Tito, el querido mecánico y amigo "de fierro" del Chipi: "era como mi hermano"
Es un sábado gris y lluvioso en Cipolletti. El taller de la calle 3 de Octubre al 60 está cerrado al público y los muchachos que le ponen el hombro de lunes a viernes descansan merecidamente. Héctor Rodolfo Molina, conocido popularmente como Tito, sin embargo está allí firme desde temprano, con la excusa de las fotos para el diario pero en el fondo porque es su cable a tierra. El lugar donde pasa sus días y transcurre su vida desde los 16 años y que a los 71 no piensa abandonar. “No me hallo en otra parte”, admite tras el primer mate de tantos.
Mecánico de los más conocidos e históricos de la ciudad, especialista en “bomba e inyección”, se jacta de haber hecho “escuela” en la especialidad, ya que “de acá salieron casi todos”.
Te puede interesar...
El recuerdo del inolvidable Chipi, uno de los personajes más queridos del pago que falleció tragicamente , sobrevuela el galpón. Está presente en esa foto juntos y también en buena parte de la charla con LM Cipolletti.
Es que “Jorge mi tío, era hermano del Chipi por parte de padre, de Don Quiroga, el dueño original del taller. Y él vivía acá al lado con su hermana. Yo lo quería como si fuera familia. Le hice una puerta que conectaba a la casa y venía todo el tiempo”, confiesa Tito con emoción.
“Al Chipi lo bañaba, lo afeitaba y le cortaba el pelo los sábados y domingos. El era así, tenía un corazón a toda prueba. Agarraba, sacaba plata y me pagaba por el servicio, porque tenía esos valores. Lo querían todos los muchachos acá en el taller, era como un hermano de los pibes, si hasta le había hecho una llave y entraba por el portón principal”, reivindica a uno de esos locos lindos que tuvo el pago.
La caminata a Cinco Saltos y las zapatillas lujosas
El Chipi, una persona leal y agradecida, adoraba a Tito y a su gente. Tanto que el emblemático mecánico cuenta otra anécdota simpática del querido flaco que hacía un culto de las caminatas y los puchos.
“Se iba hasta la casa de mi mamá a Cinco Saltos caminando por la ruta. Iba a ver a la tía María decía. El Chipi se fumaba todo pero lo salvaba que caminaba sin parar”, reflexiona y le pide amablemente a uno de sus tantos clientes que vio abierto y pasó solamente a saludarlo que lo aguarde un momento.
Se le pianta un lagrimón al evocar al lungo que no tenía enemigos y dejó huella en Cipo. “Lo extraño mucho, el loco callejeaba pero siempre volvía y estaba acá. Le daban todo, se aparecía de repente con unas zapatillas buenas, de marca que ni nosotros podíamos comprarnos y lo gastábamos y felicitábamos. Le daba comida todos los días, él pertenecía al taller. Era adorado por todos, una cosa especial”, redondea y posa con una foto junto a su querido Chipi. Y emociona a todos…
Su historia
Y pensar que otro Loco lindo, su tío al que apodaban así, fue quien lo acercó al tradicional taller. Y no se fue más. Ya lleva 55 años entre fosas, autos, grasa, hierros, aceite, herramientas. Con los perros, poster y la mística del recinto.
“Era de Don Quiroga, un señor mecánico, sabía todo. Después lo heredó el hijo, a su vez tío mío, que se casó con una hermana de mi mamá: Jorge Quiroga. Y luego yo seguí la posta”, repasa sus inicios y la historia del negocio.
Famoso por su generosidad, admite: “Este lugar para mí es todo. Y ayudo mucho a la gente también. Si no tienen la plata se lo doy para que paguen en dos o tres veces sin interés y más a los de chacra, que son muy sufridos. El que más plata tiene, capaz te da más vueltas, la gente pobre es la que viene y te paga”, valora a sus esforzados y honestos clientes.
Siempre activo e inquieto, es el primero en llegar y el último en irse más allá de que confía a muerte y delega cada vez más trabajo en su calificado equipo: “Trabajamos de lunes a viernes, de 8 a 17. Pero yo vengo a las 7 y me voy a las 19 o 20”.
En su casa lo aguarda su incondicional señora Alicia y también “estoy cuidando a una tía que está enferma”, en otro acto que refleja su don de buena gente.
Papá de 4 (‘Florencia, Cecilia, Paola y Gustavo, dos ingenieros, otros licenciados’), tiene dos nietos (Amparo y Lautaro) y espera con ansías que lleguen las vacaciones para reencontrarse con este último.
“A Lautaro le regalé un cuatriciclo cuando tenía 2 años, para las vacaciones de invierno por suerte viene ya que con su papá Gustavo viven en Entre Ríos. Mi hijo fue a estudiar y formó familia allá”, cuenta este abuelo tierno.
Da sin esperar nada a cambio aunque siempre hay recompensas y la cosecha por sus buenas acciones está a la vista: “Ayer, sin ir más lejos, vino un señor que le había arreglado un auto como amigo y trajo un asado, se lo pagó de corazón sin que uno le pida nada”.
Su marca preferida y esa manía de los mecánicos…
Consultado sobre la marca más noble, elige “Wolkswagen”, de hecho “Yo tengo un Polo”.
Como en toda profesión, hay mejores y peores mecánicos. De lo que reniega don Tito es que hoy “enseguida cambian piezas, nadie arregla nada, son pocos los que arreglan o tratan de que no gasten los clientes como uno siempre intentó”.
Gran maestro, formó a varios de los buenos colegas de la zona. “He ayudado y conozco a todos. Soy especialista en bomba e inyectores, han salido muchos de acá”, saca pecho pese a su clásico bajo perfil.
Ni las carreras ni el fútbol. “Me gusta ir al campo, comer un asado con los paisanos. La gente de campo es honesta, no se mueve por ningún interés, lo dan todo de corazón”, culmina Héctor, sintiéndose identificado.
Tito, el mecánico del pueblo, el amigo “de fierro” del eterno Chipi..
Leé más
Bárbara, la cubana que vive en Cipolletti y brilla en el staff de Montaner
Romerito homenajeó a Argentino Luna con "El Malevo"; la anécdota en su "rancho"
Se rindió Don Diego: después de más de 30 años cierra histórico comercio del centro de Cipolletti
Noticias relacionadas
Lo más leído















