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El joven cipoleño que estuvo 44 días con respirador por el Covid

El virus afectó gravemente los pulmones pese a ser joven y sin patologías. Tenía una expectativa de vida de dos días, pero esta mañana abandonó la terapia y se recupera.

Mario tiene 33 años, es de Cipolletti y estuvo 44 días internado en terapia intensiva con asistencia respiratoria mecánica a causa del coronavirus. Esta mañana pasó a una sala común y arrancó el largo proceso de rehabilitación. Su esposa y su hijo de un año lo esperan ansiosos en su casa. “Que esté vivo es un milagro, y fue gracias a los médicos que lo atendieron en el hospital”, contó su pareja.

La pesadilla empezó el fin de semana del 10 de julio pasado cuando Mario Mardones comenzó a transitar un estado gripal. Inició con un cuadro febril, dolor de cabeza y problemas para respirar. Estaba muy cansado y decaído. Nunca pensaron en la posibilidad de Covid-19 porque ambos se cuidaron desde un primer momento, por lo que estaban tranquilos. Pero el lunes la vida les dio un giro inesperado.

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“Estaba con problemas para respirar, se agitaba mucho, y llamamos al 109 para sacarnos la duda. Le dijeron que vaya al hospital viejo donde lo hisoparon y de inmediato lo internaron porque tenía fiebre. Esa mañana me dijo que iba al médico y volvía enseguida, pero no volvió más”, relató su esposa Micaela Pereda a LM Cipolletti.

Mario quedó internado en el hospital y el resultado del primer hisopado fue negativo, el martes 16 de julio, pero a los dos días le dio positivo. Con ese diagnóstico, Micaela y su bebé de un año y dos meses debían permanecer en aislamiento absoluto por dos semanas por ser contactos estrechos.

“El viernes 17 le pusieron una mascarilla para que pueda respirar, pero su cuadro no mejoraba nada. El sábado 18 lo ingresaron a terapia intensiva y lo pusieron a dormir porque no tenía oxigenación en la sangre. Lo conectaron a un respirador mecánico. Ahí empezó todo lo grave. Fueron tres semanas que estuvo dormido y los partes médicos eran muy malos; no había esperanzas al principio porque sus pulmones estaban muy lastimados producto de una neumonía bilateral que generó el coronavirus. Recién ahora me dijeron que cuando ingresó tenía una expectativa de vida de 48 horas”, contó Micaela.

Mario sufrió una neumonía bilateral, que afecta a ambos pulmones, producto del coronavirus.

Tras varios días lograron bajarle la fiebre y tenían que rotarlo de forma constante para evitar que los órganos aplasten los pulmones y que puedan oxigenar su cuerpo.

“Luego de dos semanas en terapia el hisopado le dio negativo. Él estaba en una capsula, lo sacaron de ahí para llevarlo a terapia normal y poder tratar la neumonía. Me llamaron para que me acerque a firmar los papeles para autorizar la traqueotomía para sacar el tubo y a los días comienzan a despertar de a poco, pero seguía sin poder respirar por sus propios medios. No podía moverse y había perdido mucha masa muscular, alrededor de 20 kilos. No podía hablar y se comunicaba con gestos. De a poco empezó con kinesio para recuperar los movimientos y poder, aunque sea sentarse”, relató la mujer.

Este viernes logró abandonar la terapia y pasar a una sala de internación común. Pudo comer yogurt y los avances son alentadores, pero hay que seguir de cerca la alimentación para evitar que los sólidos vayan a los pulmones.

mario mardones

“Después de 44 días le sacaron el respirador y apenas puede hablar. Debe seguir internado para rehabilitarse, y es un proceso muy lento. Los médicos me decían que tiene mucha voluntad y que es un paciente joven y sin patologías, lo que ayuda. Pero seguirá internado unos días más. Agradezco mucho la atención de todos los médicos y enfermeros, que hasta nos hacían videollamadas cuando estaba en terapia para que pueda ver a su bebé. Si Mario mejoró, es por ellos”, explicó Micaela.

Agregó que no hay que subestimar a la enfermedad, porque por más que seas joven y sin patologías, puede ser grave.

“Me da pena que la gente no tome conciencia de todo lo que pasa. Nosotros nos cuidamos desde un primer momento y aún no sabemos cómo se contagió porque Mario trabaja en durlock y no está en contacto con gente, pero igual nos tocó. Gracias a dios lo podemos contar. La gente piensa que nunca les va a pasar, pero están equivocados. Entiendo que es cansador estar encerrados, pero es la única forma. Nosotros tenemos toda una vida por delante, recién arrancamos a formar una familia y el sólo hecho de pensar que podía morir me llena de tristeza. Gracias al hospital, hoy lo podemos contar”, agradeció la joven.

La solidaridad fue fundamental

Micaela se debió guardar de forma absoluta junto con Bautista, su bebé de un año, al ser diagnosticados ambos con coronavirus. Su esposo Mario estaba peleando por su vida en terapia intensiva.

En todas esas semanas la joven fue asistida por familiares y amigos con alimentos, pañales y hasta dinero para el alquiler. También recibía las llamadas diarias desde epidemiología para conocer si presentaban síntomas. El contacto con Mario lo mantenían a través del teléfono. Los médicos se encargaban de las videollamadas para que la familia pueda verse y hablar a través de la pantalla del teléfono, incluso cuando él no podía casi moverse.

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