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Lo quieren todos y es el mejor amigo de los perros: las anécdotas del Tano, el gran maestro pizzero de Cipolletti

Un laburante ejemplar de 72 años el papá del presi de Cipo. Cuando hizo la colimba en Italia, la época del fútbol codificado a salón repleto, la pesca, fotos inéditas... ¿Y vuelve el restaurante?

En cualquier momento del año una entrevista al Tano Mancini puede resultar valiosa y oportuna, pero un 1 de Mayo, Día del Trabajador, lo es aún más. La fecha especial aporta el plus del reconocimiento a un laburante incansable e icónico de Cipolletti. Al punto de que con 72 años sigue siendo un baluarte en la emblemática pizzería de 9 de Julio y Belgrano, una esquina de nuestra ciudad repleta de historia.

Predica con el ejemplo. “Llego siempre antes y soy el último en irme del negocio. Todos entran a las 10, yo estoy a las 9. Todos se van a las 14, yo a las 14.30. Entiendo que debe ser así”, confiesa Daniel (¿lo llamará alguien por su nombre de pila?), siempre con bajo perfil y buen humor, en la imperdible y profunda charla con LM Cipolletti.

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-¿Y qué rol cumple actualmente en el comercio?

-El que tendría que hacer el presidente del club Cipolletti -por su hijo Luca-. Es un honor tenerlo a la par, porque es una persona derecha y en la pizzería totalmente clave. Pero se le puso que quería ser presidente sí o sí del club para sacarlo del pozo. Y gracias a Dios lo levantó junto al resto de los integrantes de la Comisión Directiva. De hecho, están punteros de su zona en este torneo.

-Se le llenan los ojos de lágrimas… ¿Se sufre mucho como padre del dirigente de fútbol por las críticas? ¿Qué consejo le dio cuando le contó la idea?

-Que hiciera lo correcto, nada más. Y lo correcto entiendo que lo está haciendo, se rodeó de gente honesta y los resultados están a la vista. Eso sí, le deseo que termine pronto su gestión y y que vuelva a la pizzería así descanso (risas). Y mirá que a esta altura la manejo de taquito pero a los 72 uno se cansa…

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-Justamente, ¿qué es lo que lo motiva para seguir? Lo vimos haciendo las compras en la verdulería recién, no para.

-La verdad que no sé si me imagino fuera del negocio, sentado en mi casa...

Hay personas de experiencia en el local que seguramente me reemplazarían muy bien. Aparte no es nada de otro mundo, nada difícil, todos los días hacemos lo mismo…

-Entonces, ¿es un mito, un prejuicio que es un rubro difícil para conseguir eficientes empleados?

-Los comentarios dicen eso pero me parece que la clave pasa por ser un buen patrón. Yo no tengo empleados nuevos, los que se han ido es porque pusieron negocio por su cuenta pero el resto sigue a la par mía. No sé mandar, no tengo ese carácter. Antes de mandarlo a hacer una cosa lo hago yo y se terminó, sin enojarme ni nada. Eso también ayuda, los empleados reaccionan solos, me dicen ‘no déjelo, lo hago yo’. Ex empleados pasan a saludarme, quedamos como amigos. No es que me señalan con el dedo. Los muchachos no me dejan mentir.

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-Ya vamos a seguir con el comercio, pero cuéntenos la parte de su historia desconocida por el común de los lectores.

-Ningún problema. Yo soy nacido en Cipolletti. Nos fuimos a vivir a Italia y volvimos en el ‘74… Hice la colimba allá. Vivíamos en la Toscana, en el centro de Italia, un pueblito que vendría a ser ‘la abuela de Roma’. Hoy en día no tiene mucha juventud, toda gente vieja, un lugar turístico.

-¿Pudo regresar a ese lugar que le debe generar cierta nostalgia?

-Sí, volví con mi hijo en el 2010 a ver mis últimos 3 tíos. Sumamente emotivo. Mi papá tenía 8 hermanos, quedaban 3… Todos ‘pibes’ (risotada): 97, 99 y 104 años, son muy longevos allá. La pasamos muy lindo, nos quedamos varios días. Con mi tío éramos muy compinches. Me hacía sentir como un hijo. Trabajé con otro tío que tenía fábrica de asfalto, con una máquina y rodillos que los pisaba ida y vuelta. También de mozo, hice de todo. La pasé bárbaro. Además estuve 14 meses en la colimba.

