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"Éramos novios y me lo llevaron a la guerra de Malvinas"

Elba del Carmen es la esposa de Víctor González, el gomero cipoleño que participó en el conflicto contra el Reino Unido. Recuerda como fueron aquellos días de 1982 en lo que todo fue incertidumbre y sufrimiento.

La guerra empuja al infierno no solo a quienes entran en combate. Como una amenaza distante, la sombra de la muerte también ronda a los que quedan esperándolos.

En el acto por los 42 años de la gesta de Malvinas que se realizó en la plaza del barrio San Pablo de Cipolletti se destacó la angustia que debieron atravesar los familiares de los jóvenes enviados a la batalla. Muchos de ellos cumplían el Servicio Militar Obligatorio y fueron embarcados inesperadamente, sin poder anticiparlo al entorno más íntimo.

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“Ellos fueron nuestro sostén y también merecen el reconocimiento”, destacó Víctor González, uno de los cipoleños que participó en el conflicto bélico contra el Reino Unido y sus aliados.

Su esposa Elba del Carmen experimentó en forma directa ese padecimiento.

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“Eramos novios y me lo llevaron a la guerra”, destacó en el acto conmemorativo. Ambos bordeaban los 18 años y vivían en Bahía Blanca, de donde son oriundos, y Victor realizaba el Servicio Militar Obligatorio en Quinto Cuerpo del Ejército de la Compañía Policía Militar 181.

Elba recordó que no le dieron tiempo ni siquiera para avisarles que lo mandaban a enfrentar a la potencia extranjera, y que se enteraron porque una vecina había visto en una entrevista que le realizaron por televisión en el momento de la partida.

“Me llamó mi suegra diciéndome que lo habían llevado a Malvinas”, sostuvo la mujer.

Los primeros días fueron de incertidumbre total. Sabían lo que decían las noticias de los medios de comunicación, que era acotada y manipulada por el gobierno militar de entonces.

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Ella le mandó un montón de cartas, pero no recibía respuestas. Llegó a pensar lo peor, pero se refugiaba en la fe.

“Le pedí a Dios que estuviera bien, como también el resto de los chicos, que volvieran bien. Fueron momentos muy feos. No saber nada de él fue terrible”, evocó.

Hasta que por fin recibió una carta que le trajo algo de tranquilidad, porque permitía suceder que estaba con vida.

Sin embargo, luego comprendió que el remitente era de apellido González, como su novio, pero que no era Víctor, por lo que volvió a caer en la angustia por no saber como se encontraba.

Acto por Malvinas

Pero cuando ya perdía las esperanzas recibió por fin una de él. Fue la única, y le contaba que estaba bien, pero que pasaban “hambre y frío, y que estaban en un pozo”.

“Fui enseguida y le conté a mi suegra. Estaba bien. Estaba vivo, que era lo principal”, resaltó.

Después sucedió que se contagió varicela, en plena guerra, y fue trasladado a Comodoro Rivadavia, donde quedó internado hasta que se recuperó.

El reencuentro inesperado

El reencuentro fue de película, porque tampoco sabían cuándo llegaría. Sucedió un día en que estaba en su lugar de trabajo, y él se le apareció imprevistamente.

“Me sorprendió. Fue una alegría tremenda, imaginate”, sostuvo.

Lo notó cambiado, algo taciturno y con algo de sobrepeso porque había estado semanas internado en el hospital de la localidad chubutense.

Durante los primeros días se mostró inquieto e irritable. Por ejemplo se alteraba cuando escuchaba el paso de un avión. Mucho más para las fiestas, por las explosiones de los fuegos artificiales.

Víctor González Veterano de Malvinas

“Fue horrible, se ponía muy mal”, lamentó Elba.

Dos años después se casaron, pero para entonces estaba librando otra batalla, que fue la incomprensión de buena parte de la comunidad.

Se le hizo muy difícil conseguir trabajo. “Cuando decía que había estado en Malvinas me rechazaban. Éramos los loquitos de la guerra”, aseveró Víctor. De todos modos logró entrar a la empresa ferroviaria estatal, pero sentía que en Bahía no tenía futuro. Había algo que lo impulsaba a partir. Finalmente logró que lo trasladaran en Cipolletti y se mudó con su esposa y su hija. Aquí se encontraron con una sociedad distinta, donde por lo menos demostraban tener otra consideración con los ex combatientes.

Tiempo después aceptó el retiro voluntario y con la indemnización compró unas pocas herramientas para montar una gomería. Lo hizo en la calle Pacheco y Mengelle, donde luego se construyó el derivador de tránsito y él acordó mudarse unos metros para el lado de la calle Tres Arroyos, donde funciona actualmente.

“No tuvieron contención”

Tanto Elba como Víctor resaltan que el gobierno “los dejó tirados" cuando volvieron de las islas.

“No les dieron acompañamiento, no tuvieron contención. Ellos necesitaban atención médica, psicológica más que nada, pero los largaron crudos”, insistió la mujer.

Más aún opinó fue “como los largaron en la guerra. Ellos no tenían tanto entrenamiento para una guerra”.

La familia luego creció, con otros tres hijos, y fue un respaldo importante para que Víctor se repusiera, aunque tuvo momentos de crisis y debió requerir acompañamiento psicológico particular.

“Hoy gracias a Dios tiene 60 años y lo llevamos con la familia. Además cuanta con el acompañamiento de los Veteranos de Guerra que es importante. Son muy apegados y se ayudan uno a otros”, subrayó.

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