La solidaridad de Tarzán: cocina y regala la comida

Una prueba de su generosidad en medio de tanta adversidad la da su decisión de compartir los alimentos que consigue.

Cada vez más acosado por la posibilidad de un desalojo de sus tierras, el vecino Miguel Fernández, más conocido como el Tarzán cipoleño, igual se las arregla para ayudar a gente que está padeciendo una pobreza aun mayor que la suya. Una prueba de su generosidad en medio de tanta adversidad la da su decisión de compartir los alimentos que consigue con aquellos que están pasando hambre y no tienen alternativa para conseguir qué echarle a la olla.

Así, y por sus contactos con chancheros y fabricantes de chacinados, se ha vuelto un especialista en preparar culinariamente cabezas de cerdo que le regalan y volverlas un manjar. Con la sabiduría que ha acumulado en sus 72 años de vida, sabe cómo curar con sal gruesa la carne de los cráneos y mandíbulas porcinas y elaborar una suerte de jamón crudo, menos exigente tal vez para algunos paladares, pero, se sabe, cuando hay hambre no hay pan duro.

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También aprovecha los cueritos de los cerdos y, con fideos, arroz o las verduras que pueda conseguir cocina suculentos guisos, que lo dejan más que satisfecho. Y, como prepara cantidades bastante generosas, reparte entre sus vecinos y conocidos todo lo que puede. Junto con su preciado jamón de cabeza de chancho.

“No me dejan en paz con el tema de mis tierras. Ahora, parece que quieren que me quede apenas con un lote chiquito y quitarme todo el resto, unos seis o siete lotes”, manifestó ayer, pero enfatizó que, pese a estas circunstancias, no se olvidará nunca de otros que la están pasando peor que él, que todavía hace alguna changa y se las rebusca, y seguirá donando comida.

Y manteniendo, además, a unos 22 perros, que son sus mascotas y compañeros más fieles.

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