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Sobre la calle Falucho 1159 hay una historia que se amasa hace tiempo y da de comer a mucha gente: mujeres que sostienen un hogar, abuelos, discapacitados, familias de bajos recursos. Existe allí una panadería, DM Delicias, donde se cuecen algo más que hallullas caseras o felipes. Nelson Molina, y su mujer Alicia, donan pan a los que más lo necesitan; y al cabo de tres años, ya cuentan más de ocho toneladas de alimentos entregados en forma solidaria. El comerciante no olvida que esta cruzada no hubiese sido posible sin la ayuda de la sociedad cipoleña, a la que agradece infinitamente.

La idea surgió en 2013 y se sostiene con el trabajo de DM Delicias y el apoyo de vecinos que "apadrinan" a familias y comedores comunitarios.

¿Cómo surgió el plan Pan Presente? La pregunta encuentra su respuesta en 2011. Entonces, Nelson y su señora habían perdido su trabajo. Ella era empleada en una tienda; él, vendedor. "Vendía de todo, menos a mi madre", bromea. Sin trabajo, tenían que vivir de algo y comenzaron a vender tortas fritas y rosquitas en la calle. Su mujer las hacía, y él las ofrecía (más tarde aprendió a hacerlas).

Así, de a poco fueron repuntando, tanto que su casa comenzó a tomar la forma de una panadería.

Pudieron comprar las máquinas y con la ayuda de los amigos fueron creciendo. "Ya no teníamos más lugar para los muebles de la casa, eran todas herramientas de trabajo, y decidimos alquilar un local", recuerda.

Consiguieron lugar en la calle Estrada, y allí surgió la idea de adaptar lo que se conoce como "café pendiente" (consumir uno y dejar pago otro para quien lo necesita), a la profesión que ejercen como panaderos. ¿Por qué no hacer lo mismo, por qué no 'el pan presente'?", se preguntó, entonces.

Masticó bastante la idea, hasta pergeñar el cómo implementarla, y en agosto de 2013 se largó con todo.

Luego, le dieron continuidad al proyecto en la calle Falucho, donde permanecen desde 2014. ¿En qué consiste? Según cuenta Molina, recaudan fondos con los cuales compran los insumos y hacen las hallullas caseras que luego distribuyen entre los que más lo necesitan.

Para llegar con la ayuda, primero tuvieron que caminar por los barrios carenciados de esta ciudad, tomando nota de las mujeres que están a cargo de un hogar, abuelos, discapacitados y familias con necesidad.

Precisó que cada uno de ellos fue registrado con nombre y apellido, teléfono y domicilio, para que la persona que se solidariza con la causa, tenga en su poder la lista que identifica a los beneficiados con el pan y sepa dónde fue a parar su dinero.

Así, la idea prendió en mucha gente. "Todos quieren ser solidarios, pero por ahí no tienen el tiempo o no encuentran la manera", comentó Nelson, quien añadió que recibe la ayuda tanto de grandes inversores como de porteros de colegios y humildes trabajadores.

"Esto no es mérito mío, sino de la sociedad cipoleña. El único mérito que yo tengo es haberlo pensado, pero si la gente no respondía, no salía", reconoció; y agradeció también a Dios, por ser quien le dio "la visión".

El proyecto ya está consolidado, y se ejecuta a diario. La única tarea para los beneficiados es acercarse hasta el local de DM Delicias. Como Nelson, además de ser solidario, tiene que sostener la venta en su comercio, pide a la gente que se beneficia con esta ayuda que se acerque hasta el local. También entrega en comedores como el Hogar de María y reconoce: "Es una gran satisfacción y un mandato de Dios: dar sin recibir nada a cambio".

Confió que no recibe apoyo oficial ni lo quiere y le habló a la comunidad: "Gracias por creer en mi proyecto y sostenerlo en el tiempo".

Quien quiera sumarse a la iniciativa, puede hacerlo llamando al teléfono 2994579075.

FRASES
"Todos quieren ser solidarios, pero por ahí no encuentran la manera".
"Esto no es mérito mío, sino de la sociedad cipoleña. El único mérito que tengo es haberlo pensado".
"Conocí a Cristo y murió el Mono, como todos me conocen. Yo me recuperé de las drogas, el juego y el alcohol. Ahora soy Nelson".
Nelson Molina Panadero solidario


Adiós al mono
Una historia de superación

"Desde que conocí a Cristo, murió el Mono, como todos me conocen. Yo me recuperé de las drogas, el juego y el alcohol. Ahora soy Nelson Molina", contó el panadero. El cambio radical en su vida llegó en 2009 y por iniciativa propia. "Me llevó Dios, y cuando me convertí, conocí a mi mujer y me casé", añadió. Luego vino la panadería y la idea de entregar pan solidario entre los que menos tienen.

Así se "cocina" el Pan Presente

El plan arrancó en agosto de 2013 y ya lleva más de 8 mil kilos de pan entregado. A Nelson lo ayuda su mujer, y en su momento también recibió el apoyo de su hijo y su nuera. "Es una panadería artesanal, un negocio familiar", aclaró sobre DM Delicias, la usina del pan solidario de la calle Falucho.

Nelson Molina indicó, además, que la ayuda que recibe de varios clientes es a disposición y voluntad de quien pone el dinero, de manera que algunos hacen sus donaciones desde el primer día y otros por algún tiempo. "Va fluctuando, igualmente nos pasa con la gente que recibe el pan, ya que van apareciendo otras necesidades", advirtió.

En su derrotero, distribuye el pan entre vecinos del paraje El 30, barrio Don Bosco, Anai Mapu, Puente 83 y otros. "Lo que vas a comprar, es lo que entregamos de forma solidaria. No hay diferencia, es la misma hallulla casera", aseveró Molina sobre el programa solidario Pan Presente con el que asiste a los más necesitados y se ayuda a los comedores comunitarios a cumplir con su labor.

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