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-¡Qué momento! Cuando Europa venía de las guerras. ¿Tuvo miedo de ir a combate?

-Por suerte no pasó nada, fue en el año 1973. Ojo muy linda experiencia. Era chofer de un general, con dos autos a disposición mía, dos Fiat 124 que acá no existieron. La pasé bárbaro, estaba en el Casino de Oficiales permanentemente, a disposición del Teniente Coronel en Milano. Allá a los dos meses te toman todas las medidas para hacerte la pilcha del gimnasio, la pilcha para salir, para estar bien vestido. Muy completo todo.

-¿Y de allí cómo terminó en la pizzería cipoleña?

-Culminé la colimba en abril del ‘74 y en julio nos vinimos para Argentina. Allá había estudiado y acá empecé a trabajar en una empresa cipoleña (Zanellato- Camporesi). Año 80 mi padre compra la pizzería, que había sido inaugurada en el ‘71, era de dos hermanos sanjuaninos, por eso primeramente se llamó pizzería Cuyo. Siempre estuvo en 9 de Julio y Belgrano, era un salón adelante. Arrancaron mi papá, mi mamá y un pizzero. Al año dejé mi laburo y me sumé como mozo, mi viejita era la cocinera y mi padre el cajero.

Despacito nos fuimos armando, trabajábamos de noche porque teníamos chacra. Funcionaba como salón, al lado estaba Gas del Estado. Cuando ellos se fueron agrandamos el salón e hicimos una pizzería grande que disfrutó toda la ciudad. La anécdota es que mi papá estaba muy enfermo y compró una chacra al límite Cipolletti-Cinco Saltos y, santo remedio, se curó mi viejo.

El Tano Pizzeria

Otro histórico comerciante céntrico, el popular quiosquero Naza(Salvador Caballero) que escuchaba con atención el reportaje pidió permiso para interrumpir la conversación y contar una anécdota.

“Un lunes, día que ellos cierran, estábamos comiendo con un amigo de Buenos Aires, Carlitos Estrina. El Tano, un loco hermoso, un trabajador incomparable, había preparado un puchero con todo, chorizo colorado, jamón, un manjar… Vino, cerveza, no faltaba nada... Terminamos de comer, no sé que le pasó por la cabeza y nos dice ‘che, ¿nos vamos a tomar la presión?’. Era de hacer esas cosas. Imagínate, teníamos todo por las nubes, más alto que Cipo en la tabla de este campeonato jajaja.

También para la oreja un cliente familiar de Ciro Rolón, el concertista cipoleño que brilla en el Teatro Colón y se apresta a iniciar otra gira europea. Mientras espera que salgan la pizza y empanadas admite: “Ciro les habla a sus amigos de la pizzería el Tano en Buenos Aires, esas cosas que marcan la infancia”.

Y sigue la charla…

-¿Así que le gusta la pesca?

-Mucho. Estrina es cipoleño, del barrio Arévalo pero se radicó en Morón por laburo. Ahora tiene 83 pirulos. Camionero histórico, traía cubiertas de Buenos Aires y llevaba manzanas de Kleppe para allá, de Tres Ases etc. Hasta que lo operaron del corazón, fumaba un atado de ida y otro de vuelta. Había una casa de tatuajes llamada Cucaracha, que era de su hijo.

Todos los lunes íbamos a pescar con él. Agarrábamos los bártulos, el asado y nos íbamos estuviera lindo, feo…

Nos interesaba compartir, el folclore, no tanto pescar. Yo sacaba chiquito o grande y lo devolvía al río. El asunto era la amistad.

Tano pescando

-Le meto un cambio de frente, ¡Qué época la del fútbol codificado a salón repleto en El Tano!

-Sí ahí se cumplía lo de la ñata contra el vidrio, de tan lleno que estaba muchos lo veían de afuera. Lo pasaban pocos en la ciudad al fútbol grande dominguero en ese entonces. Se re llenaban los dos salones. Fue una época bárbara.

