Empezó de cero y le da trabajo a más de 100 cipoleños: ACA hay una historia sorprendente
Manuel Machinea, uno de los empresarios exitosos de Cipolletti, repasa su vida. Los títulos y vuelcos como expiloto, la sociedad con un huésped de su hotel y la situación de YPF.
La mitad de la interminable tarea diaria está hecha. Manuel Machinea ya fue y vino del hotel al restaurante un par de veces. También se cruzó a la YPF del ACA a supervisar todo y ahora es momento de una reparadora y nutritiva pausa.
“El dueño está almorzando”, avisa amablemente el encargado del recinto apenas ingresa el equipo de LM Cipolletti. Igual no hace falta que nadie nos guíe para dar con él. Esa cálida despedida a un par de comensales que a la vez estuvieron alojados en su hospedaje es la pista a seguir.
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“Gracias, los esperamos el año próximo cuando vuelvan a la cordillera”, expresa Machinea a una agradable familia porteña que, para allí sin falta, tanto la ida como a la vuelta de Bariloche, cada verano.
En una mesa del fondo a la izquierda bebe el último sorbo de café y se presta a una extensa y rica charla con este medio. Son las 14.30 en punto y el amplio y luminoso salón aún luce con buena concurrencia. Es la hora de la sobremesa, la distención y las anécdotas que suelen fluir de manera espontánea en los almuerzos entre compañeros y amigos como los que se registran allí.
“La mía es una historia de vida. Porque empecé de cero, más de audaz que otra cosa. Fue una aventura que salió bien”, resume Machinea, uno de los comerciantes más conocidos y exitosos de Cipolletti.
Es quien maneja hace 35 años la concesión del ACA (Automóvil Club Argentino) Cipolletti -hotel y restaurante-, símbolo de la ciudad, la estación de servicio de enfrente y cuyos hijos administran la sede de Villa La Angostura. Como si fuera poco también es propietario, en sociedad con un íntimo amigo, de una reconocida casa de indumentaria deportiva que cuenta con sucursales aquí y en Cinco Saltos.
“En Cipolletti tenemos 103 empleados: 80 son del ACA y los otros 23 de Olimpia. Y en Villa La Angostura hay otros 11 del ACA y a esos se suman los 7 del local deportivo de Cinco Saltos. Y la verdad que con todos me llevo bien. Me considero un tipo accesible para el trato diario, acá nadie se va mal. En pandemia no hubo despidos, tuvimos que cerrar un tiempo en La Angostura y conservamos cada una de las fuentes de trabajo”, destaca el poderoso empresario mientras juguetea con la cucharita de la taza.
Su historia
Nació en Merlo, en una zona popular del conurbano bonaerense donde tuvo “una infancia feliz, con padres que me inculcaron la cultura del trabajo y ser buena persona, honesta”.
A los 21 se fue a Chilecito, La Rioja, a trabajar con Pedro, su papá que “había ganado la licitación del ACA” sin saber ese buen hombre que iniciaba una suerte de dinastía, que varias generaciones familiares seguirían sus pasos.
Y a los 29, Manuel finalmente llegó a nuestra ciudad a probar suerte. Fue, como ahora, en un contexto de país sumamente desfavorable. En 1989 también se sufría los embates de la hiperinflación por lo que más arriesgada era la apuesta. La Argentina estaba en llamas bajo el gobierno de Ricardo Alfonsín, quien luego sería una de las tantas personalidades que se alojarían en su hospedaje local.
“Nunca había venido a Cipolletti y me gustó. Lo tomé como un lugar de vida, me quedé para siempre. Y le estoy sumamente agradecido a esta ciudad por las oportunidades y a su maravillosa gente”, asegura tras revisar por única vez el celular.
Los ojos le brillan, aunque no será el único momento en el que se note emocionado a este destacado vecino de 63 años que no pierde la vitalidad ni el empuje de aquellos inicios: “Si tengo que ir a destapar una cloaca, lo hago sin problemas”.
Expiloto profesional, todo fue pasando justamente muy rápido en su vida y contempló un crecimiento vertiginoso de su ambicioso proyecto. El ACA, institución prestigiosa a nivel país si las hay, hoy es un símbolo de la ciudad. Y él se convirtió en un referente patagónico de esa marca registrada más allá del vínculo contractual (“fui como un satélite de ellos en el Sur, estuve circunstancialmente en Usuahia, en Choele Choele…”).
