Baldebenito: de la arrogancia al arrepentimiento

El acusado de matar a Joaquín rompió el silencio en el juicio. Hoy, los alegatos.

Por Katia Giacinti - giacintik@lmneuquen.com.ar

Matías Baldebenito, de 25 años, llegó el martes 20 de agosto a la sala número dos de los tribunales cipoleños con la misma actitud que en ocasiones anteriores: con la cabeza gacha, una mirada completamente vacía y siempre intentando evitar el contacto visual con cualquier persona sentada del otro lado del banquillo, sobre todo con la familia de Joaquín. Quizá por vergüenza, quizá por arrogancia.

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A diferencia de otras audiencias, se había cortado el pelo, afeitado la barba y usaba unas zapatillas color azul –aparentemente- nuevas y por demás llamativas. Se sentó junto a su defensor oficial, Sebastián Nolivo, y la adjunta, Cecilia Ibáñez, y desde entonces no esbozó ningún tipo de palabra. No obstante, sus expresiones faciales lo delataron en todo momento, desde los inicios del proceso judicial hasta la finalización de la etapa de testigos.

El primero en exponer fue el fiscal a cargo de la causa, Martín Pezzetta, quien dio a conocer la teoría de lo ocurrido durante la trágica noche del 18 de noviembre en la casa de los Vinez, ubicada en el barrio Luis Piedrabuena. Allí relató que el imputado ingresó a la vivienda sin ejercer violencia y con la intención de robar y remarcó dos secuencias distintas del mismo hecho: la pelea entre los hermanos y el acusado, y el ataque mortal.

Baldebenito lo miró fijo en todo el momento, de tanto en tanto con algunos vestigios de bronca, como si él fuera el enemigo. Tal y como lo hizo en la audiencia de control de acusación, que se llevó a cabo en mayo de este año, no tuvo reparo en esbozar una sonrisa burlona y un gesto de desaprobación cuando la Fiscalía hizo hincapié en que, antes de cometer el crimen, le dijo a Joaquín que lo iba a matar. Un detalle clave en la investigación que podría hacerlo pasar el resto de su vida en la cárcel.

Se acercó a su defensor, le habló en voz baja y luego se relajó en su silla, de brazos cruzados. Sin embargo, todo cambió cuando el juez Julio Sueldo llamó a declarar a la mamá de la víctima fatal, Matilde Aurora Maiolo. El acusado apoyó los brazos sobre la mesa, la miró por dos segundos y se mantuvo serio hasta que ella terminó de hablar, como si se sintiera intimidado por esa madre que había perdido a uno de sus hijos por su culpa y aun así tenía la fuerza necesaria para sentarse frente suyo y contar cómo vio a Joaquín agonizar tras la puñalada mortal que le dio en el tórax.

Cuando llegó el turno del hermano, Marcelo Rafael Vinez, pareció relejarse. ¿Se habrá sentido tranquilo porque su defensor creyó haber encontrado una inconsistencia en el relato del testigo ocular? ¿Qué habrá pasado por su cabeza cuando la Fiscalía y el tribunal desestimaron la única prueba que –quizá- podría haberlo beneficiado? La primera jornada llegó a su fin y la segunda pareció complicarlo aún más.

El segundo día

El día dos del juicio arrancó un poco más tarde. Baldebenito ingresó –como es costumbre- esposado, escoltado por efectivos policiales, pero sin nadie en la sala que estuviera esperándolo. Por parte de la Fiscalía estaban todos en su lugar y en el área del púbico, la familia de Joaquín, expectante. Por algunos minutos, la sala se inundó de un silencio incómodo hasta la llegada de la defensa y los jueces. En esta ocasión, el acusado se sentó en la silla más alejada de la gente, como para evitar ser fotografiado con mayor definición por los medios de comunicación o esconderse a la sombra de su abogado, en el caso de necesitarlo.

Sin embargo, algo había cambiado; una sensación casi imperceptible, pero que terminó por confirmarse hacia el final de la jornada. No había sonrisas arrogantes ni miradas desafiantes. La actitud que mantuvo a lo largo de la audiencia fue, de alguna forma, imparcial. Casi como si la hubiera ensayado la noche anterior y le costara disimular sus expresiones.

El primer testigo en declarar fue Franco Nicolás Suárez, el joven que había conocido la misma noche del crimen y quien fue detenido junto a él en el segundo robo. Luego siguió uno de los testimonios más difíciles de asimilar, el del médico forense Ariel Bustos, quien brindó detalles sobre la autopsia al cuerpo de Joaquín acompañado de fuertes imágenes. En esta instancia, los ojos de Baldebenito se agrandaron aún más, a modo de sorpresa.

Cuando el juez se dirigió a la defensa para saber si había alguna pregunta que quisiera realizar, el debate quedó en pausa por un minuto, que pareció una eternidad. Nolivo se acercó a Baldebenito y le habló al oído, en voz baja, una conversación que parecía nunca iba a terminar. La mayor parte del tiempo habló la defensa, mientras que el imputado sólo se limitó a asentir con la cabeza.

Cuando rompió el silencio, el defensor oficial informó que el acusado iba a prestar declaración luego del último testigo que, este caso, fue el comisario Luis Palma.

Finalmente, llegó el turno del imputado. Sin modular e intentando hablar lo más rápido posible, contó su versión de lo ocurrido la noche que asesinó a Joaquín y, finalmente, dijo que nunca había sido su intención matarlo y que estaba arrepentido de lo que había hecho. La familia rompió en llanto y bronca, porque sus “disculpas” no le iban a devolver la vida a Joaquín, no iban a reparar los corazones rotos ni permitir crear futuros recuerdos.

¿Lo movilizó mirar las fotografías de la autopsia y por eso decidió hablar? Probablemente no. La declaración de Baldebenito hacia el final del día pareció haber sido premeditada, una movida estratégica de la defensa, un último intento de cambiar el rumbo del juicio y buscar una pena menor a la perpetua. Fue en esta instancia en la que quedó en claro que su cambio de actitud tenía una explicación y que su arrepentimiento había sido planeado ante el miedo de la idea de pasar el resto de su vida en prisión.

Baldebenito estaba prófugo de la justicia

Lo cierto es que Baldebenito tenía libertad condicional en Río Negro cuando se mudó a Neuquén y cometió una seguidilla de robos en Rincón de los Sauces. Lo cierto es que incumplió con las pautas de conducta y que, aun sabiendo que la Policía lo buscaba, ingresó a una casa para robar, asesinó a un chico de 19 años y, finalmente, apuñaló a otro hombre para robarle el auto. Él sabía que estaba prófugo y que la Justicia le había dado una “segunda oportunidad” para rearmar su vida, pero, de todas formas, salió a delinquir y destruyó a una familia.

El juicio continuará hoy a las 8.30 con la presentación de los alegatos tanto de la Fiscalía como la defensa. Si bien estaban programados para el miércoles a la tarde, Nolivo solicitó al tribunal un cambio en la fecha, el cual fue aceptado. La próxima semana se espera el veredicto final de los jueces y, en un plazo máximo de diez días, la condena.

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