El ejemplo de amor que dan las familias solidarias

Un matrimonio cipoleño cuenta su experiencia alojando niños en situación de vulnerabilidad.

Katia Giacinti

giacintik@lmneuquen.com.ar

Miriam y Enrique son un matrimonio cipoleño que forma parte del programa de Familias Solidarias perteneciente a la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia de Río Negro desde hace casi un año. Ya alojaron en su hogar a un nene y a una nena en situación de vulnerabilidad y planean continuar haciéndolo por tiempo indefinido. Ambos aseguran tener el deber de contar su experiencia con el objetivo de derribar los mitos y temores de quienes desean postularse pero aún tienen ciertas dudas para dar el primer paso.

Ella tiene 58 años, es docente universitaria y está próxima a jubilarse. Él tiene 60, es ingeniero y también dedicó gran parte de su vida a dar clases a los más pequeños. Los dos nacieron y se criaron en Cipolletti, tienen tres hijos propios y una nieta de 10 años. Sin embargo, durante el verano de 2018 tomaron una decisión que les cambió la vida para siempre y les enriqueció tanto el alma como el corazón.

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"Estábamos de viaje en Buenos Aires cuando nos enteramos por la radio que estaban buscando una familia para tres hermanitos. Nos miramos y nos preguntamos por qué no. Cuando volvimos nos postulamos, pasamos por una se rie de entrevistas y varios trámites. Como se trataba de una emergencia, nos llamaron un viernes a las 17:30 para avisarnos que había uno de los nenes que necesitaba de nuestros cuidados. Allí comenzó un nuevo capítulo en nuestra historia como familia”, relató Miriam en diálogo con LMC.

Experiencias

La docente contó que el primer niño que recibieron en su hogar revolucionó sus vidas y que no pudieron dormir por al menos dos días. “Fue todo un desafío porque él tiene una discapacidad y, aunque creímos que teníamos todas las herramientas por haber criado a nuestros hijos, nos dimos cuenta de que necesitábamos mucha ayuda. Cuando llegó, lo primero que hizo fue abrazarme, preguntarme si era la tía y lo único que quería hacer en ese momento era darse un baño”, detalló.

Los menores vulnerables viven en su hogar el tiempo que la Secretaría de la Niñez considere necesario para que mejore su situación.

“Estuvo con nosotros tres semanas y, durante ese período, todo giró en torno al amor, el cariño y la paciencia. No obstante, no podríamos haberlo hecho sin las chicas de la Secretaría, siempre al pie del cañón. Ellas realizaron todo el proceso previo para que el encuentro y la estadía fluyeran de la manera más tranquila posible”, agregó.

Unos meses después de haber despedido al primer pequeño, Miriam y Enrique recibieron a unanena, quien aún continúa bajo su resguardo y ya viajó con toda la familia a Las Grutas. Para ellos fue una experiencia mucho más tranquila porque sabían qué esperar, qué hacer y cómo proceder ante situaciones complicadas.

“Habla hasta por los codos y es muy independiente porque en su casa era la encargada de tomar todas las decisiones. Es chiquita, pero el contexto en el que creció la hizo madurar muy rápido. Ella tampoco nos hizo preguntas sobre quiénes éramos y cuánto tiempo iba a quedarse con nosotros. Creo que el hecho de llegar a un lugar en el que saben que van a recibir amor, comida y una cama calentita es suficiente”, concluyó.

Convertirse en una familia solidaria es una tarea difícil que requiere de trabajo y sacrificio. No obstante, la experiencia tiene el poder de cambiar –en cuestión de segundos- opiniones y perspectivas de la vida de quienes lo hayan vivido. A modo de reflexión, los cipoleños comentaron que se trató de un proceso en el que pudieron aprender a escuchar, adaptarse y comprender las cargas emocionales de los demás sin emitir juicios de valor.

“No preguntó quiénes éramos. Creo que el hecho de llegar a un lugar en el que saben que van a recibir amor, comida y una cama calentita es más que suficiente”, dijo Miriam, docente universitaria

Hay que tener ganas de ayudar

El día de la despedida y el temor al desapego es lo que más preocupa a quienes desean convertirse en familias solidarias. El matrimonio expresó que hay que postularse teniendo claro que se trata de “un servicio” para ayudar a otra persona a tener una vida mejor.

Al respecto, Miriam comentó: “Hay que buscar una familia para un niño, no un niño para una familia. Es natural que nos sintamos tristes porque es inevitable encariñarse con ellos. Algo que te brinda tranquilidad es saber que hiciste algo bien y que los niños que salen por la puerta son muy diferentes a los que llegaron. No se alberga a un niño para llenar un vacío, sino para hacer lo que es mejor para ellos”.

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