-¿Cómo controlaban para que no se picara en los clásicos?

-Por suerte nunca pasó nada, con respeto siempre, quizá algún grito de más pero no pasaba de ahí. Abríamos a la noche, a la tarde era por los partidos… ¿Si iban con camisetas? ¡Obvio! No llevaban el bombo de milagro…

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-¿Usted hincha de…?

-De Boca pero tranquilo, no fanático. Y de Cipo, había dejado de ir a verlo hace 6 ó 7 años hasta que Luca tomó la presidencia. No soy loco del fútbol, me gusta ver el buen juego como el de la Champions… Me parece que les mandaron los video de Cipo al PSG y al Bayern Münich, que espectáculo dieron el otro día mamita querida, un 5 a 4 tremendo. A propósito, qué bueno que el Chango Cravero ya se recuperó, gran tipo.

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-No es fana del fútbol pero sí de los perros…

-Ahora tengo pocos, 4 nomás (risas). ¿Cuál fue el récord? 17 perros. ¿Al qué más lloré? A todos por igual. Me encariño con cualquier perro, no necesariamente de raza. Me cuidaban tanto porque les daba comida que se ponían malos con la gente en la pizzería, así que me los llevaba a vivir a la chacra. Con lo del local y el alimento balanceado los manteníamos bien. Ahora tengo 4 en casa y afuera 2 ó 3 permanente, vienen a comer y se van.

El Tano con los perros

-¿Le pasó que a algunos clientes no le gustaba que los perros ingresaran al salón?

-Y sí, a muchos comensales y a la Municipalidad. Me hacían la multa y a los clientes les explicábamos que no hacían nada, solo se quedaban cerca de la mesa si uno los incentivaba o les daba de comer, pero entendemos a la gente. Todo es respetable. Pero yo nací y moriré perrero.

el Tano perros

-¿Su esposa lo banca en esa?

-Sí, ella (Silvia Páez, conocida popularmente como La Kuky) es igual. Una anécdota: comíamos con mi señora, junto a dos gatos y dos perros en la punta, los seis en la mesa… ¡Mamá! Ahora tenemos menos, hay que limpiar en la chacra y se complica a esta edad jaja. Mis hijas Gianina y Sabrina muy perreras también, siempre ayudando en Protectoras de Animales.

-¿De la política nunca lo tentaron?

-No es lo mío.

-Y eso que habrán desfilado numerosas personalidades de ese ámbito por el negocio…

-Sí, totalmente, el intendente, gobernadores… También jueces, gente de Neuquén, figuras del fútbol.

-Algo que todos quieren saber. ¿Van a volver como restaurante?

-Ya no, lo alquilamos al salón hace 5 meses. Me hubiera gustado, pero la edad ya pasa factura, por ahora no, seguimos con la rotisería.

-¿Algún sueño que le quede por cumplir?

-Ya estoy hecho, salud y que vaya todo bien. Tengo hasta dos nietos hermosos, Luca y Piero, ¿que más puedo pedir? Feliz día para todos.

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"El mejor trabajador y también número uno como papá"

Por Luca Mancini, hijo del Tano y presidente del Club Cipolletti

"El 'Gordo', como lo llamo cariñosamente, es el 1 como trabajador. Y también el mejor padre. Pasamos buenas y malas en el negocio. Me acuerdo que yo era chico, principio de los 90 y ellos, los grandes, se miraban las caras, jugaban a las cartas esperando que entre la gente en plena crisis... Luego también tuvimos momentos de salón desbordado de gente y de perros -risas-. Y seguimos dando pelea en el lugar de toda la vida. Tanto él como mi mamá, los nonos, son fenómenos. Por las enseñanzas, por su honestidad y ejemplo de lucha y esfuerzo. Me siento muy orgulloso de mi papá y gracias por el aguante y permitirme cumplir el sueño de dirigir los destinos del club de la ciudad, del Capataz de la Patagonia. ¡Aguante el viejo! ¡Aguante Cipo!".

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Luca, el Tano y toda la familia completa.

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