Río Negro marca mínimos históricos de nacimientos y acelera su envejecimiento
Con apenas 6.348 nacimientos en 2025, Río Negro confirma una tendencia sostenida a la baja y acelera su envejecimiento poblacional. Los datos oficiales y el análisis nacional.
La provincia de Río Negro atraviesa una transformación silenciosa pero profunda: cada año nacen menos bebés y la tendencia, lejos de revertirse, se consolida. Los datos oficiales del Registro Civil provincial al que accedió LM Cipolletti, muestran un descenso sostenido desde 2015 hasta la actualidad, en sintonía con un fenómeno nacional que ya es considerado uno de los más bruscos de América Latina.
Según la serie estadística, en 2015 se registraron 12.274 nacimientos en territorio rionegrino. A partir de allí comenzó una caída casi ininterrumpida: 11.756 en 2016, 11.213 en 2017, 10.502 en 2018 y 9.599 en 2019. El impacto de la pandemia profundizó la curva descendente: en 2020 hubo 8.406 nacimientos y en 2021 apenas 8.289.
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La baja continuó en los años siguientes: 8.095 en 2022, 7.205 en 2023, 6.560 en 2024 y 6.348 en 2025. En términos porcentuales, entre 2016 y 2025 la caída acumulada alcanza el 48,28%, mientras que si se toma el período 2021–2025, el descenso es del 23,42%.
Un fenómeno que se replica en todo el país
El escenario provincial forma parte de un proceso más amplio. De acuerdo con un estudio del Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad de la Universidad Austral, la tasa de natalidad en Argentina cayó un 40% desde 2014, configurando una de las reducciones más aceleradas de la región.
El informe advierte que el país está atravesando un cambio estructural en su composición demográfica, marcado por el crecimiento de la población adulta mayor y el aumento de mujeres al frente del hogar. El análisis, basado en datos del INDEC, también revela que los hogares sin niños crecieron de manera sostenida y representaron el 57% del total en el censo 2022, frente al 44% registrado en 1991.
Hace poco más de tres décadas, el panorama era prácticamente inverso: en 1991, el 56% de las viviendas tenía menores de 18 años. Hoy, solo el 44% conserva esa característica. La inversión de estos porcentajes refleja con claridad cómo cambió la estructura familiar, producto tanto de la caída de nacimientos como del envejecimiento poblacional.
La natalidad, en mínimos históricos
El centro de investigación Fundar aportó otra dimensión al análisis: en los últimos diez años se aceleró de forma marcada el descenso de la fecundidad. La Tasa Global de Fecundidad (TGF), que estima cuántos hijos tendría una mujer a lo largo de su vida, necesita ubicarse cerca de 2,1 para que una población mantenga su tamaño de generación en generación. Argentina está hoy muy lejos de ese umbral.
Históricamente, el país tuvo una trayectoria particular. En la segunda mitad del siglo XIX, la TGF rondaba los siete hijos por mujer. Durante la primera mitad del siglo XX comenzó un descenso rápido, que luego se ralentizó a partir de 1950, incluso con un leve repunte en los años ´70. Como resultado, hacia 1990 la tasa apenas era un 4% menor que en 1950, lo que derivó en un envejecimiento más lento que en otros países.
Ese patrón cambió de manera abrupta desde 2014. En menos de una década, la TGF cayó más del 40% y en 2023 alcanzó su mínimo histórico: 1,36 hijos por mujer, un valor cercano al de naciones más desarrolladas.
Las causas son múltiples y complejas. Los especialistas señalan la influencia combinada de cambios culturales, nuevas preferencias de las generaciones jóvenes, mayor cobertura educativa, más acceso a información sobre derechos sexuales y reproductivos y la expansión de métodos anticonceptivos de larga duración, como los implantes subdérmicos.
Un dato relevante es que el descenso ya superaba el 34% en 2020, lo que indica que ni la pandemia de COVID-19 (cuyo impacto se reflejó desde 2021), ni la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo a fines de ese año explican por sí solas el fenómeno.
Impacto a futuro
En Río Negro, la caída sostenida de nacimientos anticipa desafíos de largo plazo: menos matrícula escolar, cambios en la demanda de servicios de salud y una presión creciente sobre los sistemas previsionales. Al mismo tiempo, se consolida un nuevo mapa social, con más hogares sin hijos y una población que envejece a mayor velocidad.
Lejos de ser una estadística aislada, los números marcan el pulso de una transformación profunda que ya se siente en la provincia y que obliga a repensar políticas públicas, planificación urbana y estrategias de desarrollo. La tendencia a la baja llegó para quedarse y redefine, año tras año, el perfil demográfico rionegrino.
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