No aportaba la cuota alimentaria, pero sí cobraba beneficios por su hija
Un hombre dejó a su pareja y a su beba de apenas días de vida asegurando que no quería ser padre. Se quedaba con la asignación universal por hijo.
Un hombre decidió dejar a su pareja y a su beba porque no quería ser padre, pero no solo eludió la crianza, sino también la responsabilidad de aportar la cuota alimentaria y tuvieron que denunciarlo. Todo comenzó cuando la beba tenía 22 días de vida. En ese momento, su padre decidió terminar la convivencia con su pareja y se marchó del hogar.
La justificación ante la madre fue que la bebé "lloraba mucho" y que, en esa etapa de su vida, no deseaba ejercer la paternidad. Literalmente, se borró. Se fue del hogar, pero tampoco aportó económicamente para cubrir las necesidades de su hija biológica.
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La madre, quien cursaba el último año de su carrera universitaria, asumió la crianza en soledad. Para sostener a su hija, trabajó en doble turno como maestra de apoyo y afrontó todos los gastos. Aunque intentó integrar al hombre en los controles pediátricos y en los paseos recreativos, él no mostró interés en la crianza.
Ante la falta de compromiso, la mujer recurrió al Poder Judicial para iniciar una demanda por alimentos. El fuero de Familia de Roca hizo lugar a la presentación y ahora el hombre deberá pagar el 25 por ciento de su salario en concepto de cuota alimentaria.
Además, se estableció que el monto mensual no podrá ser inferior al valor de un salario mínimo, vital y móvil, que se actualiza periódicamente y actualmente equivale a 346 mil pesos. Para asegurar que la niña reciba el dinero de manera regular, se ordenó que el descuento se realice directamente sobre sus haberes.
La mujer también argumentó que el padre ausente percibe la Asignación Universal por Hijo. Sobre este beneficio, afirmó que el hombre se negó a renunciar para que ella comenzara a cobrarlo.
La sentencia por la cuota alimentaria
La jueza consideró que la mujer asumió el cuidado personal de la niña y señaló que el Código Civil y Comercial reconoce de forma expresa el valor económico de las tareas de cuidado. En este sentido, citó jurisprudencia que respalda la valoración monetaria de dichas tareas.
El fallo pone en valor el sostén cotidiano, las tareas domésticas, el apoyo escolar, el traslado de los niños al colegio, la preparación de los alimentos y la atención durante la enfermedad. “Es válido considerar que estas labores constituyen un aporte a la manutención de los hijos al momento de fijar los alimentos”, dice la sentencia.
Durante el proceso se notificó al hombre, pero decidió no contestar. Tampoco se presentó a la audiencia para intentar un acuerdo. Para la jueza, este silencio y la falta de participación demostraron desinterés por el bienestar de su hija.
La sentencia calificó la actitud del hombre como una forma de maltrato infantil y de violencia económica contra la madre.
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