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LMCipolletti acusado

El acusado de estafar a regionales que viajaron a ver a La Scaloneta rompe el silencio

Miguel Angel Rodríguez se defiende de las denuncias, afirma que perdió millones y que "lloré solo en el bar de enfrente al estadio. Yo no me escondo, todos saben donde vivo en Cipo", asegura. Ya canceló el viaje del martes.

La frustración, indignación e impotencia embargó a la mayoría de los 58 regionales que viajaron en condición de hinchas a presenciar el partido de la selección argentina ante Panamá el jueves pasado pero finalmente no pudieron ingresar al estadio de River porque las entradas resultaron ser falsas.

Muchas horas arriba del micro con la ilusión de ver de cerca a Messi y a los héroes de La Scaloneta, días perdidos en el trabajo, semanas enteras planeando e imaginando el momento de homenajear a los campeones del mundo. Todo tirado por la borda y la infructuosa búsqueda de los responsables.

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En ese sentido, uno de los principales apuntados es Miguel Angel Rodríguez, el cipoleño que organizó el viaje y que aceptó dar la cara y contar su versión vía LMC ya que "me duele que me acusen de estafador, tengo hijas y claro que les afecta todo lo que se dice". Jura haber sido él víctima de un engaño, afirma que perdió millones de pesos dado que además tuvo que cancelar el viaje previsto para el martes para el partido ante Curazao y aclara que "no me escondo, todos saben donde vivo".

"En realidad fueron solamente 2 personas de un total de 58 las que hicieron problemas y me escracharon y fueron las primeras dos que recibieron antes que nadie la devolución del dinero por mercadopago (tengo los comprobantes), 4 horas antes del partido. Nos estafaron con entradas supuestamente originales compradas por la página oficial. Todo mal. La Policía trató a la gente como delincuentes, yo de mi parte me hice responsable y le devolví toda la plata a la gente", se defiende Rodríguez tras el mal trago que vivió la delegación valletana.

"No sé todavía por qué me acusan de estafar si el único que perdió plata fui yo. Millones te diría. Pagué colectivos de dos pisos que no me van a devolver el dinero por que ellos hicieron su trabajo. Pagué entradas que no me van a devolver nada y sin embargo yo solo me hice cargo de devolverle cada centavo a la gente antes de llegar a Cipolletti. Y ya durante el viaje les devolví todo los que no entraron", asegura.

Ese es otro punto que levantó polémica. Resulta que alrededor de 15 pasajeros lograron ingresar al estadio y algunos de los damnificados denuncian que eran amigos del organizador y por eso gozaron del privilegio, algo que Migue Angel niega rotundamente.

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"Había gente de todos lados, de Cipo, Neuquén, Choele Choel, Rincón, Añelo, Cinco Saltos, Centenario, Fernández Oro. Amigos míos de los que entraron eran solamente dos, al resto no los conocía, te lo pueden afirmar ellos. La gente habla porque habla, ni yo entré", agrega contrariado.

En medio de sospechas que manejaba distintos tipos de entradas, el hombre asegura que el verdadero detonante para que ese reducido grupo pudiera acceder al estadio se produjo a partir de un escándalo que se generó entre una mujer de Centenario y un sujeto que al parecer le quiso robar las entradas. "Entonces, ante el griterío de la señora, se acercó otro hombre ligado a la AFA y los hizo pasar teniendo en cuenta la situación desagradable que estaban viviendo. Pero fue por eso, no porque tenían entradas distintas los pasajeros", alega.

"Fue todo muy raro. A algunos en el primer control les daba ok, pero en los otros no. A otros les daba mal el primero y los otros 2 no. O en el tercer intento en el mismo molinete pasaban. Los que trabajaban en los controles pedían plata, entre 2 mil y 5 mil pesos para pasar. No entiendo qué ocurrió. Tampoco me cierra por qué el estadio no se llenó, si las entradas se vendieron en un ratito, dónde estaban las 83 mil personas...", se preguntó este hincha de River que tuvo un triste debut y posible despedida en este tipo de eventos ("suelo ir a ver al Millo y como quería ir yo y si sobraban lugares hubiera llevado a mis hijas, me embalé a organizar").

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Se lamenta por el dolor ajeno... y por el propio. "Sí, la gente la pasó mal y eso me duele . Yo antes de que empezara el partido me fui a llorar solo a un bar, no tenía otra cosa que hacer. Por suerte solo dos personas reaccionaron mal que son las que me escracharon. El resto agradece que di la cara y todos saben dónde vivo: Río Neuquén 1051, Cipolletti", revela.

"Ahora estoy pidiendo plata prestada por todos lados para devolverle a la gente con la que iba a viajar a Santiago para el partido del 28, que obviamente cancelé el viaje para que no nos vuelva a pasar lo mismo", anticipa con visible angustia.

"No me voy a esconder, ni voy a perder mi reputación por plata", insiste en el final. De la ilusión a la odisea. El acusado aceptó contar su verdad a LMC. Tómelo o déjelo.

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