“Acá se come muy bien, no es verso lo que dice la gente de la excelente relación precio- calidad, y se descansa bárbaro hace 35 años. Vienen todos. Desde empresarios al taxista. Y esto es mi vida, hasta que mis hijos me rajen me van a encontrar acá”, advierte con buen humor y reconfortado por los logros.
Se refiere a Sol (36) y Juan (35), sus herederos que están abocados al emprendimiento en la paradisíaca ciudad neuquina, por el cuál la familia tomó posesión del ACA VLA en 2004. En 2020 le sumarían la YPF cipoleña.
Pasión fierrera: trofeos y vuelcos
Manuel no solo condujo con éxito sus empresas, sino que también triunfó como piloto. “Fui campeón regional en las temporadas 2004/2005 y 2007/2008 y campeón argentino de rally en mi categoría en 2009. Después ya me costaba en todo sentido, desde lo físico y en lo económico también, se invierte mucho dinero. Así que ahí largué”, repasa su laureada trayectoria tuerca.
Los empleados que van culminando el turno saludan con respeto al retirarse. Y Manuel acelera en la charla… Cuenta las victorias pero también los sustos y sobresaltos propios de un deporte de riesgo. “16 vuelcos tuve, decí que el equipo de Cutral Co que preparaba el auto lo dejaba como nuevo”, resalta y se toma la cara.
Además, se vinculó al deporte desde el sponsoreo: “Colaboramos un tiempo con Cipolletti y más aún con Marabunta, club al que estamos muy ligados a nivel familiar. Y después también ayudamos a instituciones, llevamos calzados a centros infantiles pero no viene al caso hablar de eso porque se hace de corazón, si no, no sirve”, reflexiona este hincha de Independiente (“pero de los moderados, sin fanatismo”).
De huésped a socio y “hermano”…
En más de tres décadas al frente del ACA Cipolletti, Manuel conoció a infinidad de personas. Comensales, empleados, proveedores y huéspedes, con muchos de los cuáles entabló una relación que perdura en el tiempo.
El caso más significativo es el de Andy Larghi, un porteño que pasó de cliente del hotel a “hermano de la vida” y socio en uno de sus proyectos comerciales.
“El es viajante de toda la vida. Vendía calzados Grimoldi y se hospedaba acá cuando le tocaba esta zona. Lo conocí el 1 de abril de 1989, apenas abrimos. Y un día me dijo, ‘tenemos que comprar Olimpia’ y yo confié en él que era el que sabía del rubro”, indica a la vez que una milanesa napolitana con papás fritas que el mozo le alcanza a un comensal rezagado se roba todas las miradas.
La situación de YPF y el aumento de la nafta
Más allá de que el espíritu de la nota era otro, no se podía desperdiciar su calificada opinión sobre dos temas candentes de la compleja actualidad nacional: la posible privatización de YPF y la suba constante de los precios del combustible.
Considera, Manuel, sobre el primero de esos ítems: “Si está bien manejada, sería importante que YPF continúe en manos del estado. Ahora si después cada gobierno hace lo que quiere o paga una locura para estatizarla, tengo mis dudas de que funcione…”, fija postura con la experiencia del que peina canas y fue testigo de las distintas gestiones.
Por otra parte, admite que “cada suba de combustible es una merma para nosotros. Ojo, a valores internacionales sigue estando barato. Pero por la situación del país cae el consumo que luego en algún momento naturalmente se reactiva. Ojalá todo mejore”.
Vuelve a mostrarse como un tipo sensible en el final del reportaje. “El ACA es todo para mí, 50 años siendo parte, es mi vida, mi trabajo. Lo poco o mucho que tengo se lo debo al ACA y le estaré eternamente agradecido”, confiesa el abuelo de Benjamín, Felipe, Bautista y Josefina. Sueña con que ellos algún día tomen la posta y continúen el legado: “Me encantaría que sean la cuarta generación familiar en el negocio”.
Y vuelve a honrar la memoria de quien empezó todo: “Mi viejo era mi socio, mi amigo, me emociona hablar de él”. ACA hay un pedazo de la historia cipoleña. Y la contó su gran artífice, Manuel Machinea.
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