Su trabajo, un guiño al pasado
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Este joven comenta que el precio que cobra para realizar su trabajo no supera los 70 pesos. También afila tijeras, cortadoras de fiambres y de césped, lo que sea para sustentarse y mantener vivo el oficio.
Afiladores quedan pocos, pero según cuenta este vecino, al que es muy común ver en el centro o las avenidas cipoleñas, el trabajo es necesario porque tiene una amplia clientela.
"Tengo bastante trabajo, atiendo confiterías, casas de comidas, carnicerías y vecinos de la ciudad. Ya tengo armado un recorrido, cada uno o dos meses tengo que pasar a visitarlos para hacerles los trabajos", dijo Fabián, que entregó la cuchilla a su dueño, desmontó la máquina afiladora y volvió a pedalear. Unos metros más adelante hizo sonar la flauta, con ese sonido que recuerda un oficio casi desaparecido.
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