En ambos puntos de venta, sus propietarios, pertenecientes a la familia Flores, han ampliado los productos comercializados con la incorporación de fiambres de marcas conocidas y milanesas de elaboración propia, entre otras mercaderías. Todo ello se ha sumado al pan y otros panificados típicos, que son su sello tradicional.

La decisión les ha permitido, en tiempos de inflación muy marcada, mantener el precio del kilo de pan en 58 pesos y lanzar una oferta por demás bienvenida: la docena de facturas a sólo $100. Este monto se ha vuelto muy interesante si se tiene en cuenta que el precio habitual en otros establecimientos ronda los $140.

Una cosa retroalimenta otras. Así, el kilo de pan rallado de elaboración propia se vende en los locales a 30 pesos y, como la clientela ha crecido y se ha vuelto fiel, también se han podido reducir los valores de otros productos, como el kilo de queso para pizza, que se puede adquirir por $99.

Los propietarios explican que, ante la crisis por las alzas en la harina y la retracción del consumo, la diversificación y las ofertas han sido alternativas con buen resultado.

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