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Rosita, la perra que le cuida las espaldas a los policías y vecinos en las calles de Fernández Oro

Acompaña a los uniformados en las salidas callejeras y cuida “a cara de perro” a la comunidad. "Está feliz en la comisaría 26", cuentan. La historia de una mascota especial.

Una imagen por demás simpática regaló la mañana del viernes en Fernández Oro: la fiel perra Rosita acompañando a dos policías en la habitual recorrida callejera por el centro de la vecina ciudad.

Si bien la escena resultó tierna y novedosa para los que no frecuentan tanto esa localidad, los lugareños aseguran que es un clásico de cada día.

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“Anda para todos lados con la poli, una guardiana, ella también nos cuida de alguna manera”, contó agradecida y con una sonrisa Nelly, la histórica panadera de la otra cuadra.

Poco antes de las 10, ya andaba haciendo lo que más le gusta, callejear con los uniformados esta perrita que se ganó un espacio y se hizo querer en la comisaría 26 de Fernández Oro.

Rosita

Una mujer policía y un "compañero masculino", término que suelen usar en la jerga policial, se desplazaban por una zona muy transitada y ella parecía cuidarles las espaldas al caminar detrás atenta a cada movimiento y a todo lo que acontecía en la vía pública.

Eso sí, trataba de ir al mismo ritmo que los efectivos para no perderles pisada: si caminaban más rápido ella también aceleraba el paso, si se detenían, la negrita los imitaba. Siempre sin ponérseles a la par, sino manteniéndose atrás, como en señal de respeto a la autoridad.

La historia de Rosita

“Está con nosotros hace como un año en la comisaría”, explica la oficial, bien predispuesta, y la perrita la mira esperando otro mimo de esos que suele recibir, porque más allá de que deben mostrarse fuertes e implacables, los policías también son personas sensibles. "Buenos y malos hay en todos los trabajos y estos se juegan la vida, no sé porque prejuzgan", decía una vieja sabía.

“Llegó con una jefa que estaba en su momento, pero se re acostumbró con nosotros. Si la extrañaba a su dueña se la íbamos a llevar pero se re adaptó y está feliz en la comisaría, atenta a todo”, amplía la mujer policía mientras un nene que pasaba con su abuelita pide permiso para acariciar a la incondicional Rosita.

“Tenemos otro perro noble, se llama Manuel, pero ahora está medio enfermito por eso no vino acompañar y se quedó en la sede policial. Pero anda siempre vigilando con nosotros”, cuenta sobre la otra mascota del destacamento.

Rosita (1)

A la que no falta nunca, la define como “buena y tranquila” y aclara que en la comisaría 26, su dulce hogar, se encuentra en perfectas condiciones.

“Tiene su casita, comida, chalequito… A veces se lo saca pero en invierno se lo ponemos sí o sí. Es súper querible y con ella te sentís más custodiada”, finaliza. Como cantaba el inolvidable Sandro, ¡Rosa, rosa, tan maravillosa!

La Juana, leyenda de la comisaría cuarta de Cipolletti

Se apareció, de repente, una noche de 2019. Tenía mucho hambre y estaba súper flaca. Bastaron unas tiernas y compradoras miradas al oficial de turno para comenzar a ganarse un lugar en la Comisaría Cuarta. Nadie la reclamó y así nació su llamativa historia en la fuerza policial de la perrita más guardiana de todo Cipolletti.

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Los uniformados, chochos con ella por su carisma y picardía, debatieron sobre distintas opciones de nombre hasta bautizarla como “La Juana”, una de las mascotas más populares del centro de la ciudad.

Al igual que a la orense Rosita, se la suele ver caminando a la par de los policías que controlan las congestionadas calles, también sentada al lado de alguno de ellos en operativos de tránsito o en la puerta de los bancos esperando largas horas que algún efectivo culmine el trámite.

La Juana en Cipo

Estiman en esa sede policial que esta hermosa mestiza tiene unos 12 años y vino a ocupar el vacío que dejó la trágica muerte de Huma, una gatita que había quedado huérfana tras un allanamiento, fue adoptada por la Cuarta y perdió la vida en el techo del destacamento intentando dar caza a una hábil paloma.

Hay anécdotas famosas de sus travesuras. “Es algo bastante pintoresco en la Comisaría, la queremos mucho aunque a veces ‘se las manda’... Recuerdo que cuando se inauguró el césped de la cancha de Cipolletti, empezó a hacer pozos, no paraba de excavar y no quedó otra que llevarla de nuevo a la comisaría”, relató en su momento el comisario José González.

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