Se disparó el precio de la carne y cayeron las ventas

Los carniceros cipoleños manifestaron su preocupación por el tema.

Los precios de la carne se fueron por las nubes en febrero, y entre los carniceros locales se acentuó la preocupación porque la demanda se vino abajo. Debido a una serie de factores, inflacionarios y estacionales, uno de los principales productos de la mesa de los argentinos cobró un impulso alcista que había sido más moderado el año pasado. En la actualidad, el kilo de lomo ya ronda los $500 y el de asado alcanza los $350. El bolsillo duele más que nunca a la hora de comerse un bife o un guiso con la sabrosa aguja que, lamentablemente, también dejó de estar barata: en algunos lugares ya se cobra a $250.

Según los operadores del rubro, el fenómeno se dio porque el rubro de la carne arrastraba una falta de actualización de precios desde 2018 y porque la demanda está superando a una oferta que tuvo y sigue teniendo complicaciones. Ecos de la sequía del período 2017-2018 y los efectos opuestos, pero igual de negativos, de las inundaciones de esta temporada complicaron y siguen complicando a la producción.

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Ayer, Natalia Chemor, dirigente de la Cámara de Industria y Comercio, dio cuenta de la inquietud que existe en las carnicerías, que la semana pasada tuvieron uno de los momentos más tristes de los últimos años. Las ventas se desplomaron de golpe y ahora se prenden velas para una paulatina mejora, cuando la realidad de los nuevos montos se haya asentado y se asista a una esperada recuperación de los ingresos en el país. Son tiempos de negociaciones paritarias, que algo dejarán.

En lo que va del año, se han conjugado varios factores para explicar la escalada de precios. Sin embargo, el bolsillo no da para más y sufren las carnicerías.

Los estudios del Indec muestran que en enero los cortes relevados tuvieron subas de entre el 6,5% y el 7,1% y todo apunta a que respecto de febrero, cuando se tengan los resultados, los guarismos serán parecidos o aún mayores.

Chemor recorrió días pasados algunas carnicerías y observó la desazón que cunde entre propietarios y empleados. Para ella fue la comprobación de lo que se veía venir. Hace un tiempo le habían advertido de la suba que estaba por llegar, agravada por las dificultades de la barrera sanitaria, la acotada producción provincial y la escasez de faenadoras y frigoríficos.

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