Amenaza de tiroteo en Cipolletti: activaron protocolo e identificaron a una estudiante de primaria
Una nueva amenaza de tiroteo se registró en una escuela primaria de Cipolletti. El protocolo funcionó con éxito. ¿Cómo lograron identificar a los autores?
¿Hasta cuándo continuarán las “bromas” vinculadas a supuestos tiroteos dentro de las escuelas?, es la pregunta que resuena con fuerza en el ámbito educativo rionegrino. Un nuevo episodio tuvo lugar este jueves en la Escuela Primaria N° 338 de Cipolletti, donde se detectó una inscripción con un mensaje intimidatorio en el baño de niñas.
La advertencia, escrita con fibrón negro sobre una pared, decía: “Tiroteo 23-04-26, no se salva nadie”. La situación generó preocupación inmediata, aunque desde la institución destacaron que el protocolo se activó sin demoras y permitió encauzar el episodio sin consecuencias mayores.
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Según información a la que accedió este medio, el equipo directivo tomó conocimiento del hecho a partir del propio estudiantado y lo encuadró dentro del denominado “Escenario B: Sospecha/Amenaza sin identificar”, tal como establece la guía provincial para este tipo de situaciones. A partir de allí, se puso en marcha el procedimiento previsto.
Activación inmediata y trabajo coordinado
Entre las primeras medidas, se realizó el llamado al 911 para dar intervención a las fuerzas de seguridad, en línea con lo que marca el protocolo vigente. Minutos después, personal de la Subcomisaría 79 se presentó en el establecimiento y labró las actuaciones correspondientes.
Además, se dispuso la intervención del gabinete de Criminalística para realizar el peritaje de la escritura y el registro fotográfico de la prueba, con el objetivo de avanzar en la investigación y preservar evidencia.
Fuentes vinculadas al establecimiento indicaron que antes de generar alarma generalizada se llevó adelante una indagación interna. “Era una letra muy particular. Algunas compañeras habían visto algo sospechoso y nos dieron nombres. A partir de eso se pudo avanzar ”, explicaron.
Identificación y abordaje del caso
En el marco de ese trabajo, se logró identificar a la autora del mensaje: una estudiante de séptimo grado, quien reconoció haber escrito la amenaza. Según trascendió, la menor se acercó por sus propios medios a la vicedirectora para admitir el hecho.
Desde la institución señalaron que la alumna no presenta antecedentes de mala conducta y que, según su propia versión, se trató de una “broma”. Sin embargo, el abordaje fue inmediato y con perspectiva de responsabilidad.
Se convocó de urgencia a la madre de la estudiante, quien se presentó en la escuela, y se realizó una entrevista en la que se puso el foco en la gravedad de lo ocurrido y en el impacto que este tipo de acciones genera en toda la comunidad educativa.
Paralelamente, la directora formalizó la denuncia penal correspondiente, tal como lo exige la normativa vigente, y se coordinaron rondines policiales preventivos en los horarios de ingreso y egreso para reforzar la seguridad.
Comunicación y contención
Otro de los ejes centrales del procedimiento fue la comunicación institucional. El equipo docente fue informado de manera precisa sobre lo ocurrido, y se establecieron pautas de cuidado, especialmente durante recreos y en el uso de sanitarios.
A su vez, las familias recibieron un comunicado oficial a través de los canales institucionales, con el objetivo de llevar tranquilidad y, al mismo tiempo, solicitar acompañamiento en la reflexión sobre este tipo de conductas.
Desde la escuela destacaron que el protocolo “funcionó sin inconvenientes” y que la situación “fue superada con éxito”, evitando que escalara en un contexto de mayor alarma.
El desafío de frenar una tendencia
Sin embargo, el caso vuelve a poner en evidencia una problemática que se repite: la aparición de amenazas que luego son justificadas como bromas o desafíos virales. En este sentido, el trabajo pedagógico se vuelve clave.
La institución ya dispuso que el tema sea abordado en asambleas áulicas, donde se trabajará con los estudiantes sobre la gravedad de estas acciones, sus consecuencias legales y el daño emocional que provocan.
También se reforzarán los Acuerdos Escolares de Convivencia (AEC), con el objetivo de reconstruir el clima institucional y desnaturalizar este tipo de prácticas.
El interrogante, sin embargo, permanece abierto. Mientras los protocolos permiten dar respuestas rápidas y ordenadas, el trasfondo del problema parece más profundo. La combinación de redes sociales, desafíos virales y la banalización de la violencia plantea un escenario complejo para las comunidades educativas.
En ese contexto, la pregunta que sobrevuela cada nuevo episodio es inevitable: ¿hasta cuándo seguirán apareciendo estas “bromas” que, lejos de ser inofensivas, activan alarmas, movilizan recursos de seguridad y ponen en tensión a toda una comunidad? Por ahora, la respuesta parece estar en la prevención, el acompañamiento y un trabajo sostenido que involucre a escuelas, familias y estudiantes.
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