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Carlos Cancio y el Club Confluencia de Cipolletti

Carlos jugaba de número 9, ya era goleador desde chico. Después de cumplir con el servicio militar se fue al Club San Martín, para regresar al Confluencia y nunca más salir de él.

Nuestro entrevistado Carlos Cancio habló con mucho afecto del Club de sus amores, de sus recuerdos cuando vistió la camiseta número 9. Sus abuelos paternos fueron Celedonio Cancio nacido en Fonsagrada, en la provincia gallega de Lugo. Por las grandes dificultades económicas que se vivían en la época, tomó la decisión de viajar a la Argentina buscando mejores horizontes.

Con dieciséis años partió de España y de allí a Colonia Lucinda, donde fue empleado de don Miguel Muñoz, aquel pionero dueño de un almacén de ramos generales y transporte de mercaderías que viajaba a Chos Malal llevando productos en carreta por un camino que no se alejaba demasiado de la costa norte del Río Neuquén. En 1909 se estableció en Cipolletti y dejó de realizar esos viajes.

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Manuela Loureiro había llegado al país en 1903 para trabajar con la familia Padin. Manuela había nacido en la Coruña también a finales del Siglo XIX. En ese tiempo se conocieron Celedonio y Manuela y se casaron en 1910. Primero se fueron a vivir a Barda del Medio, lugar en el que ya estaban asentados dos hermanos que Celedonio había mandado llamar desde España.

En Contralmirante Cordero nació su primer hijo, Faustino Cancio, el primero de los siete hijos que tuvieron. Sus otros hijos fueron Elvira, Ernesto, Guillermo, Josefa, Daniel y Celso. De regreso a Cipolletti, en 1912, construyeron su primera casa. Fueron dueños de un negocio llamado La Fonda Obrera, que era un galpón cerca de la esquina de España y Fernández Oro, frente a lo que fue el negocio de Elosegui. Se la conocía como “La fonda de chapa”.

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Trabajaron hasta 1915 y con los ahorros obtenidos lograron comprar una chacra, Cinco Saltos, cerca de Contralmirante Cordero, donde nacieron los hijos Guillermo, Josefa, Daniel y Celso. En 1926 vendieron su chacra de Cinco Saltos y compraron en la Falda, un predio de alrededor de 7 hectáreas. Allí, con mucho sacrificio y tesón, limpiaron y emparejaron para luego sembrar alfalfa. Construyeron la casa familiar y en 1928 consiguieron plantar con viñas, peras y manzanas la mayoría de las hectáreas; también estaba la quinta familiar. Además del aprovechamiento que hacía sembrando entre las filas de los pequeños árboles frutales, optimizó al máximo el espacio cultivable, la alfalfa para los animales, el maíz, los zapallos, como así los melones y sandias, todo alrededor de la casa.

Poco a poco fue agregándole varios pequeños galpones, casi todos de adobe, donde hacían las veces de despensa, de herrería con su fragua y el espacio donde estaba la balanza, la pieza de los peones, muy cerca de la casa principal la moledora de uva, y la prensa para hacer el vino casero. En un tinglado se guardaban las pocas maquinarias que se iban adquiriendo, el gallinero y los corrales.

Los hijos

Faustino nacido en 1911 se casó con Felicidad Álvarez y tuvieron 6 hijos. Uno de ellos fue Carlos hoy nuestro homenajeado.

Elvira nacida en 1913 se casó con Amadeo Marinelli y de ese matrimonio nacieron 4 hijos.

Ernesto nacido en 1915 se casó en primeras nupcias con Francisca Pellegrina, que falleció al nacer su hija, razón por la que fue criada por los abuelos paternos. Más adelante se volvió a casar con Sabina Figueroa y tuvieron tres hijos.

Guillermo, nacido en 1916 el cuarto hijo, que no se casó y se jubiló en la Cooperativa Cipoleño, fundada entre otros por su padre.

Josefa nacida en 1918 se casó con Armando Andriani de cuyo matrimonio nacieron 2 hijos.

Daniel nacido en 1920, el sexto hijo, contrajo nupcias con Inés Hernández: tuvieron 3 hijos.

Celso nacido en 22 se casó con Rosa León y tuvieron seis hijos.

Fiestas del Club, entre los asistentes vemos al Dr. Salto y su esposa.jpg

El 17 de noviembre de 1959 falleció Manuela, mientras que Celedonio dejó de existir ocho años después, el 15 de mayo de 1967.

El hijo mayor, Faustino, con uno de sus cuñados, esposo de Elvira, puso una empresa de camiones para transporte de frutas y más adelante de combustible. Cancio y Marinelli se dedicaron al cuidado de sus chacras. Ernesto trabajó como encargado de un galpón de empaque. Daniel fue encargado, por mucho tiempo, de una chacra de 14 hectáreas en lo que hoy es gran barrio de Cipolletti. Celso, el menor de los hijos, fue el que tuvo a su cargo, hasta su venta, el cuidado y trabajo de la chacra familiar.

Carlos, dijimos es hijo de Faustino Cancio y de Felicidad Álvarez, española; estudió en la Escuela Rural n° 50. Se quedó a vivir en la chacra en donde trabajaba el camión. Formó su familia con Susana Siracusa nacida en Punta Alta, tienen dos hijos.

El Club Confluencia

El Club Atlético Confluencia –de acuerdo con su Acta de Fundación que nos permitiera leer su actual presidente el señor Abadovsky- fue creado el 23 de agosto de 1940, en donde un grupo de personas se reunieron en la casa del Luis Ramos. Nació con la finalidad de llevar a la práctica la fundación de un club de foot-bal. Reunidos un grupo de personas se propuso se nombre comisión directiva provisoria, en donde resultó electo como Presidente Franklin Obregón; Secretario Juan Ramos; Tesorero Constantino Rodríguez; Vocales Francisco Flores y Nazareno Pierucci.

Por mayoría se determinó que el nombre del Club era “Los Costinos” y los colores distintivos del cuadro serían el blanco y el azul. Más adelante, en la sesión de octubre de 1940 se nombró la comisión directiva y se aprobó el cambio de nombre del club que en lo sucesivo será Club Atlético Confluencia. En noviembre de 1940 el nuevo club realizó su primer baile, con la actuación de la Orquesta Esteban; también actuaron “Los Ángeles de Perego”. En 1941 fueron formadas subcomisiones de fiestas de la entidad.

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El club era dueño de un hermoso salón en donde se realizaban grandes cenas baile. Con orgullo Carlos recuerda cuando salieron campeones con el equipo de fútbol en 1964.

Nombres de periodistas como Tito Herrera pasaron por las fiestas del Club, o un jugador como Quito Pelliza de Neuquén, entre tantos otros.

Carlos jugaba de número 9, ya era goleador desde chico. Después de cumplir con el servicio militar se fue al Club San Martín, para regresar al Confluencia y nunca más salir de él.

Esta es la historia de un hombre cipoleño, descendiente de pioneros que tiene profundos sentimientos hacia el Club Atlético Confluencia del cual narramos una breve síntesis, para explayarnos en otro escrito.

Nuestro homenaje.

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