Un incendio le quemó la casa al Tarzán cipoleño

El fuego lo sorprendió durmiendo entre las ramas.

Ya no podrá dormir más en su árbol. A Miguel Fernández, más conocido como el Tarzán cipoleño, un incendio le quemó por completo el habitáculo que tenía armado en la copa de un sauce y por poco no lo hizo arder también a él mismo. Un chamuscón en un brazo le quedó como doloroso recuerdo del peligro al que estuvo expuesto.

El fuego se desató pasadas las 14. El vecino se había subido hasta su cama en la altura para dormir una siesta. Y, en efecto, dormitaba cuando el calor de las llamas lo despertó. Con toda la agilidad que le permiten sus 72 años, se descolgó entre las ramas y el tronco y logró zafar del encierro fatal al que lo quería llevar el siniestro.

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Todo ocurrió en cuestión de minutos. Pero el incendio no se apagó tan pronto. El árbol siguió consumiéndose por un rato y, con ello, el lecho de Tarzán y algunas de sus prendas de vestir. Las llamas arrasaron también con muchos artefactos viejos, algunos de ellos reciclados como enseres, que había alrededor del sauce y que, ahora sí, no podrán utilizarse más por lo devastados que quedaron.

Al final, sólo la intervención de los bomberos, que arribaron después de un rato al lugar, pudo contener las llamaradas y calmar el susto y los nervios del damnificado, quien no tiene dudas de que el incendio fue claramente intencional. No le encuentra otra explicación.

Hace tiempo que viene luchando por permanecer en el predio donde vive junto con varios perros que son su permanente compañía. A su edad, y con los precarios y magros ingresos que le proveen las changas con que se gana unos pesos, le resultaría difícil y hasta imposible pagarse un alquiler en otra parte, aunque más no sea una muy modesta pieza en el lugar más desolado de Cipolletti.

“Apenas alcancé a despertarme. Estaba durmiendo cuando siento las llamas y no sé cómo hice para apurarme y bajar justo a tiempo. Todo estaba rodeado por el fuego. Se me quemó el colchón y algunas pilchas. Podría haberme muerto quemado pero, por suerte, solamente tuve una pequeña quemadura en un brazo”, relató el vecino, todavía conmovido por las circunstancias y por lo sorprendente que fue todo.

“Acá hay gente que quiere que me vaya, pero yo no tengo otro lugar adónde irme”, expresó y lamentó que, por como terminó el sauce, ya no podrá volver a tener una casa en la altura. Definitivamente o por un tiempo largo.

Una vida luchando por sobrevivir

La discordia por su hogar

Hace unos 14 años que Miguel Fernández vive en el predio ubicado al norte del Distrito Vecinal Noreste, cerca de la calle Presidente Illia. Llegó ahí para cuidar el lugar y, como no le pagaron nunca, decidió quedarse.

A dormir en las ruinas

En adelante, únicamente podrá utilizar como vivienda una derruida construcción antigua. Allí suele pasar los inviernos, porque está más protegido y puede calentarse. El árbol lo usa como su hogar en las alturas en verano.

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