contará con la asistencia de una doctora del dolor. Agradeció especialmente a su cirujana Carolina Gagliardi, quien se convirtió en una amiga para ella, a todo su equipo de salud, a Lucrecia, su terapista ocupacional, y a las kinesiólogas Ivone y Nazarena. "Gracias a ellas estoy un poco mejor", concluyó.

Ojalá que puedas conseguirlo, Yanina.

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