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El petróleo, un vecino indeseado en Allen

El aumento de la actividad genera dudas y rechazo entre los vecinos.

Allen supo ser el símbolo de la fruticultura valletana, las chacras aún pintan de verde los caminos rurales y sus frutos continúan ofreciendo la principal fuente de trabajo. Pero n los últimos años una nueva industria incrementó su actividad acrecentando el temor de los vecinos. Camionetas y camiones que transportan las maquinarias para perforar los pozos gasíferos invadieron la zona. Entre plantaciones y bines abandonados se alzan gigantes plataformas que perforan el subsuelo.

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A la vera de los caminos se instalan kilómetros de cañerías para transportar el fluido hasta la estación de refinamiento. El lote de explotación contempla 2.153 hectáreas de las cuales 1.593 (71,48 %) son cultivables y 54 (2,51%) son utilizadas por la industria petrolera. La incertidumbre de convivir entre frutales y petróleo se expande rápidamente a otros sectores del Valle ya que se prevé explorar más áreas bajo riego.
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Solo basta con cruzar la Ruta 22 que divide al ejido urbano de Allen con la zona rural, a unos 3 kilómetros del centro de la ciudad, camino hacia el río y las altas plataformas modifican el paisaje. El equipo de trabajo 167 está instalándose sobre una calle rural asfaltada en la primera etapa de la fractura hidráulica. Una decena de operarios se encuentra trabajando en el lugar, instalando la máquina que realiza las perforaciones, sin embargo una vez que el pozo comienza a producir solo queda un cerco.
Juan Carlos Ponce, integrante de la Asamblea Permanente por el Agua de Allen, afirmó que es imposible que convivan la fruticultura y los hidrocarburos. "En las hectáreas donde se instalan las locaciones, una vez que el mineral es extraído, allí no se va a poder volver a cultivar nada por los antioxidantes derramados", explicó.
"La instalación no solo se da en tierras productivas y bajo riego porque existe el mineral en el subsuelo, sino que también las empresas extractivas necesitan una gran cantidad de agua para perforar y la obtienen del río Negro", cuestionó Ponce. "La instalación no solo se da en tierras productivas y bajo riego porque existe el mineral en el subsuelo, sino que también las empresas extractivas necesitan una gran cantidad de agua para perforar y la obtienen del río Negro", cuestionó Ponce.
Lidia Campos, de la asamblea, explicó que en toda la cadena productiva del Alto Valle trabaja unas 70 mil personas al año, y que en los galpones de empaque el 60% de los trabajadores son mujeres. "¿Cuántas mujeres trabajan en el petróleo? En tiempos de familias disgregadas, donde las mujeres son las jefas del hogar, se les está quitando la posibilidad de un trabajo", manifestó Campos.
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Los integrantes de la asamblea explicaron que en los terrenos donde se realizan las hidrofracturas se agregan cientos de metros cúbicos de tierra calcárea para absorber los químicos utilizados. Las zonas donde se asientan no exceden de 2 o 3 hectáreas y pueden realizarse entre 8 y 10 pozos, ya que los equipos se mueven y las fracturas pueden ser en varias direcciones. "El fracking es un proceso muy caro. Las empresas gastan millones y traen personal capacitado de otros lugares, y nuestros vecinos que siempre fueron chacareros quedan fuera del sistema laboral", comentó Campos. Además, el proceso de fractura no dura más de una mes, y luego queda solo un corralito sin ningún operario, agregó la ambientalista.
Según los vecinos, la explotación hidrocarburífera afirman que les cambió la vida ya que padecen ruidos fuertes, explosiones, vibraciones y venteos de gas al ambiente las 24 horas. Y esperan que una inspección ocular que se realizará el 30 de noviembre les devuelva la tranquilidad perdida.
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