Niños, golondrinas y recicladores se reparten la basura

El vertedero municipal siente el impacto de la pobreza y las necesidades de lo más básico.

El basural municipal se está convirtiendo en un espacio cada vez más frecuentado por niños y niñas de corta edad que acompañan a sus padres en busca de prendas de vestir, zapatillas y juguetes, entre otros elementos. Los adultos que participan de estas excursiones al vertedero las llaman “ir de shopping”, por la abundancia de cosas dispares a conseguir. Para los chicos, es toda una aventura, lamentablemente cargada de riesgo por la contaminación, los riesgos de herida y el peligro que el fuego constante de los residuos en combustión provoca.

En esta época, además, son muchos los trabajadores golondrina provenientes del norte del país que también, urgidos por la necesidad, se concentran en el vertedero a la espera de los camiones que descargarán nuevos desdeños. Entonces, se apiñan alborotados alrededor del “tesoro”, del que podrán sacar materiales para la reventa y ganarse unos pesos y, sobre todo, alguna ropa para vestir y restos de comida a los que hincarle el diente.

El panorama dantesco que suele verse se completa con las cuadrillas de recicladores provenientes de otras ciudades, que vienen hace ya un tiempo al basural cipoleño para buscar su sustento. Su presencia genera algún resquemor entre los locales, que ven cómo la competencia por los productos recuperables se vuelve más intensa.

Vecinos consultados manifestaron que en la actualidad “lo más doloroso y angustiante” es observar a los niños buscando juguetes y lo que puedan entre los desperdicios. Sus familias pertenecen a las tomas y barrios de la periferia, donde la pobreza ha calado hondo. Los pibes pueden quedar expuestos al fuego que emana de las acumulaciones de materia orgánica en descomposición y también al humo, que según el tipo de material de que se trate puede resultar muy tóxico y dañino para la salud.

Se afirma que en el sector prácticamente no hay presencia activa del Municipio y hasta los cuidadores se verían sobrepasados, porque nadie se atreve a interponerse en el camino de mujeres cabeza de familia que con su prole concurren al vertedero urgidas por las necesidades más imperiosas.

También resulta un triste espectáculo cuando se agrupan varios golondrinas para abordar los desechos que arrojan los camiones recolectores. Desesperados, exultantes, ansiosos, se lanzan gritando de alegría para intentar conseguir el despojo, el fragmento, el resto que les pueda servir.

Con asombro, bronca, tristeza, los miran los recicladores de siempre, ya curtidos en el duro trabajo que les tocó y que saben bien de penurias, carencias y del mucho frío o el mucho calor. Pero siempre puede haber alguien mucho peor, siempre todo puede ser tan doloroso como ver niños entre el fuego y la basura.

Salud en riesgo

Fuego y humo, maldición eterna

El fuego y el humo no se van nunca del basural. La combustión nunca para. Un aguacero puede contener el incendio, pero nunca se apaga. Está soterrado, metido en las entrañas del infierno que son las acumulaciones de basura. De vez en cuando aparecen los bomberos, pero sus incursiones no alcanzan para detener al monstruo. Las llamas y las humaredas siempre seguirán ahí.

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